sábado, 8 de septiembre de 2012

Eucologías, Rubricas, liturgía de la Palabra 23 del tiempo ordinario 09 de septiembre 2012






ORDO MISSA DOMINGO DOMINGO 23
DURANTE EL AÑO. VERDE. 09 DE SEPTIEMBRE 2012     
                     
RITOS INICIALES  RITUS INITIALES
INTROITUS
ANTÍFONA DE ENTRADA ANTIFONA D’INGRESSO
Sal 118, 137. 124


Tú eres justo, Señor, y tus juicios son
rectos; trátame conforme a tu bondad



Iustus es, Dómine, et rectum iudícium tuum;
fac cum servo tuo secúndum misericórdiam tuam.

Tu sei giusto, Signore, e sono retti i tuoi giudizi:
agisci con il tuo servo secondo il tuo amore.

Reunido el pueblo, el sacerdote con los ministros va al altar, mientras se entona el can­to de entrada.
Cuando llega al altar, el sacerdote con los ministros hace la debida reverencia, besa el altar y, si se juzga oportuno, lo inciensa. Después se dirige con los ministros a la sede. Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan, mientras el sacerdote dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti.
Amen.
Nel nome del Padre del Figlio e dello Spirito Santo.
Amen
El sacerdote, extendiendo las manos, saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:

Saludo
Salutatio
SALUTO DEL CELEBRANTE

El Señor esté con vosotros
Dominus vobiscum.
Il Signore sia con voi.

Respuesta
Y con tu espíritu.
Et cum spiritu tuo.
E con il tuo spirito.

ACTO PENITENCIAL
Actus Pænitentialis
ATTO PENITENZIALE

Kyrie, eleison.
Kyrie, eleison.

Christe, eleison.
Christe, eleison.

Kyrie, eleison.
Kyrie, eleison.

Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad

Signore, pietà.
Signore, pietà.
Cristo, pietà.
Cristo, pietà.
Signore, pietà.
Signore, pietà.

Gloria
Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres
que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria
te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo.
Señor Dios, Cordero de Dios,
Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo
atiende nuestra súplica
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor,
sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo
en la gloria de Dios Padre.
Amén.

Glória in excélsis Deo
et in terra pax homínibus bonae voluntátis.
Laudámus te,
benedícimus te,
adorámus te,
glorificámus te,
grátias ágimus tibi propter magnam glóriam tuam,
Dómine Deus, Rex caeléstis,
Deus Pater omnípotens.
Dómine Fili unigénite, Iesu Christe,
Dómine Deus, Agnus Dei, Fílius Patris,
qui tollis peccáta mundi, miserére nobis;
qui tollis peccáta mundi, súscipe deprecatiónem nostram.
Qui sedes ad déxteram Patris, miserére nobis.
Quóniam tu solus Sanctus, tu solus Dóminus,
tu solus Altíssimus,
Iesu Christe, cum Sancto Spíritu: in glória Dei Patris.
Amen.

GLORIA A DIO
Gloria a Dio nell'alto dei cieli
e pace in terra agli uomini di buona volontà.
Noi ti lodiamo, ti benediciamo,
ti adoriamo, ti glorifichiamo,
ti rendiamo grazie per la tua gloria immensa,
Signore Dio, Re del cielo, Dio Padre onnipotente.
Signore, Figlio unigenito, Gesù Cristo,
Signore Dio, Agnello di Dio, Figlio del Padre;
tu che togli i peccati del mondo, abbi pietà di noi;
tu che togli i peccati del mondo, accogli la nostra supplica;
tu che siedi alla destra del Padre, abbi pietà di noi.
Perché tu solo il Santo, tu solo il Signore, tu solo l'Altissimo:
Gesù Cristo, con lo Spirito Santo
nella gloria di Dio Padre.
Amen.

Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas dice:

Oremos.
Preghiamo

Y todos junto con el sacerdote rezan en silencio durante unos instantes. Luego el sacerdote con las manos extendidas pronuncia la oración colecta. Cuando ésta finaliza el pueblo aclama: Amen

ORACIÓN COLECTA
COllECTA
COLLETTA
S: Oremus
Señor Dios, que nos has redimido para hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de Padre, para
que cuantos hemos creído en Cristo alcancemos la verdadera libertad y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Deus, per quem nobis et redémptio venit et præstátur adóptio, fílios dilectiónis tuæ benígnus inténde, ut in Christo credéntibus et vera tribuátur libértas, et heréditas ætérna. Per Dóminum.

O Padre, che ci hai donato il Salvatore e lo Spirito Santo, guarda con benevolenza i tuoi figli di adozione, perché a tutti i credenti in Cristo sia data la vera libertà e l'eredità eterna. Per il nostro Signore...

LITURGIA DE LA PALABRA
LITURGIA VERBI
LITURGIA DELLA PAROLA
El lector va al ambón y lee la primera lectura, que todos escuchan sentados.
Para indicar el fin de la lectura, el lector dice:
Palabra de Dios.
Todos aclaman:
Te alabamos, Señor.
El salmista o el cantor entona la antífona del salmo, y el pueblo la repite y la intercala entre las estrofas.
Si hay segunda lectura, se lee en el ambón, como la primera.
Para indicar el fin de la lectura, el lector dice:
Palabra de Dios.
Todos aclaman:
Te alabamos, Señor.
Sigue el canto del Aleluya o, en tiempo de Cuaresma, el canto antes del evangelio.
Mientras tanto, si se usa incienso, el sacerdote lo pone en el incensario.
Después el diácono (o el concelebrante que ha de proclamar el evangelio, en la misa presidida por el Obispo), inclinado ante el sacerdote, pide la bendición, diciendo en voz baja:
Padre, dame tu bendición.
El sacerdote en voz baja dice:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
El diácono o el concelebrante se signa y responde: Amén.
Si el mismo sacerdote debe proclamar el evangelio, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios  todopoderoso, para  que anuncie dignamente tu Evangelio.
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, acompañado eventualmente por los ministros que llevan el incienso y los cirios; ya en el ambón dice:
El Señor esté con ustedes.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
El diácono (o el sacerdote):
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san N.
Mientras tanto hace la señal de la cruz sobre el libro y sobre su frente, labios y pecho.
El pueblo aclama:
Gloria a ti, Señor.
El diácono (o el sacerdote), si se usa incienso, inciensa el libro.
Luego proclama el evangelio.
Acabado el evangelio el diácono (o el sacerdote) dice:
Palabra del Señor.
Todos aclaman:
Gloria a ti, Señor Jesús.
Si la aclamación es cantada pueden usarse otras respuestas de alabanza a Jesucristo, por ejemplo:
Tu palabra, Señor, es la verdad, y tu ley nuestra libertad.
O bien:
Tu palabra, Señor, es lámpara que alumbra nuestros pasos.
O bien:
Tu palabra, Señor, permanece por los siglos.
Después el diácono lleva el libro a quien preside, y éste lo besa, diciendo en secreto:
Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados.
O bien el mismo diácono besa el libro, diciendo en secreto las mismas palabras.
Luego tiene lugar la homilía; ésta es obligatoria todos los domingos y fiestas de precepto y se recomienda en los restantes días.
Acabada la homilía, si la Liturgia del día lo prescribe, se hace la profesión de fe:

Primera lectura, lectio prima, prima lectura
Is 35, 4-7

Digan a los que están desalentados:«¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios! Llega la venganza, la represalia de Dios: Él mismo viene a salvarlos!»
Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos; entonces el tullido saltará como un ciervo y la lengua de los mudos gritará de júbilo.
Porque brotarán aguas en el desierto y torrentes en la estepa; el páramo se convertirá en un estanque y la tierra sedienta en manantiales.
Verbum Dòmini. Deo gratias.
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor
Parola di Dio. Rendiamo grazie a Dio.
 
