Agosto mes de la Solidaridad

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miércoles, 17 de octubre de 2012

La Alianza de Amor, la esencia del ser de la familia de Schoenstatt. 98 años de la alianza de amor y apertura del año de la corriente de la Misión 18 de octubre 2012




Han sellado una Alianza contigo
Se conserve firme como fundida en bronce
Entonces los sé bajo un seguro y fiel amparo
y no temo la furia salvaje del diluvio.

Victoriosamente conduciras a todos hacia el hogar534
Al Padre, para que entonen cánticos al cordero.
Creo firmermemente que nunca perecerá
Quien permanece fiel a su Alianza de amor.
(Del libro hacia el Padre.P.José Kentenich )



UNA NUEVA IRRUPCIÓN DE GRACIAS: EL 18 DE OCTUBRE 1914

Una infancia difícil, una juventud jalonada por fuertes crisis existenciales; ordenaciones sacerdotales y nombramiento como director espiritual, fundación de la congregación Mariana; un largo recorrido en el cual destaca  un denominador común: la entrega entrañable a María; y con ello, la singular experiencia de su poder como educadora, la fecunda labor pastoral entre los jóvenes que Dios había puesto bajo su cuidado materno.

No es encontramos ahora en un año decisivo para el P. Kentenich y para la historia mundial: 1914. Los estudiantes han partido a vacaciones en junio. El 1 de agosto estalla la primera guerra mundial.



En este marco se sitúa el nacimiento de Schoenstatt. El P. Kentenich trata de interpretar a la luz de la Divina Providencia qué quiere Dios de él y de la floreciente Congregación. Considerando lo sucedido entre 1912 y 1914 con los jóvenes, no podía sino pensar que Dios quería algo más: Quien conoce el pasado de nuestra congregación, no tendrá dificultad e creer que la divina Providencia tiene designios especiales para con ella.

Auscultando las voces del tiempo y las circunstancias, el P. Kentenich llegó a la convicción que debía dar un nuevo paso. Ya no se trataba sólo del amor y entrega a María o un afectivo apostolado mariano. Se trataba nada menos que sellar con María una Alianza en la cual ella se comprometía a establecerse en la pequeña capillita de Schoenstatt, abriendo una fuente de gracias para la Iglesia y el mundo y, por otra parte, el y los jóvenes se comprometían a hacer “abundantes contribuciones al capital de gracias” para atraerla, haciendo “suave violencia” sobre su corazón.


Guiado por la fe práctica en la Divina Providencia el P. Kentenich había llegado a formular una audaz idea: invitar a María a que se estableciese en la pequeña capillita de Schoenstatt y la convirtiera en un lugar de peregrinación. Al hacerlo, ponía en evidencia algo que también era muy propio de u modo de actuar. Se trata de la cooperación humana con la gracia; de lo que más tarde sería formulado como lema de Schoenstatt: “Nada sin ti, nada sin nosotros” y que expresa el modo concreto de vivir la Alianza de Amor  en Schoenstatt.
Por eso la invitación a María iba acompañada del ofrecimiento de un serio esfuerzo por la santidad. Así comprendemos el título que escribió en los apuntes de su plática:


Aceleración del desarrollo de nuestra propia santificación y, de esta manera, transformación de nuestra capillita en un lugar de peregrinación

El 18 de octubre de 1914 significó así un acontecimiento de una densidad vital fuera de lo común. En él, Dios irrumpía nuevamente en la historia y se acercaba a nosotros en María para reactualizar la Alianza sellada en Cristo con su pueblo y hacerla fecunda para nuestros tiempos en su forma original desde Schoenstatt.

El 18 de octubre de 1914 marcó decisivamente la vida del Kentenich. Todo lo que él llevaba en su corazón, sus anhelos y proyectos, su amor y entrega a María habían adquirido su sello definitivo: en el futuro su vida estaría esencialmente ligada a esta Alianza sellada en el pequeño santuario de Schoenstatt.

