Agosto mes de la Solidaridad

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martes, 23 de octubre de 2012

Urge recuperar el Ars celebrandi propuesto por el Magisterio de la Iglesia. Sinodo para la nueva Evangelización










- Rev.do Jesús HIGUERAS ESTEBAN, Párroco de S. María de Caná, Madrid (ESPAÑA)
Desde hace siglos la parroquia ha sido el espacio natural donde anunciar el Evangelio, pero en estos momentos, ante la realidad de los nuevos movimientos, queridos por el Espiritu Santo, da la impresión, especialmente en Europa, que la parroquia ha quedado para lo que algunos llaman el "cristianismo del cumplimiento". 
 
Debemos seguir afirmando la bondad de la parroquia en nuestro tiempo para llevar a término la Nueva Evangelización y para ello, desde una pastoral de la santidad podemos enunciar algunos aspectos esenciales de la misma. 

En primer lugar urge recuperar la "seriedad eucarística", pues con demasiada frecuencia se descuida la celebración de la Santa Misa y la Adoración eucarística, dejando al arbitrio de una supuesta creatividad litúrgica que llena de hastio a nuestros feligreses. Urge recuperar el Ars celebrandi propuesto por el Magisterio de la Iglesia. 
 
En segundo lugar la parroquia debe ser el espacio natural donde los fieles puedan vivir el Sacramento de la penitencia de un modo habitual. Urge que los sacerdotes diariamente ofrezcamos a los fieles la posibilidad de encontrarse con la Misericordia Divina, insistiendo en la bondad de la dirección espiritual. Junto a esto, la parroquia es el primer lugar donde aquellos que son visitados por la enfermedad, la muerte y cualquier tipo de dolor deben ser atendidos con cariño y esperanza.
 
En tercer lugar debemos perder el miedo a construir en nuestras parroquias la comunión eclesial que se da en la Iglesia universal. La parroquia es la casa de todos y para todos. Diócesis, movimientos, vida consagrada y todas las realidades eclesiales pueden unir esfuerzos en la parroquia.

Hemos de cuidar de un modo especial a los sacerdotes, que tantas veces se encuentran solos y desconcertados ante un mundo e incluso unos fieles que cuestionan su identidad. Hemos de crear espacios donde los sacerdotes se sepan queridos y acompañados en la busqueda de la santidad personal. Somos evangelizadores que debe ser evangelizados y que proponemos con ilusion nuestra propia vocacion y cualquier camino de santidad en la Iglesia

Por último, parroquias marianas, pues el trato con la Madre de Dios es un atractivo para el hombre que busca la belleza de la humanidad redimida.


- Dra. Ewa KUSZ, ex Presidente de la Conferencia Mundial de los Institutos Seculares C.M.I.S. (POLONIA)
Mi vocación, como la de los demás miembros de los institutos seculares, nos enseña que el mundo es el lugar en el que vivimos nuestra vocación con toda su riqueza, sus dificultades, su dramatismo o también sus heridas. Nuestra tarea como laicos, también la de los laicos consagrados a Dios, no consiste en una especial actividad pastoral o de evangelización. La naturaleza de nuestra vocación se encuentra en la búsqueda de Dios en todos los hechos del día, en cada encuentro con los demás. Se trata sencillamente de vivir el Evangelio desde la cotidianidad. Lo que no sería especialmente impresionante ni eficaz para el público. Ni siquiera es adecuado para ser divulgado por los medios de comunicación. En mi vida veo que no es fácil, ya que muchas veces sería más cómodo anunciar el Evangelio en voz alta más que vivirlo. En mi trabajo, en el ambiente que me rodea, encuentro a personas heridas que tienen hambre de amor y que no pocas veces sienten resentimiento o indiferencia hacia Dios. Encuentro a personas que anhelan la plenitud, el amor, la belleza y la armonía, buscándolos en distintos lugares. Por desgracia pocas veces en
la Iglesia. En ocasiones su experiencia en la Iglesia, el encuentro con las “personas de Iglesia”, las ha herido por distintas razones. Lo que podemos hacer, yo y otros miembros de los institutos seculares, por estas personas es ofrecer nuestra sencilla presencia, una apertura al encuentro, ayuda cuando se necesita. Para ello se necesitan competencia personal, oración silenciosa y, no por último, nuestra cercanía a la persona de Jesucristo. Se trata, como ha resumido el Papa en su reciente mensaje a los miembros de los institutos seculares, “de abrazar con caridad las heridas del mundo y de la Iglesia”. Con el tiempo, esta actitud lleva la esperanza a la vida de una persona que antes, encerrada en su dolor, se encontraba frente al abismo de la soledad y la desesperación, muchas veces sin llegar a vislumbrar una solución concreta o también encontraba una dificultad enorme para perdonar a quienes le habían hecho daño.