SALMO RESPONSORIAL.
PSALMUS RESPONSORIUS
SALMO RESPONSORIALE
Sal 145, 7-10
R. ¡Alaba al Señor, alma mía!
El Señor hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor libera a los cautivos. 
R.
Abre los ojos de los ciegos y endereza a los que están encorvados. El Señor ama a los justos, el Señor protege a los extranjeros.
R.
Sustenta al huérfano y a la viuda; y entorpece el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, reina tu Dios, Sión, a lo largo de las generaciones. 
R.
SEGUNDA LECTURA, LECTIO SECUNDA, SECONDA LETTURA
Sant 2, 1-7
Lectura de la carta de Santiago.
Hermanos, ustedes que creen en nuestro Señor Jesucristo glorificado, no hagan acepción de personas. Supongamos que cuando están reunidos, entra un hombre con un anillo de oro y vestido elegantemente, y al mismo tiempo, entra otro pobremente vestido. Si ustedes se fijan en el que está muy bien vestido y
le dicen: «Siéntate aquí, en el lugar de honor», y al pobre le dicen: «Quédate allí, de pie», o bien: «Siéntate a mis pies», ¿no están haciendo acaso distinciones entre
ustedes y actuando como jueces malintencionados?
Escuchen, hermanos muy queridos: ¿Acaso Dios no ha elegido a los pobres de este mundo para enriquecerlos
en la fe y hacerlos herederos del Reino que ha prometido a los que lo aman? Y sin embargo, ¡ustedes desprecian al pobre!
¿No son acaso los ricos los que los oprimen a ustedes y los hacen comparecer ante los tribunales? ¿No son ellos los que blasfeman contra el Nombre tan hermoso que ha sido pronunciado sobre ustedes?

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor
Verbum Dòmini. Deo gratias
Parola di Dio Rendiamo grazie a Dio.

ACLAMACIÓN
Cfr. Mt 4, 23
Aleluya. Jesús proclamaba la Buena
Noticia del Reino, y sanaba todas las
dolencias de la gente. Aleluya.


EVANGELIO
Evangelium
VANGELO
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, compañado eventualmente por los ministros que llevan el incienso y los cirios; ya en el ambón dice:
El Señor esté con vosotros.
El pueblo responde:
R: / Y con tu espíritu.

Dóminus vobíscum
Et cum spíritu tuo

El diácono (o el sacerdote):
Lectura del santo Evangelio según san N.
Léctio sancti Evangélii secúndum
Y mientras tanto hace la señal de la cruz sobre el libro y sobre su frente, labios y pecho.
El pueblo aclama:

R: / Gloria a ti, Señor. Glória tibi, Dómine.
El diácono (o el sacerdote), si se usa incienso, inciensa el libro.
Luego proclama el evangelio.
Acabado el evangelio el diácono (o el sacerdote) dice:
Palabra del Señor.
Todos aclaman:
R: / Gloria a ti, Señor Jesús.
Lectura (Proclamación)
 Mc 7, 31-37

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.
Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis. Entonces le presentaron a un
sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua.
Después, levantando los ojos al cielo,suspiró y le dijo: «Efatá», que significa: «Ábrete». Y en seguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a
hablar normalmente. Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban y, en el colmo de la
admiración, decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

S: Palabra del Señor .Te alabamos Señor
Verbum Domini. Laus tibi, Christe
Parola del Signore. Lode a te, o Cristo.

Homilía
OMELIA
Acabada la homilía, si la liturgia del día lo prescribe, se hace la profesión de fe:
Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.
Amén.

Professio fidei
Credo in unum Deum, Patrem omnipotentem, factorem caeli et terrae, visibilium omnium et invisibilium. Et in unum Dominum Iesum Christum, Filium Dei unigenitum, et ex Patre natum ante omnia saecula. Deum de Deo, lumen de lumine, Deum verum de Deo vero, genitum, non factum, consubstantialem Patri: per quem omnia facta sunt. Qui propter nos homines et propter nostram salutem descendit de caelis. Et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine, et homo factus est. Crucifixus etiam pro nobis sub Pontio Pilato; passus et sepultus est, et resurrexit tertia die, secundum Scripturas, et ascendit in caelum, sedet ad dexteram Patris. Et iterum venturus est cum gloria, iudicare vivos et mortuos, cuius regni non erit finis. Et in Spiritum Sanctum, Dominum et vivificantem: qui ex Patre Filioque procedit. Qui cum Patre et Filio simul adoratur et conglorificatur: qui locutus est per prophetas. Et unam, sanctam, catholicam et apostolicam Ecclesiam. Confiteor unum baptisma in remissionem peccatorum. Et expecto resurrectionem mortuorum et vitam venturi saeculi.