 
El 18 de octubre marcó lo que el P. Kentenich llamó más tarde el primer hito de la historia de la historia de Schoenstatt. Dios confirmó- esto lo avala los hechos- que él  verdaderamente quería que María estableciese su trono de gracias en la capillita de Schoenstatt. La pequeñez de los instrumentos la magnitud de las dificultades y la extraordinaria fecundidad que se dio en el transcurso de lo años, era prueba suficiente de que la Santísima Virgen había aceptado la invitación de establecerse espiritualmente en su santuario de Schoenstatt y regalar en él las gracias del arraigo en Dios, de la transformación y del envío y fecundidad apostólica.
(Fuente: La Alianza de Amor con Maria. P. R Fernandez) 













La Alianza de Amor con María es la forma original que tiene Schoenstatt de vivir la alianza bautismal. En ella se expresa y se garantiza nuestra alianza con la Santísima Trinidad. Entendida así, es "la fuente de la vitalidad y el centro de la espiritualidad
de Schoenstatt", el corazón de Schoenstatt. 


El amor a María, expresado en esta Alianza, se transforma en el medio más rápido y seguro de vivir en un contacto vivo y permanente con el Dios de nuestra vida y de nuestra historia. Por la Alianza de Amor nos convertimos en "Familia", pues todos los que sellan la Alianza se saben y sienten hijos de María y, por ello, hermanos entre sí.


De esta Alianza de Amor, vivida en profundidad, nace también una fuerte conciencia de misión; lleva a quienes la sellan a convertirse en eficaces instrumentos en manos de María, para colaborar con ella en la renovación religioso-moral del mundo. 

Por esta Alianza de Amor, Schoenstatt realiza su compromiso de construir la historia en dependencia y contacto filial, libre y total con Cristo, el Señor de la historia, a través de María, su Colaboradora permanente.

La Alianza de Amor, la esencia del ser de la familia de Schoenstatt

Para la Familia de Schoenstatt esta Alianza de Amor es la esencia y el núcleo de su vida; esto fue lo que con gran alegria descubrieron una vez más y afirmaron unánimemente los representantes de toda la familia de Schoenstatt en la reciente Conferencia 2014: Con gran alegría y gratitud nos renovamos en la conciencia de que la esencia del ser de nuestra Familia es la Alianza de Amor con María. Este acto de fe silencioso del P. Kentenich y un pequeño grupo de congregantes -el acontecimiento fundacional del 18 de octubre de 1914 en el Santuario Original- sigue vivo en nosotros con todo su frescor original.

Nos admiramos al constatar que en todas partes del mundo lo que mueve e inspira nuestras acciones, la fuente de nuestra fecundidad y la forma concreta de vivir nuestro seguimiento de Cristo es la profunda fe en la realidad de la Alianza de Amor con María.
Mensaje de la Conferencia 2014.







 Tu Alianza, nuestra misión


Cuando en la Conferencia 2014 se percibió lo “misionero“ como una de las corrientes de vida de Schoenstatt con mayor impacto a nivel mundial y este descubrimiento provocó asombro y alegría, y cuando un año después (2010) se estableció el tercer año del trieno como “Año de la corriente misionera“, nadie podía ni imaginar que la Iglesia declararía ese mismo año como “Año de la fe“ al servicio de la nueva evangelización.


Desde la experiencia de fe de Schoenstatt (profundizada y vivificada en los dos primeros años del trienio) y movido por la alegría en la configuración simultánea de proyectos apostólicos de la cultura de Alianza, del don de la Alianza de la Familia de Schoenstatt a nivel mundial para la renovación de la Alianza de Amor el 18 de octubre de 2014, el Movimiento de Schoenstatt se sabe llamado y capacitado para el paso misionero, para llevar el carisma del Padre Kentenich a nuestro tiempo en el actuar concreto a partir de la fuerza plasmadora de la Alianza de Amor.  
Porque la Iglesia y el mundo preguntan: Schoenstatt, ¿Qué haces? ¿Qué haces para nosotros? La cultura de Alianza es la respuesta de Schoenstatt a esta pregunta. A lo largo de casi 100 años han surgido en el Movimiento de Schoenstatt y en su entorno numerosas iniciativas apostólicas de carácter misionero, pedagógico, pastoral, social y político. Se trata siempre de configurar el mundo a partir de la Alianza de Amor, una cultura de Alianza en todos los ámbitos de la vida, llevada por hijos misioneros de la Alianza de Amor, cuyos corazones arden por los hombres.

