Agosto mes de la Solidaridad

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jueves, 5 de abril de 2012

Misa Crismal jueves 05 de abril 2012







Bendición de los Santos Óleos y Renovación de las Promesas Sacerdotales: La Misa Crismal es aquella que celebra el obispo reunido con todo su Presbiterio. Esta celebración es una manifestación de la plenitud sacerdotal del Obispo y de la unión de todos sus sacerdotes con él. El signo de esta unión se expresa con la renovación que cada sacerdote hace de las promesas sacerdotales emitidas el día de su Ordenación.
- En esta Santa Misa, el Obispo, además, consagra el Santo Crisma, y bendice el óleo de los catecúmenos y de los enfermos.
- El Santo Crisma es el aceite usado en la liturgia de tres sacramentos: el Bautismo, la Confirmación así como la Ordenación Sacerdotal y Episcopal. La palabra “crisma”, de origen griego, quiere expresar que este aceite se usa para ungir, es decir, consagrar.
* En el Bautismo, el cristiano recibe su primera unción, por la que es consagrado a Dios a semejanza de Cristo, el verdadero ungido de Dios.
* Por la Confirmación, el fiel cristiano recibe su segunda unción. Por esta Unción, Cristo otorga los dones del Espíritu Santo, y el confirmado renueva su adhesión a la fe cristiana, su vínculo con la Iglesia y su compromiso de difundir y defender la fe.


JUEVES SANTO
1. Por una antigua tradición, hoy no se permite celebrar la Misa sin pueblo.
Misa crismal

2. El obispo debe ser considerado como el gran sacerdote de su grey, de quien deriva y depende, en cierto sentido, la vida cristiana de los fieles.
La Misa crismal que él concelebra con los presbíteros de las diversas zonas de la diócesis, y dentro de la cual consagra el santo crisma y bendice los otros
aceites, debe ser considerada como una de las principales expresiones en las que se pone de manifiesto la plenitud del sacerdocio del obispo y la
estrecha unidad de todos los presbíteros con él. Con el santo crisma consagrado por el obispo, son ungidos los nuevos bautizados y son signados los que son confirmados. Con el óleo de los catecúmenos se prepara
y dispone a éstos para el bautismo. Finalmente, con el óleo de los enfermos, los cristianos son aliviados en su enfermedad.

3. La liturgia cristiana ha hecho suyo el uso del Antiguo Testamento, según el cual los reyes, sacerdotes y profetas eran ungidos con el aceite de la
consagración, pues ellos prefiguraban a Cristo, cuyo nombre significa precisamente "Ungido del Señor". De manera semejante el santo crisma significa que, por el bautismo, los cristianos fueron injertados en el
misterio pascual de Cristo, han muerto, han sido sepultados y resucitados con él; hechos partícipes de su sacerdocio profético y real. El crisma es también
un signo de la unción espiritual del Espíritu Santo que les es dado a los cristianos en la confirmación.
El óleo de los catecúmenos prolonga el efecto de los exorcismos ya que fortalece a los bautizados para que puedan renunciar al demonio y al pecado, antes de acercarse a la fuente de la Vida para renacer en ella.
El óleo de los enfermos cuyo uso atestigua el apóstol Santiago (cfr. Sant. 5,14), sirve de remedio para las enfermedades del cuerpo y del alma y permite a los
enfermos soportar con fortaleza, combatir sus males y alcanzar el perdón de sus pecados.

4. La materia apta de estos sacramentos es el aceite de oliva o, de acuerdo con las circunstancias, cualquier otro aceite vegetal. El crisma se confecciona con aceite y perfumes (como extracto de lavanda, por ejemplo), o sustancias aromáticas.

5. La preparación del crisma se puede hacer privadamente antes de ser consagrado, o bien puede hacerla el obispo durante la celebración litúrgica.

6. La bendición del óleo de los enfermos, del óleo de los catecúmenos y la consagración del crisma las realiza el obispo en este día, según la costumbre, en la Misa propia que ha de celebrarse por la mañana.
Pero si este día el clero y el pueblo no pueden reunirse fácilmente con el obispo, dicha bendición puede anticiparse a un día cercano a la Pascua,
utilizando siempre la Misa propia.