Credo in un solo Dio,
Padre onnipotente, creatore del cielo e della terra,
di tutte le cose visibili e invisibili.
Credo in un solo Signore, Gesù Cristo,
unigenito Figlio di Dio, nato dal Padre prima di tutti i secoli.
Dio da Dio, Luce da Luce, Dio vero da Dio vero;
generato, non creato; della stessa sostanza del Padre;
per mezzo di lui tutte le cose sono state create.
Per noi uomini e per la nostra salvezza discese dal cielo;
e per opera dello Spirito Santo
si é incarnato nel seno della Vergine Maria e si é fatto uomo.
Fu crocifisso per noi sotto Ponzio Pilato, morì e fu sepolto.
Il terzo giorno é risuscitato, secondo le Scritture;
é salito al cielo, siede alla destra del Padre.
E di nuovo verrà, nella gloria, per giudicare i vivi e i morti,
e il suo regno non avrà fine.
Credo nello Spirito Santo, che é Signore e da la vita,
e procede dal Padre e dal Figlio
e con il Padre e il Figlio é adorato e glorificato
e ha parlato per mezzo dei profeti.
Credo la Chiesa, una, santa, cattolica e apostolica.
Professo un solo battesimo per il perdono dei peccati.
Aspetto la risurrezione dei morti e la vita del mondo che verrà.
Amen.
Después se hace la plegaria universal u oración de los fieles, que se desarrolla de la siguiente forma:
lnvitatorio
El sacerdote invita a los fieles a orar, por medio de una breve monición.

Intenciones
Las intenciones son propuestas por un diácono o, en su defecto, por un lector o por otra persona idónea.
El pueblo manifiesta su participación con una invocación u orando en silencio.
La sucesión de intenciones ordinariamente debe ser la siguiente:
a) por las necesidades de la Iglesia;
b) por los gobernantes y por la salvación del mundo entero;
e) por aquellos que se encuentran en necesidades particulares;
d) por la comunidad local.
Conclusión

El sacerdote termina la plegaria común con una oración conclusiva
Deinde fit oratio universalis, seu oratio fidelium.

Oratio Fidelium
ORACIONES DE LOS FIELES
PREGHIERA DEI FEDELI

LITURGIA EUCARÍSTICA
LITURGIA EUCHARISTICA
LITURGIA EUCARISTICA

Acabada la Liturgia de la Palabra, los ministros colocan en el altar el corporal, el puri­ficador, el cáliz y el misal; mientras tanto puede ejecutarse un canto adecuado.

Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración de la eucaristía, bien aportando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres.

El sacerdote se acerca al altar, toma la patena con el pan y, manteniéndola un poco elevada sobre el altar, dice en secreto:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te  presentamos; él será para nosotros pan de vida.

Después deja la patena con el pan sobre el corporal.

Si no se canta durante la presentación de las ofrendas, el sacerdote puede decir en voz alta estas palabras; al final el pueblo puede aclamar:
Bendito seas por siempre, Señor
El diácono, o el sacerdote, echa vino y un poco de agua en el cáliz, diciendo en secreto:
El agua unida al vino sea signo de nuestra participación en la vida divina de quien ha querido compartir nuestra condición humana.

Después el sacerdote toma el cáliz y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, dice en secreto:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.
Después deja el cáliz sobre el corporal.
Si no se canta durante la presentación de las ofrendas, el sacerdote puede decir en voz alta estas palabras; al final el pueblo puede aclamar:
Bendito seas por siempre, Señor.
A continuación, el sacerdote, inclinado, dice en secreto:
Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu
humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia,
Señor, Dios nuestro.
Y, si se juzga oportuno, inciensa las ofrendas y el altar. A continuación el diácono o un ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.

Luego el sacerdote, de pie a un lado del altar, se lava las manos, diciendo en secreto:
Lava del todo mi delito, Señor,
 limpia mi pecado.
Lava me, Domine, ab iniquitate mea, et a peccato meo munda me.