-         Rev.do Mons. Enrique GLENNIE GRAUE, Vicario General de la Arquidiócesis de México (MÉXICO)
El Acontecimiento de las apariciones de María de Guadalupe al indio San Juan Diego en 1531 tuvo una repercusión decisiva para la evangelización, con un influjo que va más allá de los confines de la nación mexicana, alcanzando a todo el Continente.
 
Inmediatamente después de las apariciones, se verificó una impresionante conversión en masa, tanto de los indígenas como de los españoles. Un signo concreto de la importancia del Acontecimiento Guadalupano fue esta conversión y devoción a la Virgen y - a través de Ella - a Jesucristo; que constatamos hasta nuestros días, con la presencia en el Santuario de más de 20 millones de personas cada año.
Como todo Acontecimiento Salvífico, el acontecimiento Guadalupano trasciende fronteras, culturas, pueblos, costumbres, etc. y llega hasta lo más profundo del ser humano. Se trata de un Acontecimiento Salvífico porque provoca la conversión del corazón y mueve al ser humano a un verdadero arrepentimiento, para encontrarse con Dios, haciendo realidad un cambio de vida pleno y total.
En este Acontecimiento salvífico se manifiesta, de manera patente, la intervención de Dios en una evangelización conducida por María, la primera discípula y misionera del Amor.




En palabras sencillas, el culto a la Virgen de Guadalupe se manifiesta - desde entonces hasta nuestros días - como una verdadera evangelización; se puede observar que el Acontecimiento Guadalupano permite entender la esencia del Evangelio y mueve de tal forma las almas, que la conversión hacia Jesucristo es una manifestación patente de ello. Esto permitió que se llevara a cabo la evangelización de todo un pueblo que estaba naciendo. De hecho, se inicia entonces una devoción que nadie podrá detener y que se fue profundizando y extendiendo hasta el día de hoy, no sólo en México, sino en las más variadas naciones, quienes son guiadas de la mano por la Estrella de la Evangelización hasta su Redentor en una evangelización perfectamente inculturada.

En resumen, podemos afirmar que - como sucede en el Acontecimiento Guadalupano - la Nueva Evangelización requiere también de una auténtica 'inculturación'.
La evangelización, si se produce correctamente, ha de dar lugar al fenómeno de la inculturación, entendida como presencia y fruto de la fe en el seno de una cultura determinada. Considero que éste es un importante reto de la Nueva Evangelización.




- RELACIÓN DE LOS CÍRCULOS MENORES HISPANICUS B: S. E. R. Mons. Santiago Jaime SILVA RETAMALES, Obispo titular de Bela, Obispo auxiliar de Valparaíso, Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) (COLOMBIA)

1) Identidad teológico-pastoral de la Nueva Evangelización
Hay que plantearse la pregunta acerca de por qué una Nueva Evangelización. Si es “nueva”, entonces, ¿qué ha perdido el pueblo cristiano?, ¿qué, como Iglesia, no hemos sabido ofrecerle?