7. Esta Misa que el obispo concelebra con su presbiterio, debe ser expresión de la comunión que existe entre los presbíteros y su obispo. Es conveniente, por tanto, que todos los presbíteros, en cuanto sea posible, participen de ella y reciban la comunión bajo las dos especies. Para significar la unidad del presbiterio diocesano, procúrese que los presbíteros que concelebran con su obispo sean de las diversas zonas de la diócesis. En la homilía, el obispo exhortará a sus presbíteros a mantenerse fieles en su ministerio y los invitará a renovar públicamente sus promesas sacerdotales.

8. Según la costumbre tradicional de la liturgia latina, la bendición del óleo de los enfermos se hace antes de finalizar la Plegaria eucarística; la bendición del óleo de los catecúmenos y la consagración del crisma, después de la comunión. Con todo, por razones pastorales, es lícito realizar todo el rito de estas bendiciones después de la Liturgia de la Palabra, observando el orden que se describe más adelante.

9. La preparación del obispo, de los concelebrantes y de los otros ministros, su entrada en el templo y todo lo que hacen desde el comienzo de la Misa hasta el
final de la Liturgia de la Palabra, se realiza como en las Misas concelebradas. Los diáconos que toman parte en la bendición de los óleos, se dirigen al altar
delante de los presbíteros concelebrantes.

10. En esta Misa no se dice Credo.

11. La oración de los fieles que tiene formulario propio, está unida a la renovación de las promesas sacerdotales.

12. Después de la renovación de las promesas sacerdotales, los diáconos y ministros designados para llevar los óleos o, en ausencia de ellos, algunos
presbíteros y ministros, junto con los fieles señalados para llevar el pan, el vino y el agua, se dirigen ordenadamente a la sacristía o al lugar donde
se encuentran preparados los aceites y los dones.
Desde allí regresarán al altar en procesión de la siguiente manera: en primer lugar el ministro que lleva el recipiente con las esencias aromáticas o el
perfume, si es que el mismo obispo preparará el crisma; después, otro ministro con el óleo de los catecúmenos, si es que se debe bendecir, seguido por
ministro que lleva el recipiente del óleo de los enfermos. El aceite para el crisma es llevado en último lugar por un diácono o por un presbítero.
Detrás de ellos se dirigen al altar los otros ministros que llevan el pan, el vino y el agua para la Eucaristía.

13. Quienes comulgan en esta Misa pueden volver a comulgar en la Misa vespertina de la Cena del Señor.

14. Para la bendición de los óleos, además de lo que es necesario para la Misa, debe prepararse:
- Las vasijas o ánforas de los óleos;
- Aromas para hacer el crisma, si es que el obispo
quiere hacer la mezcla dentro de la acción litúrgica;
- Pan, vino y agua para la Misa, que son llevados
procesionalmente junto con lo óleos antes de la
preparación de los dones;
- En el presbiterio, una mesa para colocar las vasijas
de los óleos, dispuestas de tal manera que el pueblo
pueda ver y participar bien en toda la acción
litúrgica;
- La sede para el obispo, si la bendición se hace ante
el altar.

Ritos iniciales  y Liturgia de la Palabra


15. Antífona de entrada
Jesucristo hizo de nosotros un reino sacerdotal para Dios, su Padre. ¡A Él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Amén. (Ap. 1,6)

Iesus Christus fecit nos regnum et sacerdótesDeo et Patri suo: ipsi glória et impérium in sæcula sæculórum. Amen.



Se canta o se dice el Gloria.
16. Oración colecta
Dios y Padre nuestro, al ungir con el Espíritu Santo a tu Hijo único,  lo hiciste Señor y Mesías: concede bondadosamente a quienes participamos de su misma consagración, ser ante el mundo testigos de su obra redentora.
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos.

Deus, qui Unigénitum Fílium tuum unxísti Spíritu Sancto Christúmque Dóminum constituísti, concéde propítius, ut, eiúsdem consecratiónis partícipes effécti, testes Redemptiónis inveniámur in mundo. Per Dóminum.

17. Después de la proclamación del Evangelio, el obispo pronuncia la homilía inspirándose en los textos de la Liturgia de la Palabra. También puede exhortar a sus presbíteros a que conserven la fidelidad a su ministerio e invitarlos a que renueven públicamente sus promesas sacerdotales.