 Después, de pie en el centro del altar y de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice una de las siguientes fórmulas:
Orad, hermanos,
para que este sacrificio, mío y vuestro,
sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
Orate, fratres, ut meum ac vestrum sacrificium acceptabile fiat apud Deum Patrem omnipotentem!
O bien:
En el momento de ofrecer
el sacrificio de toda la Iglesia,
oremos a Dios, Padre todopoderoso.
O bien:
Orad, hermanos,para que, llevando al altar los gozos y las fatigas de cada día,
nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.

El pueblo responde:
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien
y el de toda su santa Iglesia.

Luego el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas.


ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Oratio SUPER OBLATA (nos ponemos de pie)
l’ORAZIONE SULLE OFFERTE.  
Dios nuestro, fuente del amor sincero  y de la paz, concédenos glorificar tu nombre con estas ofrendas que te presentamos; y por la participación en la eucaristía ayúdanos a vivir unidos
en un sólo corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Deus, auctor sincéræ devotiónis et pacis, da, quæsumus, ut et maiestátem tuam conveniénter hoc múnere venerémur, et sacri participatióne mystérii fidéliter sénsibus uniámur. Per Christum.

O Dio, sorgente della vera pietà e della pace, salga a te nella celebrazione di questo mistero la giusta adorazione per la tua grandezza e si rafforzi la fedeltà e la concordia dei tuoi figli. Per Cristo nostro Signore.

Súper Oblata
La oración sobre las ofrendas termina siempre con la conclusión breve.
Si la oración se dirige al Padre:
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Si la oración se dirige al Padre, pero al final de la misma se menciona al Hijo:
Él, que vive y reina
por los siglos de los siglos.

Si la oración se dirige al Hijo:
Tú que vives y reinas
por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:
Amén.

Prex Eucharistica
PLEGARIA EUCARISTICA
PREGHIERA EUCARISTICA

En las plegarias eucarísticas se pueden nombrar junto al Obispo diocesano a los Obis­pos coadjutores o auxiliares y al Obispo que eventualmente preside una concelebración. Si el celebrante es Obispo, siempre se nombra a si mismo; el Obispo diocesano se nom­bra después del Papa; los otros Obispos se nombran a sí mismos después del Obispo diocesano.
En la plegaria eucarística primera o Canon romano pueden omitirse aquellas partes que están incluidas dentro de  corchetes.
PREFACIO Præfatio

El sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Con las manos extendidas dice:
El Señor esté con vosotros.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
El sacerdote, elevando las manos, prosigue:
Levantemos el corazón.
El pueblo responde:
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
El sacerdote, con las manos extendidas, añade:
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
El pueblo responde:
Es justo y necesario.
El sacerdote prosigue el prefacio con las manos extendidas.
Al final del prefacio junta las manos y, en unión del pueblo,


PREFACIO

Dominus vobiscum.
Et cum spiritu tuo.

Sursum corda.
Habemus ad Dominum.

Gratias agamus Domino Deo nostro.
Dignum et iustum est.

concluye el prefacio, can­tando o diciendo en voz alta:
Sanctus, sanctus, sanctus Dominus Deus Sabaoth. Pleni sunt caeli et terra gloria tua. Hosanna in excelsis. Benedictus qui venit in nomine
Domini. Hosanna in excelsis.
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
                          Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
            Hosanna en el cielo.


Ahora se elige alguna de las Plegarias Eucarísticas
PLEGARIA EUCARÍSTICA III
31. El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Santo eres en verdad, Padre,
y con razón te alaban todas tus criaturas,
ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro,
con la fuerza del Espíritu Santo,
das vida y santificas todo,
y congregas a tu pueblo sin cesar,
para que ofrezca en tu honor
un sacrificio sin mancha
desde donde sale el sol hasta el ocaso.

32. Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
Por eso, Padre, te suplicamos
que santifiques por el mismo Espíritu
estos dones que hemos separado para ti,

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
de manera que sean
Cuerpo y Sangre de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro,
Junta las manos.
que nos mandó celebrar estos misterios.

