Agosto mes de la Solidaridad

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jueves, 14 de febrero de 2013

Santuario Cenáculo de Bellavista. Quinto domingo del tiempo ordinario. Celebró P Ricardo Bravo


"El que come mi carne y bebe mi sangre,permanece en mi, y yo en él" ( Jn 6,36). Se trata de una profunda biunidad que, en virtud de la santa comunión , se hace permanente y más honda aun. Y más adelante nos dirá; "  Yo y el Padre somos uno" (Jn10,30). Así como yo vivo del Padre y por el Padre, así también quien coma mi carne vivirá por mi( Jn 6,37). Difícilmente se puede expresar, con mayor transparencia y de manera clásica, esa misteriosa biunidad entre Jesús y nosotros, los que comulgamos con él, los que comulgamos su carne y bebemos su sangre. (P. José Kentenich)




En la liturgia de hoy, el Evangelio según san Lucas presenta el pasaje de la llamadas de los primeros discípulos, con una versión original respecto a los otros dos sinópticos, Marcos y Mateo (cfr Mc 1,16-20; Mt 4,18-22). La llamada, de hecho, está precedida de la enseñanza de Jesús a la multitud y de la pesca milagrosa, cumplida por voluntad del Señor (Lc 5,1-6). 

Mientras la multitud se reúne a las orillas del lago de Jerusalén para escuchar a Jesús, Él ve a Simón desalentado por no haber pescado nada en toda la noche. Primero le pide subir a la barca para predicar a la gente estando a poca distancia de la orilla; después, terminada la predicación, le pide que vaya mar adentro con sus compañeros y que echen las redes (cfr v. 5). Simón obedece y pescan una cantidad increíble de pescado. De esta forma, el evangelista hace ver como los primeros discípulos siguieron a Jesús fiándose de Él, fundándose en su Palabra, acompañada también de signos prodigiosos. Observamos que, antes de este signo, Simón se dirige a Jesús llamándole "Maestro" (v. 5), mientras que después le llama "Señor" (v. 7). Es la pedagogía de la llamada de Dios, que no mira tanto a la calidad de los elegidos, sino a su fe, como la de Simón que dice: "En tu palabra, echaré las redes" (v. 5).

La imagen de la pesca remite a la misión de la Iglesia. Comenta al respecto san Agustín: «Dos veces los discípulos se pusieron a pescar por orden del Señor: una vez antes de la pasión y otra después de la resurrección. En las dos pescas está representada toda la Iglesia: la Iglesia como es ahora y como será después de la resurrección de los muertos. Ahora acoge a una multitud imposible de numerar, que comprende a los buenos y a los malos; después de la resurrección comprenderá sólo a los buenos» (Discurso 248,1). La experiencia de Pedro, ciertamente singular, es también representativa de la llamada de cada apóstol del Evangelio, que no debe nunca desanimarse en el anunciar a Cristo a todos lo hombres, hasta los confines del mundo. Además, el texto de hoy hace reflexionar sobre la vocación al sacerdocio y a la vida consagrada. Esa es obra de Dios. El hombre no es autor de la propia vocación, sino que es una respuesta a la propuesta divina; y la debilidad humana no debe tener miedo si Dios llama. Es necesario tener confianza en su fuerza que actúa precisamente en nuestra pobreza; es necesario confiar cada vez más en la potencia de su misericordia, que transforma y renueva.
(Ángelus Domini domingo 5 del tiempo ordinario,papa Benedicto XVI)


 INTROITUS





LITURGIA DE LA PALABRA





EVANGELIO





Lc 5, 1-11
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.
En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y Él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar adentro, y echen las redes». Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si Tú lo dices, echaré las redes». Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: “Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador”. El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres». Ellos atracaron las bar­cas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

HOMILIA






LITURGIA EUCARÍSTICA
PREPARACIÓN DE LAS OFRENDAS







ORACION SOBRE LAS OFRENDAS



EPÍCLESIS


CONSAGRACION











DOXOLOGÍA


FRACCIÓN DEL PAN

CORDERO DE DIOS





COMUNIÓN



ORACIÓN DESPUÉS DE COMUNIÓN


















AÑO DE LA CORRIENTE MISIONERA DEL MOVIMIENTO DE SCHOENSTATT, RUMBO AL CENTENARIO
1914-2014




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