Renovación de las promesas sacerdotales
18. Acabada la homilía, el obispo dialoga con los presbíteros con estas palabras u otras semejantes:
Obispo:
Queridos hijos: la santa Iglesia conmemora ( hoy ) la primera Eucaristía,
en la cual Cristo, nuestro Señor, comunicó su sacerdocio a los apóstoles y a nosotros.
¿Quieren renovar, ante su Obispo y el santo Pueblo de Dios, las promesas sacerdotales que un día formularon?
Los presbíteros, conjuntamente, responden a la vez:
Sí, quiero.
Obispo:
¿Quieren unirse y conformarse más estrechamente al Señor Jesús,
renunciando a ustedes mismos y cumpliendo los sagrados deberes que,
movidos por el amor de Cristo, para servicio de su Iglesia,
asumieron el día de su ordenación sacerdotal?
Presbíteros:
Sí, quiero.
Obispo:
¿Quieren ser fieles administradores de los misterios
de Dios en la celebración eucarística y en las demás acciones litúrgicas, y cumplir fielmente el sagrado deber de enseñar, imitando a Cristo, Cabeza y Pastor, movidos, no por la codicia de los bienes terrenos, sino sólo por el amor a las almas?
Presbíteros:
Sí, quiero.
Seguidamente, dirigiéndose al pueblo, el Obispo
prosigue:
Y ustedes, amadísimos hijos, oren por sus presbíteros,
que el Señor derrame abundantemente sobre ellos sus
dones de manera que, siendo fieles ministros de Cristo, Sumo
Sacerdote, los conduzcan hasta él que es la fuente de la
salvación.
Pueblo:
Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos.
Obispo:
Oren también por mí, para que sea fiel a la misión apostólica, que sin merecerlo me fue encomendada, y pueda reflejar entre ustedes una imagen más viva y perfecta de Cristo sacerdote, buen Pastor, Maestro y Servidor de todos.
Pueblo:
Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos.
Obispo:
El Señor nos proteja con su amor y nos conduzca a todos, pastores y ovejas, a la vida eterna.
Todos:
Amén.
Otro formulario para la renovación de las promesas sacerdotales
El Obispo se dirige a su presbiterio:
Queridos hijos: en este día recordamos a Cristo en el momento de comunicar su sacerdocio a los Apóstoles y por ellos a todos nosotros.
¿Quieren renovar ante su Obispo y el santo Pueblo de Dios,
las promesas que un día ustedes mismos formularon?
Presbíteros:
Sí, quiero
Obispo:
Cristo nos llama a permanecer en él y ser así signos de la fidelidad de Dios para con su pueblo.
¿Están dispuestos a ser ejemplo de fidelidad a las exigencias que brotan de nuestro ser de consagrados?
Presbíteros:
Estoy dispuesto.
Obispo:
¿Quieren irradiar la paternidad de Dios, especialmente en el ministerio profético, iluminando toda situación con la Palabra del Evangelio
tal como la guarda la Iglesia?
Presbíteros:
Quiero.
Obispo:
¿Están dispuestos a celebrar los Misterios que nos dan nueva vida
para que el Espíritu Santo obre a través de ellos la santificación de los hermanos y todos podamos glorificar al Padre?
Presbíteros:
Estoy dispuesto.
Obispo:
¿Quieren esforzarse en vivir identificados con Cristo, buen Pastor, renunciando a ustedes mismos hasta dar la vida por sus fieles?
Presbíteros:
Quiero.
Obispo:
¿Quieren cumplir fielmente su ministerio al servicio de la unidad, identificándose plenamente con el corazón de Jesús y solidarizándose con las necesidades profundas de los hombres?
Presbíteros:
Quiero.
El obispo se dirige al pueblo:
Me dirijo a ustedes, queridos hijos:
Oren por sus presbíteros que se entregan generosamente al Señor,
para que los dones del Espíritu se derramen abundantemente sobre ellos
y, siendo fieles, puedan conducir a todos hasta el mismo Cristo
que es la fuente de la salvación.
Pueblo:
Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos.
Obispo:
Oren también por mí, para que sea fiel a la misión apostólica, que sin merecerlo me fue encomendada, y para que pueda reflejar entre ustedes
una imagen más viva y perfecta de Cristo Sacerdote, Buen Pastor y Servidor de todos.
Pueblo:
Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos.
Obispo:
El Señor nos proteja con su amor, y nos conduzca a todos, pastores y ovejas,
a la Vida eterna.
Todos:
Amén.