33. En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse con claridad, como lo requiere la naturaleza de éstas.
Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió
y lo dio a sus discípulos, diciendo:
Se inclina un poco.
Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.






34. Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó el cáliz,
dando gracias te bendijo,
y lo pasó a sus discípulos, diciendo:
Se inclina un poco.
Tomad y bebed todos de él,
porque éste es el cáliz de mi Sangre,
Sangre de la alianza nueva y eterna,
que será derramada por vosotros
y por todos los hombres
para el perdón de los pecados.
Haced esto en conmemoración mía.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

35. Luego dice una de las siguientes fórmulas:
1 Éste es el Sacramento de nuestra fe.
O bien:
Éste es el Misterio de la fe.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!
2 Aclamad el Misterio de la redención:
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
3 Cristo se entregó por nosotros.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Por tu cruz y resurrección
nos has salvado, Señor.

36. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Así, pues, Padre,
al celebrar ahora el memorial
de la pasión salvadora de tu Hijo,
de su admirable resurrección y ascensión al cielo,
mientras esperamos su venida gloriosa,
te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia,
y reconoce en ella a la victima

por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad,
para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo
y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.
Que él nos transforme en ofrenda permanente,                     
para que gocemos de tu heredad
junto con tus elegidos:
con María, la Virgen Madre de Dios,
los apóstoles y los mártires,
[san N.: santo del día o patrono]
y todos los santos, por cuya intercesión
confiamos obtener siempre tu ayuda.
Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación
traiga la paz y la salvación al mundo entero.
Confirma en la fe y en la caridad
a tu Iglesia, peregrina en la tierra:
a tu servidor, el Papa N., a nuestro Obispo N.,
Puede hacerse también mención de los Obispos coadjutores o auxiliares y, en las concelebraciones, del Obispo que preside la celebración.
El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:
a mí, indigno siervo tuyo,
Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario, dice:
a mi hermano N., Obispo de esta Iglesia de N.,
a mí, indigno siervo tuyo,
al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos,
y a todo el pueblo redimido por ti.
Atiende los deseos y súplicas de esta familia
que has congregado en tu presencia.
Reúne en torno a ti, Padre misericordioso,
a todos tus hijos dispersos por el mundo.
A nuestros hermanos difuntos
y a cuantos murieron en tu amistad
recíbelos en tu reino,
donde esperamos gozar todos juntos
de la plenitud eterna de tu gloria,
Junta las manos.
por Cristo, Señor nuestro,
por quien concedes al mundo todos los bienes.
37. Toma la patena, con el pan consagrado, y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
Amén.


Después sigue el rito de la comunión.
RITO DE COMUNION
RITUS COMMUNIONIS
RITI DI COMUNIONE

Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Fieles a la recomendación del Salvador
y siguiendo su divina enseñanza,
nos atrevemos a decir:
O bien:
Llenos de alegría por ser hijos de Dios,
digamos confiadamente
la oración que Cristo nos enseñó:
O bien:
El amor de Dios ha sido derramado
en nuestros corazones
con el Espíritu Santo que se nos ha dado;
digamos con fe y esperanza:
O bien:
Antes de participar en el banquete de la
Eucaristía,
signo de reconciliación
y vinculo de unión fraterna,
oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Pater noster, qui es in caelis:
sanctificétur nomen tuum;
advéniat regnum tuum;
fiat volúntas tua, sicut in caelo, et in terra.
Panem nostrum cotidiánum da nobis hódie;
et dimítte nobis débita nostra,
sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris;
et ne nos indúcas in tentatiónem;
sed líbera nos a malo.