Un canto de la época de la fundación de Schoenstatt en Paraguay dice así: La esencia del amor consiste en dar la vida para la misión. El amor auténtico exige hechos, dice el Padre Kentenich. En la historia de la Iglesia, lo que ha transformado las bienaventuranzas en realidades han sido las obras de amor al prójimo, las obras de justicia social y de la opción por los pobres y marginados. La “historia social de la Iglesia“, en palabras de un conocido jesuita de la actualidad, consiste en la realidad y credibilidad del sermón de la montaña encarnado, hecho real y creíble en la configuración de cada una de las culturas en las que se mueve la Iglesia y toda irrupción carismática eclesial.

En el  Año de la corriente misionera, quizá deberíamos leer de nuevo la frase del Acta de Fundación (la Carta Magna del Santuario original): Probadme primero que me amáis realmente. El amor hecho vida real y auténtica demuestra la fuerza y el significado universal de la Alianza de Amor, la protege frente a los intentos de reducirla a conceptos ideológicos y de girar de forma autosuficiente en torno a la propia perfección. Esto es lo que movió al Padre Kentenich: no sólo una visión de Schoenstatt, sino construir una obra de Schoenstatt.

Tu Alianza, nuestra misión: este lema preside el tiempo de gracias del jubileo y especialmente el Año de la corriente misionera. María educa misioneros en su familia de misioneros. Desde su peregrinación misionera a su prima Isabel, Ella sigue peregrinando y misionando y nos muestra cómo hemos de actuar misioneramente: con la actitud de peregrinos y en la fuerza del Espíritu Santo. Su peregrinación a Isabel estuvo marcada por el servicio y llenó a Isabel del Espíritu Santo. Como su Familia peregrina y misionera, nosotros nos sentimos llamados a peregrinar hoy hasta Isabel, como Iglesia peregrina que trae la Noticia encarnada y hecha servicio.




Nuestro jubileo cobra todo su sentido en este momento histórico de la Iglesia... Ella nos prepara para celebrarlo sirviendo a la Iglesia en su vocación más radical, es decir, en anunciar el Evangelio vivo (Cristo en su Iglesia) y en ponerlo hoy al servicio de los hombres.

Siempre que rezamos la oración de peregrinación del 2014, nos preguntamos: ¿Qué paso misionero daré hoy? Con cada paso misionero en nuestra peregrinación, la Alianza de Amor que celebraremos el 2014 se hará más realidad.
Traducción: Rudolfo Monedero, Madrid, España





 La Familia de Schoenstatt se dispone mundialmente al tercer año de la intensa preparación para el Jubileo de la Alianza: el año de la corriente misionera. El cuidado de las corrientes, que la Conferencia del 2014 en Febrero del 2009 asumió con gran claridad y con una fuerza sorprendente, fue uno de los principales objetivos para el trienio. Con un enfoque particular en cada una de las tres corrientes se quiso que los tres años fuesen un tiempo marcado de trabajo en esas corrientes para que en la fuerza de ellas surgiera una dinámica entusiasta gestando nuevas iniciativas apostólicas y una renovación desde dentro, “casi sin esfuerzo”.

La colección de textos sobre estas corrientes – la corriente del Padre y la corriente del Santuario, que fueron editadas por Monseñor Dr. Peter Wolf en conjunto con el Instituto José Kentenich, tienen como fin el volver a unirse al Padre Kentenich y a la forma como él generalmente trabajó con las corrientes y concrétamente con estas corrientes. De la unión vital a su persona – la corriente del Padre –a los inicios del Movimiento de Schoenstatt se despertó una fuerte tendencia hacia el santuario – corriente del santuario -  y con ésto el deseo incontenible de llevarse este pequeño santuario y su efecto a los frentes de la guerra mundial y de ayudar a prepararle el camino en forma real o espiritual a mucha gente: la corriente misionera. Esto fue, así lo dijo Mons. Dr. Peter Wolf, la comprobación agradecida y conjunta de la Jornada Internacional de Planificación, que “en todas partes donde Schoenstatt ha crecido en torno a nuestro fundador y en torno a los santuarios, han surgido fuerzas misioneras”. Para el 18 de Octubre próximo, cuando comienza el año de la corriente misionera, Mons. Dr. Wolf ha recopilado junto al competente equipo,  textos del Padre Kentenich que hablan de la misión, del sentido de la misión y del espíritu de la misón apostólica del Movimiento de Schoenstatt.

Presentación del libro:  su misión – nuestra misión

En la noche del 4 de octubre se dio a conocer el libro en la Casa Padre Kentenich sobre el Monte Schoenstatt, después que la Hna. Mariéle de la Editorial Schoenstatt presentó el libro y su autor.