19. No se dice Credo.
Procesión de las ofrendas
20. Mientras se llevan procesionalmente los óleos y las ofrendas (cfr. n.17) el coro canta el himno "O Redemptor" u otro canto apropiado.



O REDÉMPTOR
O Redémptor, sume carmen
temet concinéntium.
Arbor feta alma luce
hoc sacrándum próotulit,
fert hoc prona praesens turba
Salvatóri saéculi.
Consecráre tu dignáre,
Rex perénnis patriae,
hoc olívum sígnum vivum
iura contra daémonum.
Ut novétur sexus omnis
unctione chrísmatis;
ut sanétur sauciáta
dignitatis glória.
Lota mente sacro fonte
aufugántur crímina,
uncta fronte sacrosáncta
influunt charísmata.
Corde natus ex Paréntis,
alvum implens Vírginis,
praesta lucem, claude mortem
chrísmatis consórtibus.
Sit haec dies festa nobis
saeculórum saéculis,
sit sacráta digna laude
nc senéscat témpore.

21. Cuando la procesión llega al altar o a la sede, el obispo recibe los dones. El diácono que lleva el recipiente con el óleo para el santo crisma, se lo presenta al obispo diciendo en voz alta: "Óleo para el santo crisma"; el obispo lo recibe y entrega a uno de los diáconos que lo asisten, el cual coloca el recipiente sobre la mesa preparada especialmente. Lo mismo hacen los que llevan los recipientes con el óleo de los enfermos y el óleo de los catecúmenos. El
primero dice: "Óleo de los enfermos", y el segundo "Óleo de los  catecúmenos". El obispo recibe ambos recipientes y los ministros los colocan sobre la mesa.

22. Luego continúa la Misa de acuerdo con el rito de la concelebración hasta el final de la Plegaria eucarística, a no ser que todo el rito de la bendición
se realice inmediatamente. En este caso se procede según lo descrito en el n.36, p.

23. Oración sobre las ofrendas
Te pedimos, Padre del cielo, que la fuerza de este sacrificio nos purifique de toda vejez espiritual, renueve nuestras vidas, y nos alcance la salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Huius sacrifícii poténtia, Dómine, quæsumus, et vetustátem nostram cleménter abstérgat, et novitátem nobis áugeat et salútem. Per Christum.
 
24. Prefacio
EL SACERDOCIO DE CRISTO Y EL MINISTERIO DE LOS
SACERDOTES
V. El Señor esté con ustedes
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
Realmente es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
glorificarte siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Tú constituiste a tu único Hijo
Pontífice de la Alianza nueva y eterna
por la unción del Espíritu Santo,
y determinaste, en tu designio salvífico,
que su único sacerdocio se perpetuara en la Iglesia.
Él no sólo enriquece con el sacerdocio real
al pueblo de los bautizados,
sino también, con amor fraterno, elige a algunos hombres para hacerlos participar de su sacerdocio ministerial
mediante la imposición de las manos.
Ellos renuevan en nombre de Cristo
el sacrificio de la redención humana,
preparan a tus hijos el banquete pascual,
guían en la caridad a tu pueblo santo,
lo alimentan con tu palabra y lo fortalecen con tus
sacramentos.
Tus sacerdotes, al entregar su vida por ti, Padre,
y por la salvación de los hermanos,
deben esforzarse por reproducir en sí la imagen de
Cristo
y dar testimonio de fidelidad y de amor.
Por eso, con los ángeles y los santos
cantamos sin cesar, el himno de tu alabanza:
Santo, Santo, Santo...
Bendición del óleo de los enfermos

25. Antes que el obispo diga: "Por quien siempre creas
estos bienes" en la Plegaria eucarística I, o antes de
la doxología "Por Cristo, con él y en él", en las
Plegarias II o III, el que llevó el recipiente con el
óleo para los enfermos, se acerca con él al altar y lo
sostiene delante del obispo, mientras éste bendice el
óleo, diciendo esta oración:
Dios y Padre de todo consuelo,
que, por medio de tu Hijo,
quisiste remediar los males
de quienes estaban enfermos, escucha con bondad 
la oración que brota de la fe;
Envía desde el cielo
tu Espíritu Santo Paráclito
sobre este aceite.
Tú que has hecho que él
fuera producido por los vegetales
para que restaurara los cuerpos,
enriquece con tu bendición X este óleo,
para que cuantos sean ungidos con él
sientan en su cuerpo y en su alma
tu divina protección,
y así se vean liberados de la aflicción
y de todas las enfermedades y sufrimientos.
Señor, que este aceite
sea santificado en beneficio nuestro
por medio de tu bendición
en el nombre de tu Hijo Jesucristo.
( Que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén )
La conclusión "que vive y reina..." señalada entre
paréntesis, se dice solamente cuando la bendición se
realiza fuera de la Plegaria eucarística.
Acabada la bendición, la vasija del óleo de los
enfermos se lleva de nuevo a su lugar, y la Misa
prosigue hasta después de la comunión.