Padre nostro, che sei nei cieli,
sia santificato il tuo nome,
venga il tuo regno, sia fatta la tua volontà,
come in cielo così in terra.
Dacci oggi il nostro pane quotidiano,
e rimetti a noi i nostri debiti
come noi li rimettiamo ai nostri debitori,
e non ci indurre in tentazione, ma liberaci dal male.
.
El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue él solo:
Líbranos de todos los males, Señor,
y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libre de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.
Liberaci, o Signore, da tutti i mali,
concedi la pace ai nostri giorni;
e con l'aiuto della tua misericordia,
vivremo sempre liberi dal peccato e sicuri da ogni turbamento,
nell'attesa che si compia la beata speranza,
e venga il nostro Salvatore Gesù Cristo.
Tuo é il regno, tua la potenza
e la gloria nei secoli
Junta las manos.
El pueblo concluye la oración, aclamando:
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo,
que dijiste a tus apóstoles:
"La paz os dejo, mi paz os doy",
no tengas en cuenta nuestros pecados,
sino la fe de tu Iglesia
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Tú que vives y reinas
por los siglos de los siglos.
El pueblo responde:
Amén.
El sacerdote, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con vosotros.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
Daos fraternalmente la paz.
O bien:
Como hijos de Dios, intercambiad ahora
un signo de comunión fraterna.
O bien:
En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su
cruz,
daos la paz como signo de reconciliación.
O bien:
En el Espíritu de Cristo resucitado,
daos fraternalmente la paz.
Y todos, según la costumbre del lugar, se dan la paz. El sacerdote da la paz al diácono o al ministro.
Después toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena, y deja caer una parte del mismo en el cáliz, diciendo en secreto:
El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo,
unidos en este cáliz,
sean para nosotros
alimento de vida eterna.
Mientras tanto se canta o se dice:
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
danos la paz.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi: miserere nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi: miserere nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi: dona nobis pacem

Agnello di Dio, che togli i peccati del mondo, abbi pietà di noi.
Agnello di Dio, che togli i peccati del mondo, abbi pietà di noi.
Agnello di Dio, che togli i peccati del mondo, dona a noi la pace.

Si la fracción del pan se prolonga, el canto precedente puede repetirse varias veces. La última vez se dice: danos la paz.
A continuación el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto:
Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo,
que por voluntad del Padre,
cooperando el Espíritu Santo,
diste con tu muerte la vida al mundo,
líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre,
de todas mis culpas y de todo mal.
Concédeme cumplir siempre tus mandamientos
y jamás permitas que me separe de ti.

O bien:
Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre
no sea para mí un motivo de juicio y condenación,
sino que, por tu piedad,
me aproveche para defensa de alma y cuerpo
y como remedio saludable.

El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Y, juntamente con el pueblo, añade:
Señor, no soy digno
de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya
bastará para sanarme.
El sacerdote dice en secreto:
El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna.
Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.
Después toma el cáliz y dice en secreto:
La Sangre de Cristo me guarde para la vida eterna.

Y bebe reverentemente la Sangre de Cristo.
Después toma la patena o la píxide, se acerca a los que quieren comulgar y les  presenta el pan consagrado, que sostiene un poco elevado, diciendo a cada uno de ellos:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.
Y comulga.



El diácono y los ministros que distribuyen la Eucaristía observan los mismos ritos.
Si se comulga bajo las dos especies, se observa el rito descrito en su lugar. (Instr. Gen. n. 240-252).
Cuando el sacerdote comulga el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de comunión.
Acabada la comunión, el diácono, el acólito, o el mismo sacerdote, purifica la patena sobre el cáliz y también el mismo cáliz, a no ser que se prefiera purificarlo en la credencia después de la misa.
Si el sacerdote hace la purificación, dice en secreto:
Haz, Señor,
que recibamos con un corazón limpio
el alimento que acabamos de tomar,
y que el don que nos haces en esta vida nos aproveche para la eterna.
Después el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
Luego, de pie en la sede o en el altar, el sacerdote dice:
Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunióñ.

POSTCOMMUNIO
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
DOPO LA COMUNIONE
Oremus
Señor nuestro, que alimentas y vivificas a tus fieles con tu palabra y con los sacramentos del cielo, concédenos
aprovechar de tal manera estos dones de tu Hijo amado que merezcamos participar siempre de su vida divina.
Él que vive y reina por los siglos de los siglos.
Da fidélibus tuis, Dómine, quos et verbi tui et cæléstis sacraménti pábulo nutris et vivíficas, ita dilécti Fílii tui tantis munéribus profícere, ut eius vitæ semper consórtes éffici mereámur. Qui vivit et regnat in sæcula sæculórum..
O Padre, che nutri e rinnovi i tuoi fedeli alla mensa della parola e del pane di vita, per questi doni del tuo Figlio aiutaci a progredire costantemente nella fede, per divenire partecipi della sua vita immortale. Per Cristo nostro Signore.