Insistimos en el fundamento pneumatológico de la Nueva Evangelización y éste, en estrecha relación con la cristología y la antropología. No es posible realizar la Nueva Evangelización sin abrirse a la acción del Espíritu Santo y a su gracia, pues Él es quien otorga los carismas para el anuncio de Jesucristo y el servicio a la sociedad como discípulos de Jesús. El Espíritu es quien hace realidad la alegría y el gozo con el que hay que evangelizar.
Sin una eclesiología, es decir, sin un modo de autocomprensión y de ser y estar en el mundo contemporáneo que profundice la enseñanza del Concilio Vaticano II, la Iglesia no podrá empeñarse en una Nueva Evangelización. Es fundamental definir la relación “Iglesia - mundo actual”. De no hacerlo, seguiríamos dando la impresión de “institución”, y no de asamblea reunida en torno a Jesucristo, donde todo lo humano tiene cabida. Es esta comunidad de fe y de discípulos misioneros al servicio al mundo (diakonia), la que recibió la misión de anunciarlo.
Una conveniente eclesiología va de la mano con un profundo examen de conciencia de la Iglesia respecto de si misma. No hablamos de Nueva Evangelización sólo porque los otros han cambiado. Es hora de preguntarnos: ¿qué pecados tiene la Iglesia que nos han llevado a una Nueva Evangelización? Un status questionis sobre la Iglesia en si misma y su lugar en el mundo es imprescindible a la hora de una Nueva Evangelización.
La comunión es la fuente y el fruto de la Nueva Evangelización, porque Dios trino, de quien procede la Iglesia y a quien la Iglesia tiene que anunciar, es relación y comunión y, además, porque hoy vivimos en una sociedad particularmente individualista. Esta comunión trinitaria es la que hace realidad la comunión efectiva entre nosotros y es de aquí de donde debe brotar la misión. Esto también es esencialmente trinitario.

2) Centralidad de la Palabra de Dios en la Nueva Evangelización

La historia de la Salvación son palabras y obras de Dios en diálogo con las realidades humanas para ofrecer la salvación, iniciativa y don divino. En la plenitud del tiempo, Dios se reveló
por su Palabra eterna que se hizo carne (Jn 1,14). La Palabra llena de vida y verdad que la Sagrada Escritura contiene es el contenido del anuncio y, por lo mismo, de la Nueva Evangelización. Por esta razón, la Palabra de Dios encarnada es fuente de Nueva Evangelización, y no sólo en cuanto contenido, sino también en cuanto método y estilo.
Este Sínodo debiera plantearse en íntima unidad con Verbum Domini mostrando cómo la Palabra de Dios encarnada, consignada en la Sagrada Escritura, es el “puente” entre el misterio divino que queremos anunciar y las realidades humanas cotidianas.