El el hall de entrada se pudo comprar ejemplares recién impresos del libro, cuyo título muestra uno de los símbolos del año de la corriente misionera: la cruz de la unidad sobre el fondo de un rojo brillante –muy atractivo y motivador el diseño de Hildegard Hug. La edición del libro en inglés también se publicará con esta cubierta.
Después de su charla, Monseñor Dr. Peter Wolf se tomó bastante tiempo para hablar con los presentes y para firmar los libros.

En congruencia con el Año de la Fe de la Iglesia Universal

Después de una mirada a la Conferencia 2014 y a los deseos del trienio, Monseñor Dr. Peter Wolf demostró una vez más su alegría por la congruencia del año de preparación al jubileo de Schoenstatt con el Año de la Fe de la Iglesia Universal que comienza el próximo 11 de octubre; éste “abarca nuestro esfuerzo por un año misionero y su contenido se empalma  con los propósitos apostólicos-misioneros de nuestro tercer año de preparación. El Año de la Fe vivirá en la medida que redescubramos y tomemos en serio  nuestro compromiso misionero para el futuro de la fe. Con esto al mismo tiempo se hace visible una importante fuente para la nueva evangelización que luego comenzará a fluir, cuando los cristianos a partir de su fe crezcan en su conciencia de misión y se apasionen por la misión”.

Ella es la gran Misionera



La frase que siempre se escucha en la Campaña del Rosario cuando una persona se pone como misionero a disposición de Ella para llevarla junto a su Hijo hacia dónde Ella quiere, es la siguiente: “Ella es la gran Misionera. Ella obrará milagros”. Una aplicación concreta del nada sin ti, nada sin nosotros. “Ella es la gran Misionera” – esta es la promesa que cada nuevo misionero, o aquel que renueva su compromiso misionero por un nuevo año, recibe en sus manos y en su corazón, junto a la imágen de la Virgen Peregrina. “Ella obrará milagros” es la respuesta de la confianza apostólica con la que el misionero comienza su labor. Aquellos milagros en los que uno cree con gran fuerza, prácticamente ya se han vuelto realidad. “Ella obrará milagros” – esto mueve a una persona a ofrecerle la imagen de la Virgen Peregrina a un colega de trabajo que es ateo y que tiene una necesidad existencial... Y si es que en ese momento en el que el colega recibe a la Sma. Virgen (en contra de toda expectativa humana), se produce algo en su corazón o en el corazón del misionero, eso ya se verá.

Esta frase, así lo dijo Mons. Dr. Peter Wolf esa noche, la tomó el Padre Kentenich de San Vicente Pallotti al comienzo de la historia de Schoenstatt: “Desde un principio que el joven asesor espiritual tuvo la preocupación de despertar el espíritu apostólico. El sabía muy bien vincular ésto a  Vicente Pallotti y a su espíritu y disposición apostólica, como se muestra en una charla durante un encuentro de la Asociación de Misiones en el año 1912, de donde hemos seleccionado un pasaje. A partir de San Vicente Pallotti, el Padre Kentenich toma en ese tiempo la unión interior entre la devoción mariana y el celo misionero en la repetida consigna: “María es la gran misionera. Ella obrará milagros.”

Un cristianismo sin pasión por  la misión no es cristianismo...

En la corriente misionera no sólo se  tratará de proyectos apostólicos quienes serán ofrendas de alianza para el Jubileo del 2014 y que en las Carpas de Alianza serán parte esencial de las experiencias del jubileo. El Dr. Wolf habló esa noche de que se trata de la fuerza básica del cristianismo y en este sentido la contribución renovadora de Schoenstatt justamente para esta Iglesia, la que hoy se vuelve a preguntar, cómo tener éxito para que la buena nueva llegue a las personas.

“A partir de la observación y evaluación que con el tiempo el cristianismo ha perdido la fuerza impulsora de su sentido de misión”, así lo dijo Dr. Peter Wolf, el Padre Kentenich hizo incapié, “que tanto la fe de la misión como hasta la pasión por la misión son parte esencial del cristianismo. Una y otra vez esta preocupación se distingue en sus prédicas y charlas frente a jóvenes y viejos. Para él se trata de despertar un firme sentido de responsabilidad por el futuro del cristianismo y de la iglesia y dentro de su familia espiritual, naturalizar y asegurar tanto la fe en la misión como también la pasión por la misión. Uno ve claramente en estos textos su propia pasión por la misión.

