Agosto mes de la Solidaridad

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viernes, 1 de abril de 2011

COMUNION


La fracción del pan
83. El sacerdote parte el pan eucarístico con ayuda, si es necesario, del diácono o del concelebrante.
El gesto de la fracción realizado por Cristo en la última Cena, que en los tiempos apostólicos dio el nombre a toda la acción eucarística, significa que los fieles siendo muchos, por la Comunión de un solo pan de vida, que es Cristo muerto y resucitado por la salvación del mundo, forman un solo cuerpo (1Co 10,17). La fracción comienza después del rito de la paz, y debe ser cumplida con la debida reverencia; sin embargo no se ha de prolongar innecesariamente ni se le dará una importancia exagerada. Este rito está reservado al sacerdote y al diácono.
El sacerdote parte el pan y deja caer una parte de la hostia en el cáliz, para significar la unidad del Cuerpo y la Sangre del Señor en la obra de la redención, esto es del Cuerpo de Cristo Jesús viviente y glorioso. El coro o el cantor cantan la súplica Cordero de Dios, como de costumbre, con la respuesta del pueblo, o al menos lo dicen en voz alta. La invocación acompaña la fracción del pan, por lo cual puede repetirse cuantas veces sea necesario hasta que haya terminado el rito. La última vez se concluye con las palabras danos la paz.

Comunión
84. El sacerdote se prepara con una oración en secreto para recibir fructuosamente el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Los fieles hacen lo mismo orando en silencio.
Luego el sacerdote muestra a los fieles el pan eucarístico sobre la patena o sobre el cáliz, y los invita al banquete de Cristo; y,  juntamente con los fieles, pronuncia el acto de humildad, usando las palabras evangélicas indicadas.

85. Es muy de desear que los fieles, tal como el mismo sacerdote está obligado a hacer, participen del Cuerpo del Señor con hostias consagradas en esa misma Misa, y en los casos previstos, participen del cáliz (cf. n. 283) de manera que, incluso por los signos, aparezca mejor que la Comunión es participación en el Sacrificio que se está celebrando.73
86. Mientras el sacerdote toma el Sacramento comienza el canto de Comunión, el cual debe expresar, por la unión de las voces, la unión espiritual de quienes comulgan, manifestar el gozo del
corazón y hacer más evidente el carácter “comunitario” de la procesión para recibir la Eucaristía. El canto se prolonga mientras se distribuye el Sacramento a los fieles. 74 Sin embargo, si se va a cantar un himno después de la Comunión, conclúyase oportunamente el canto de Comunión.
Procúrese que también los cantores puedan comulgar convenientemente.

155. Luego el sacerdote toma la hostia, la parte sobre la patena, y deja caer una partícula en el cáliz, diciendo en secreto: El Cuerpo y la Sangre. Mientras tanto el coro y el pueblo cantan o recitan el
Cordero de Dios (cf. n. 83).

156. Entonces el sacerdote dice en secreto y con las manos juntas la oración para la Comunión Señor Jesucristo, Hijo del Dios vivo, o Señor Jesucristo, que la comunión de tu Cuerpo y Sangre.

157. Concluida la oración, el sacerdote hace genuflexión, toma la hostia consagrada en la misma Misa y, teniéndola un poco elevada sobre la patena o sobre el cáliz, vuelto hacia el pueblo, dice: Este es el Cordero de Dios, y junto con el pueblo añade: Señor, no soy digno.

158. A continuación, vuelto hacia el altar, el sacerdote dice en secreto: El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna, y consume con reverencia el Cuerpo de Cristo. Luego toma el cáliz y dice:
La Sangre de Cristo me guarde para la vida eterna, y sume con reverencia la Sangre de Cristo.

159. Mientras el sacerdote sume el Sacramento, se inicia el canto de Comunión (cf. n. 86).

160. Después el sacerdote toma la patena o el copón, y se aproxima a los que van a comulgar, quienes de ordinario se acercan procesionalmente.
No está permitido a los fieles tomar por sí mismos el pan  consagrado ni el cáliz sagrado ni mucho menos que se lo pasen entre sí de mano en mano. Los fieles comulgan de rodillas o de pie, según lo establezca la Conferencia Episcopal. Cuando comulgan de pie, se recomienda hacer, antes de recibir el Sacramento, la debida reverencia, establecida por las mismas normas.
 161. Cuando la Comunión es bajo la sola especie de pan, el sacerdote muestra a cada uno la hostia un poco elevada diciendo: El Cuerpo de Cristo. El que comulga responde: Amén, y recibe el Sacramento en la boca o, donde está permitido, en la mano, según su deseo. El comulgante en cuanto recibe la sagrada hostia, la consume íntegramente.
Para la comunión bajo las dos especies obsérvese el rito descrito en su lugar (cf. nn. 284-287).

 162. Para distribuir la Comunión pueden ayudar al sacerdote otros presbíteros que pudieran estar presentes. Si no los hay y los comulgantes fueran muy numerosos, el sacerdote puede llamar en su ayuda a ministros extraordinarios, es decir a un acólito debidamente instituido o también a otros fieles que hayan sido debidamente delegados para esto97. En caso de necesidad, el sacerdote puede delegar a fieles idóneos, ad actum.98
Estos ministros no se han de acercar al altar antes de que el sacerdote haya comulgado, y siempre recibirán de mano del sacerdote los vasos que contienen las especies eucarísticas que se van a distribuir a los fieles.

163. Terminada la distribución de la Comunión, el sacerdote de inmediato consume íntegramente en el altar el vino consagrado que quizá hubiera quedado; las hostias consagradas que sobraron, o las consume en el altar o las lleva al lugar destinado para la reserva de la Eucaristía.
El Sacerdote, vuelto al altar, recoge las partículas, si las hay; luego, en  en la credencia, purifica la patena o el copón sobre el cáliz; después purifica el cáliz diciendo en secreto: Haz, Señor,
que recibamos, y seca el cáliz con el purificador. Si los vasos son purificados en el altar, un ministro los lleva a la credencia. Sin embargo, se permite dejar los vasos, sobre todo si son muchos, en el altar o en la credencia sobre el corporal, debidamente cubiertos, y purificarlos en seguida después de la Misa, una vez despedido el pueblo.
FUENTE: INSTRUCCION MISAL ROMANO




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