26. Antífona de comunión
Cantaré eternamente el amor del Señor, proclamaré tu
fidelidad por todas las generaciones. (Sal. 88,2)

27. Oración después de la comunión
Concédenos, Dios todopoderoso, que quienes hemos sido alimentados con tus
sacramentos, podamos irradiar en el mundo el amor de Cristo.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Súpplices te rogámus, omnípotens Deus, ut, quos tuis réficis sacraméntis, Christi bonus odor éffici mereántur. Qui vivit et regnat in sæcula sæculórum.
 
Bendición del óleo de los catecúmenos
28. Terminada la oración después de la comunión, los ministros colocan los recipientes con los óleos que deben bendecirse sobre una mesa que se ha dispuesto oportunamente en medio del presbiterio. El obispo, teniendo a ambos lados suyos a los concelebrantes que forman un semicírculo, y a los otros ministros detrás de él, procede a la bendición del óleo de los
catecúmenos y a la consagración del crisma.

29. Estando todo dispuesto, el obispo, de pie y de cara al pueblo, con las manos extendidas, dice la siguiente oración:

Señor, tú eres la fuerza y el refugio de tu pueblo, y has hecho del aceite un signo de tu poder; bendice X este aceite y concede fortaleza a los catecúmenos que serán ungidos con él; que al recibir la sabiduría y la gracia divina comprendan plenamente el Evangelio de Jesucristo y se esfuercen en el cumplimiento de sus deberes cristianos,de manera que merezcan ser tus hijos adoptivos y se alegren de haber renacido y vivir en tu Iglesia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Deus, plebis tuæ virus et præsidium, qui signum roboris in olei creatura posuisti, hoc oleum benedicere + digneris; et catechumenis, qui eo linientur, concede fortitudinem, ut divinam sapientiam et virtutem accipientes Evangelium Christi tui altius intellegant, magno animo labores vitæ christianæ aggrediantur, et, digni adoptionis filiorum effecit, se in Ecclesia tua rinasci et vivere lætentur. Per Christum Dominum nostrum. [R/.Amen]

Consagración del crisma
30. Luego, el obispo echa el perfume en el aceite y prepara el crisma en silencio, a no ser que ya lo haya hecho con anterioridad.

31. Una vez hecho esto, invita a orar, diciendo con las manos juntas:
Queridos hermanos:
Pidamos a Dios Padre todopoderoso que bendiga y santifique este aceite perfumado para que quienes sean ungidos exteriormente con él,
lo sean también en su interior y sean dignos de la redención divina.

32. Entonces el obispo, según las circunstancias, sopla sobre la boca de la vasija del crisma, y con las manos extendidas dice una de las siguientes oraciones de consagración:
1 Señor Dios, autor de todo crecimiento y de todo progreso
espiritual; recibe con bondad este homenaje que, gozosamente, por mi voz, te tributa la Iglesia. 
Al crear la tierra estableciste que produjera árboles frutales e hiciste nacer entre ellos el olivo que nos brinda su generoso aceite con el que hemos preparado este santo crisma.
Ya en tiempos antiguos, David, previendo con espíritu profético los sacramentos que tu amor instituiría en favor de los hombres, nos invitaba a ungir nuestros rostros con óleo en señal de alegría.
También, cuando en los días del diluvio las aguas purificaron el pecado de la tierra, una paloma, signo de la gracia futura, anunció con un ramo de olivo
la restauración de la paz entre los hombres.
Y en los últimos tiempos, el símbolo de la unción alcanzó su plenitud:
después que el agua bautismal lava los pecados, el óleo santo consagra nuestros cuerpos y da paz y alegría a nuestros rostros.
Además, Señor, tú ordenaste a Moisés, tu servidor, que después de purificar con agua a su hermano Aarón, lo consagrase sacerdote con la unción de este aceite.
Pero su mayor grandeza fue alcanzada cuando tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, después de ser bautizado por Juan en el Jordán, recibió el Espíritu Santo en forma de paloma y se oyó tu voz declarando que él era tu Hijo, el
Amado, en quien tenías puesta tu predilección.
De esa manera corroboraste lo vaticinado por el profeta David
que ya hablaba de Cristo cuando proclamó "El Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de alegría más que todos los hombres".