El Padre Kentenich trabajó los pensamientos sobre misión a partir del Antiguo y  del Nuevo Testamento. Le gustaba referirse a los profetas y a su ministerio querido por Dios al servicio del pueblo de Dios. Repetidamente se refirió al mensaje del Evangelio de San Juan: Jesús como el absoluto enviado del Padre y tanto su mensaje como sus obras en total dependencia con el Padre. En los discursos de despedida del Evangelio de San Juan, Jesús hace participar a sus discípulos en su misión, tal como él participa de la misión de su Padre. En vista a este hecho, José Kentenich habla de una “corriente de misión”, que proviene del Padre por medio del Hijo y que hasta hoy sigue actuando en la Iglesia.”

Un libro para este Año de la Corriente Misionera y más allá

Es un libro para hoy y más allá. Cuando se descubrió durante la Conferencia para el 2014 lo “misionero” como una de las más fuertes y eficaces corrientes de vida del Schoenstatt mundial y este descubrimiento causó sorpresa y alegría cuando se fijó el año siguiente (2010) como tercer año del trienio el “Año de la corriente misionera”, nadie podría haber adivinado que la Iglesia proclamaría justamente durante el mismo período de tiempo un “Año de la Fe” al servicio de la Nueva Evangelización. A partir de la experiencia de fe de Schoenstatt – profundizada y vivificada en los dos primeros años del trienio – y movidos por la alegría del trabajo de los proyectos apostólicos de la cultura de alianza, la ofrenda de alianza de la Familia de Schoenstatt mundial para la renovación de la Alianza de Amor el 18 de octubre del 2014, Schoenstatt se sabe llamado y facultado al paso misionero de llevar el carisma del Padre Kentenich a nuestro tiempo a partir de la fuerza creadora de la Alianza de Amor con acciones concretas.




Mensaje para la Apertura del Año de la Corriente Misionera




P. Heinrich Walter. Querida Familia de Schoenstatt:


Desde las cercanías de la tumba de San Pedro y de la plaza de San Pedro, les saludo en el  lugar del mundo donde se encuentren. El Santo Padre me ha invitado a participar en el Sínodo de los obispos sobre la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. Por eso, no puedo acompañarles hoy en el Santuario original. Es un signo de la Providencia que hoy podamos unir así nuestros santuarios con la gran catedral de la cristiandad aquí en Roma. Nuestra misión es la misión de la Iglesia. A ella queremos servirla con nuestro carisma, para que la Iglesia, mediante la acción del Espíritu Santo, reciba el regalo de una nueva vitalidad. Hasta ahora, este es el mayor anhelo de los padres sinodales. Algunos hablan de un nuevo Pentecostés. Esta debe ser también nuestra preocupación.

Nuestra peregrinación hacia el jubileo y hacia el Santuario original nos lleva a la fuente original de Schoenstatt. Queremos beber de las fuentes más profundas y, así, renovar nuestro carisma para el tiempo en que vivimos. La gratitud por la conducción de Dios durante los 100 años de nuestra historia sagrada, despierta de nuevo en nosotros el espíritu de los comienzos. Bebemos de este espíritu en el Acta de fundación, en la fe del P. Kentenich y en la fuerza del testimonio de vida de la generación fundadora. El año pasado hemos profundizado en la experiencia del Santuario. Hemos cultivado nuevamente todas las formas de vida del Santuario en nuestra Familia, desde la vinculación al Santuario original hasta la vida en el Santuario del corazón. Esta profundización nos conduce hoy a la misión: Tu Alianza, nuestra misión

Este año del envío comienza dentro de un contexto eclesial. La Providencia lo ha conducido de tal manera, que, con la Iglesia universal, miramos hacia aquello que es la esencia de la Iglesia. La Iglesia tiene la misión de evangelizar el mundo. Eso es lo que el Señor encomendó a los discípulos después de su resurrección. El Santo Padre ha proclamado el año de la fe y nos ha recordado el Concilio. Ha hablado sobre el espíritu del Concilio y sobre la peregrinación a través de los desiertos de nuestra época. Para esta peregrinación no necesitamos alforja, ni pan, ni dos túnicas, sino el Evangelio y la fe de la Iglesia. Después de 50 años él ve la necesidad de llamar a una nueva evangelización para que el espíritu del Concilio no muera.