3) Algunos contenidos, sujetos, destinatarios y estilo de la Nueva Evangelización
La fuente de la Nueva Evangelización es Dios Trino. Quién evangeliza es Dios Padre, quien por amor, conduce su designio salvador para la humanidad; es Dios Hijo, quien con su misterio pascual es oferta de gracia y verdad; es el Espíritu Santo, quien hace posible la comunión con Dios salvador en el seno de la Iglesia y el corazón de los creyentes; el Espíritu es quien acompaña y sustenta a los evangelizadores.
La Nueva Evangelización tiene por contenido el anuncio por la palabra y el testimonio de Cristo Resucitado, vivo, cercano, fuente de amor. Este anuncio y testimonio tiene que llevar al encuentro personal con Él y, en Él, con el Padre.
La familia es un ámbito de primera importancia cuando se piensa en qué hay que evangelizar (destinatario), pero también cuando se piensa en quién tiene que evangelizar (sujeto). Dentro de la familia, los niños son los primeros destinatarios de la evangelización de padres evangelizados.
Es indispensable valorar y fortalecer la labor de los catequistas y de la catequesis. Con catequistas bien formados se puede desarrollar una catequesis que se entienda y practique como
proceso de discipulado, es decir, como una real experiencia de fe en el seguimiento del Señor.
Para este proceso se requieren formas inteligibles (lenguajes) de dirigirse a la gente de hoy considerando sus anhelos y culturas.
Sin la función evangelizadora de los fieles laicos en su ámbito propio, que es la gestión de la vida familiar, social, política, económica y cultural, no habrá Nueva Evangelización. Pero éstos requieren una formación integral y el reconocimiento efectivo que son corresponsables en la tarea del Reino. La vocación y misión de los laicos requiere una profunda reflexión sobre la valencia teológica de la secularidad, de su inserción en el mundo, sobre todo en los nuevos areópagos, y de su participación en la Iglesia. Al respecto, habría que revisar qué servicios eclesiales habría que confiar a los laicos teniendo en cuenta la Nueva Evangelización y los nuevos escenarios.
El estilo de la Nueva Evangelización es un testimonio alegre, atrayente y audaz de la fe; por tanto, el nuevo estilo de evangelizar no se caracteriza por “imponer”, sino por “atraer”.
Evangeliza una Iglesia pobre que renueva su opción por los pobres y marginados, como Cristo Jesús, pues ellos, son destinatarios privilegiados de la salvación. “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.
El lenguaje, como mediación para comunicar la Buena Nueva de Jesucristo, requiere una atención especial. Se hace necesario un examen de conciencia sobre nuestro uso del lenguaje y
si somos capaces o no de expresarnos en un mundo donde hay nuevos lenguajes. Nuestro lenguaje peca de clericalismo.
La renovación de la iglesia particular y, en ella, la renovación de la parroquia, para replantearla como casa y escuela de comunión, lugar eclesial de espiritualidad y donde se aprende la comunión y la corresponsabilidad en la misión de la Iglesia, con mayor razón hoy, cuando se diluye la persona y aparece el individuo o la masa. La Nueva Evangelización pasa por una parroquia de “rostro nuevo”, capaz de acompañar en la fe y en el mundo personal y afectivo a la gente, de lo que más se carece hoy en nuestra sociedad. Las parroquias debieran ser una red de comunidades eclesiales que, en sus concretos contextos, sustenten la fe en Cristo Jesús y su seguimiento y, por lo mismo, el crecimiento en la dimensión humana integral. Estos “cuerpos eclesiales” (las parroquias y sus comunidades) son los llamados a mostrar al Señor resucitado, que da vida y sentido a la existencia. Quizás el problema más acuciante de la Nueva Evangelización es la constitución y acompañamiento de estas pequeñas comunidades eclesiales.


- RELACIÓN DE LOS CÍRCULOS MENORES ANGLICUS B: S. E. R. Mons. Bernard LONGLEY, Arzobispo de Birmingham (GRAN BRETAÑA)