Todos los concelebrantes, en silencio, extienden la mano derecha hacia el crisma, y la mantienen así hasta el final de la oración.

Por eso, Señor y Padre nuestro, te rogamos que santifiques este aceite, fruto de tu creación, y que, con la cooperación de Cristo, tu Hijo,
de cuyo nombre le viene a este óleo el nombre de crisma,
le infundas por medio de tu X bendición la fuerza del Espíritu Santo
con la que ungiste a los sacerdotes, a los reyes, a los profetas y a los mártires.
Que este crisma sea un signo de salvación y de vida para todos aquellos que serán espiritualmente renovados en las aguas del bautismo.
Que al ungirlos con la santidad
y al desaparecer la impureza con que nacieron, se conviertan en templos de tu divina presencia y te agraden con la fragancia de sus vidas inocentes.
Que de acuerdo con el orden sacramental que tú estableciste
sean revestidos de un don incorruptible al infundirles la dignidad real, sacerdotal y profética.
Que este aceite sea crisma de salvación para cuantos han de renacer
por medio del agua y del Espíritu Santo, haciéndolos partícipes de la Vida eterna y herederos de la gloria celestial.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
O bien:
2 Señor y
Dios nuestro,
autor de los sacramentos,
en cuya bondad se funda la vida de cuanto existe:
te damos gracias por tu inefable bondad.
Tú fuiste quien en la Antigua Alianza
reveló la misteriosa santidad de este aceite
y cuando llegó la plenitud de los tiempos,
quisiste que ese misterio resplandeciera
de manera extraordinaria en tu Hijo muy amado.
Cuando nuestro Señor Jesucristo
salvó al género humano por medio de su misterio
pascual,
tu Iglesia fue inundada por el Espíritu Santo
y hecha poseedora de los dones celestiales
para que pudiera continuar y completar
la obra salvadora del mundo.
Desde entonces, por medio de este sagrado crisma, a
través de tu Iglesia,
otorgas a la humanidad las riquezas de tu divina
gracia
y conviertes a los hombres en hijos tuyos
mediante el renacimiento espiritual y la unción del
Espíritu;
así, hechos semejantes a Cristo,
los cristianos participan de su dignidad real,
sacerdotal y profética.
Todos los concelebrantes, en silencio, extienden la
mano derecha hacia el crisma, y la mantienen así hasta
el final de la oración.
Por eso, Señor, te pedimos que la fuerza de tu gracia
transforme este aceite perfumado en un signo de tu X
bendición.
Derrama abundantemente los dones del Espíritu Santo
sobre nuestros hermanos, cuando sean ungidos con él,
y que los lugares y objetos
dedicados al culto por medio de esta unción,
se vean engalanados con el esplendor de la santidad.
Te suplicamos, especialmente, Señor,
que el misterio que entraña este perfume
haga progresar a la Iglesia
hasta que llegue a su total perfección,
cuando tú irradies el resplandor eterno en todas las
cosas
junto con tu Hijo en la unidad del Espíritu Santo
por los siglos de los siglos.
R. Amén.

33. Cuando todo el rito de la bendición de los óleos se realiza después de la Liturgia de la Palabraacabada la renovación de las promesas sacerdotales, el
obispo y los concelebrantes se acercan a la mesa donde se realizará la bendición del óleo de los enfermos y del óleo de los catecúmenos, y la consagración del crisma. Todo se hace como se ha descrito anteriormente.

34. Dada la bendición conclusiva de la Misa, el obispo pone incienso en el incensario y se organiza la procesión hacia la sacristía. Los óleos bendecidos son llevados por los ministros inmediatamente después de la cruz.



35. La recepción y entrega de los santos óleos puede hacerse en los diversos lugares de la diócesis antes de la celebración de la Misa vespertina de la Cena del Señor o en otro momento oportuno.



MISA CRISMAL ROMA 2011

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