Con nuestro año de la corriente misionera, nosotros estamos en medio de la corriente de la Iglesia universal. Esto es una gran alegría y, a la vez, un desafío. Las conferencias que el P. Kentenich dictó hace casi 50 años en Roma, sobre el camino de la Iglesia hacia el Concilio, adquieren ahora todo su significado.

Esto nos anima a entender el año de la corriente misionera como un aporte concreto para la renovación de la Iglesia. Todo lo que hacemos en este sentido, está motivado por el amor a la Iglesia. Queremos ayudar a que en todas partes la Iglesia se convierta en el alma de la cultura y de la civilización moderna.

¿Por qué ponemos el acento en la corriente misionera? Yo veo dos acentos.Todo lo que hacemos como schoenstattianos, debe tener un carácter misionero. Tanto si dirigimos un grupo como si promovemos un proyecto social, tanto si hacemos adoración como si visitamos enfermos, tanto si preparamos la Jornada Mundial de la Juventud como si cuidamos del servicio de guardería, todo esto lo hacemos conscientes de que ésa es nuestra misión. Y lo hacemos de todo corazón desde la emoción del envío. La otra perspectiva es que, en la preparación al jubileo, hemos observado muchas iniciativas misioneras en todas las partes del mundo. Hemos observado que en estas iniciativas late una fuerte vitalidad. Hemos podido constatar agradecidos, que, sobre todo, las comunidades de jóvenes están impregnadas del espíritu misionero. Estas iniciativas deben ponerse en comunicación. Se pueden unir entre sí, para que los pequeños arroyos se conviertan en una gran corriente. La corriente misionera traerá una nueva fuerza vital a todas las formas de vida que hay en nuestra Familia. Quiero citar por su nombre algunas de estas iniciativas.

La mayor fuerza proviene de la campaña de la Virgen peregrina, esto es algo que he podido constatar también en conversaciones privadas en el Sínodo. Los “madrugadores” en América Latina y el “Rosario de hombres” en Brasil congregan cada semana a miles de hombres en los Santuarios y parroquias para rezar en común. Las misiones juveniles y familiares en América Latina entretanto han arraigado también en Europa. En muchos países se han iniciado proyectos sociales y pedagógicos por parte de grupos y comunidades.

Además, están los muchos pequeños misioneros, a los que nadie cita por su nombre, pero cada uno de los cuales tiene un rostro ante Dios. Son aquéllos que por amor cumplen fielmente su deber. Son aquéllos que en silencio entregan su capital de gracias en la tinaja. Son aquéllos que no quieren ser nombrados, porque hacen todo en silencio, con la profunda alegría de hacerlo todo por la Virgen y por Cristo.

El Cristo del futuro será un Cristo misionero, si quiere conservar su fe a contracorriente de la sociedad. Nuestro entorno nos obliga a ello. Nos desafía a confesar nuestra fe y a dar testimonio de ella. El trabajo misionero cuesta mucho esfuerzo al principio. Es como saltar al agua fría. Pero después su corazón se transforma. La inseguridad desaparece y surge una libertad en el corazón. Con toda humildad crecen la autoestima, la confianza en Dios y la seguridad de que Cristo y la Virgen quieren acercarse a los hombres a través de mí.

Miramos a la raíz de nuestro espíritu misionero. Es nuestra Alianza. Es la mirada de la Virgen. En sus ojos somos reconocidos y amados. Y nosotros respondemos con nuestra entrega. Es una Alianza del amor. La fuente de toda misión es el amor que capta el corazón y toda la persona. Esta es la vocación que recibimos en diálogo con María en el Santuario. Ella es la gran misionera, Ella busca aliados para su misión.

En la noche de la apertura del año de la fe, la plaza de San Pedro se llenó de antorchas. La Acción Católica había llamado a una marcha de antorchas. Yo recordé la marcha de antorchas de la juventud masculina hacia Roma hace pocos años. Entretanto, la Juventud masculina se ha unido a nivel mundial en una generación misionera. Han elegido el fuego como símbolo. Hoy todos queremos adherirnos a esta corriente misionera. Cada uno puede poner su antorcha encendida del corazón para que el fuego sea más grande, para que se vea desde muy lejos y pueda encender muchos corazones.

Por lo tanto, declaro abierto el año de la corriente misionera.





 
 

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