La nueva evangelización no es ni una estrategia ni un programa, sino una invitación a un encuentro y a una relación para toda la vida con Jesucristo y su Iglesia. Implica enamorarse con la persona de Jesucristo y su esposa,
la Iglesia Católica. Este encuentro con Cristo tiene lugar en y a través de la Iglesia para no promover una falsa dicotomía entre espiritualidad y religión. Los encuentros con Cristo en la Iglesia ayudan a los fieles a entender la necesidad de la salvación y el perdón de los pecados. Siguiendo el encuentro inicial con Cristo, los fieles desean pasar su tiempo con el amado en oración, en el sacramento y contemplando el rostro de Dios (Novo Millenio Ineunte).
Por lo tanto, los Padres Sinodales podrían proponer un acompañamiento para toda la vida de cada católico en su viaje hacia la fe, modelado según el viaje de Cristo con los dos discípulos en el Camino a Emaús. Los fieles necesitan el trabajo continuo de una catequesis sistemática, exhaustiva y permanente.
La evangelización y la catequesis deben ayudar a los fieles a conocer, comprender, vivir y compartir la fe. Una catequesis para los jóvenes y los adultos, adecuada para cada edad, presentada de un modo interesante y apologético y que responda a las preguntas sinceras de cuantos participan en su formación, mejorará la Nueva Evangelización. Esta presentación básica de los fundamentos de nuestra fe, tal como se encuentran en el Catecismo de la Iglesia Católica, de una manera atractiva e interesante, por ejemplo durante la Jornada Mundial de la Juventud, ayudaría a reavivar la confianza en la fe y una mayor capacidad para compartirla con otros.
Patrocinar algunas iniciativas ayudaría a la Nueva Evangelización y a la catequesis: Lectio Divina; enseñanza de la oración; facilitar el acceso a las Sagradas Escrituras y al Sacramento de la Penitencia (tal vez impartiendo el Sacramento en nuevos periodos del año y con una base consistente durante la Cuaresma y el Adviento); peregrinaciones; compartir las historias de los santos y los mártires, dar a conocer el excelente trabajo y ministerio realizados por las instituciones y apostolados católicos.
Dialogamos sobre la presentación de los Sacramentos desde una nueva perspectiva para que llegue a la sociedad contemporánea. La preparación individual a los sacramentos debe modelar el catecumenado y permitir encuentros personales con Cristo y el anuncio del kerigma. Las pequeñas comunidades cristianas pueden ayudar a que las personas se conozcan entre ellas, facilitando la oración y la reflexión sobre las Escrituras.
Animamos a los Padres Sinodales a rezar por un nuevo Pentecostés para toda la Iglesia, y a comprender mejor los modos mediante los cuales el Espíritu Santo está trabajando en la Iglesia y en la vida de los católicos y demás cristianos. Insistimos sobre la importancia de una Liturgia bien celebrada y en homilías que inspiren y compartan la fe de una manera convincente. Para ello será necesario que el clero esté formado en liturgia, homilética y la Nueva Evangelización, pues son formadores de los nuevos evangelizadores.
Para ser predicadores eficaces, los laicos necesitan una mejor preparación para la evangelización. Esto debe incluir la doctrina, que ayudará a los predicadores a compartir la fe, tal vez mediante una utilización más extendida de imágenes adecuadas para las personas a las que sirven, algunas de las cuales podrían ser iletrados, y la humildad, para adquirir la capacidad de articular su propia historia de fe y testimonio de Cristo.
Nuestro grupo desearía animar a los obispos, sacerdotes y diáconos permanentes a conocer la vida de las personas a las que sirven de una manera más personal. El obispo es un predicador que guía con su ejemplo y comparte con todos los bautizados las bendiciones de lo que llamamos evangelización. Su ministerio tiene que tener las características del pastor (ad intra) y del pescador (ad extra). Es necesaria la formación continua del clero sobre la Nueva Evangelización y los métodos para evangelizar en la diócesis y en la parroquia.
La familia es el centro privilegiado para la nueva evangelización. Las familias católicas tienen una gran necesidad de apoyo y asistencia directa por parte de la Iglesia y la parroquia para convertirse en testigos de la fe. La inculturación continua del Evangelio podría unir la vida de Cristo con la vida y la cultura de todos los pueblos. La inculturación del Evangelio implica ser, cada vez más, una Iglesia acogedora de los inmigrantes y los necesitados.
También hemos considerado la contribución de los religiosos y los testigos de vida consagrada; la institución de los catequistas como un ministerio estable dentro de la Iglesia; la necesidad de una catequesis posterior a los sacramentos, sobre todo después de la Confirmación; la sabiduría de consultar nuestro Derecho Canónico cuando se formulen políticas diocesanas; las necesidades particulares de la comunidad sorda y la gestión de los recursos naturales en periodos de conflicto o guerra.
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