La oración después de la comunión termina con la conclusión breve.
Si la oración se dirige al Padre:
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Si la oración se dirige al Padre, pero al final de la misma se menciona al Hijo:
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Si la oración se dirige al Hijo:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
Amén.
Oratio Super Populum
BENDICIONES SOLEMNES
Inclinaos para recibir la bendición.
Luego, el sacerdote, extendidas las manos sobre el pueblo, dice la bendición.
Todos responden: Amen.

RITUS CONCLUSIONIS
RITO DE CONCLUSION

En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.

Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice:
El Señor esté con vosotros.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
La bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo +  y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.
El pueblo responde:
Amén.


viernes, 7 de septiembre de 2012

“La ignorancia bíblica rebota en adulteración litúrgica”, según el profesor González Padrós



“La ignorancia bíblica rebota en adulteración litúrgica”, según el profesor González Padrós


“La Liturgia, fuente y espacio para la Fe” fue el tema de la conferencia impartida por el Profesor Jaume González Padrós, director del Instituto Superior de Liturgia de Barcelona, en las XIII Jornadas de Teología organizadas en Santiago por el Instituto Teológico Compostelano.

Jaume Gónzalez es sacerdote de la archidiócesis de Barcelona. Tras los estudios filosóficos y teológicos en el Seminario Mayor diocesano, se licenció en Teología (especialización Liturgia) en el Instituto Superior de Liturgia de Barcelona. Completó sus estudios superiores doctorándose en Teología, especialización “Sacramento”, en la Facultad de Teología del Pontificio Ateneo San Anselmo de Roma. Actualmente es Director del Instituto Superior de Liturgia de Barcelona y profesor del mismo, así como de la Facultad de Teología de Cataluña. Director también de la Semana de Liturgia, y de la revista «Liturgia y Espiritualidad».
Miembro del Centro de Pastoral Litúrgica de Barcelona, ha publicado varios trabajos, entre ellos los libros «La ordenación: una novedad de vida», de la colección «Emaús» n. 56, «La Liturgia de las Horas en la parroquia», «Los ritos iniciales de la misa» y «Comunión y conclusión de la misa» de la colección «Liturgia Básica» nn. 13, 38 y 45 respectivamente, y el estudio «La asamblea litúrgica en la obra de Aimé G. Martimort », dentro de la colección« Biblioteca Litúrgica »n. 21. Es Consultor de la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española, miembro del Consejo de Redacción de la revista “Phase”, y de la Asociación Española de Profesores de Liturgia; y Rector de la parroquia de San Lorenzo, en la ciudad de Barcelona.

González Padrós en su intervención en Santiago hizo un análisis de la importancia de la Constitución Sacrosanctum Concilium y de la reforma litúrgica post-conciliar. Hizo un recorrrido por los textos conciliares y de los Papas a respecto de la importancia de la Liturgia y sus relaciones con la Teología y la Fe. Describió una serie de omisiones y abusos que se han producido a lo largo de los años. Recordó lo expresado por Benedicto XVI cuando dijo que habia habido “deformaciones al límite de lo soportable”. Recordó el sentido eclesial de la disciplina liturgica asi como el sentido de lo sagrado o el “sagrado subjetivo”. Analizó la insuficiente formación que se da en algunas partes y explicó lo que es la renovación litúrgica real.

El profesor Gonzalez Padrós señaló que: “Todos admitimos que en la Reforma Conciliar no todo han sido luces. Que estas han dominado el campo visiual es cierto y por ello damos gracias a Dios. Pero la respuesta humana no siempre ha estado a la altura del don divino. Para un observador de mi generación, que no tiene experiencia personal del antes del Vaticano II, le es muy dificil evitar la sorpresa ante algunas realidades litúrgicas, que si bien pretenden pasar por conciliares, están de hecho muy alejadas tanto del documento Sacrosanctum Concilium, como de su prehistoria y de su interpretación magisterial. No puedo dejar de pensar que para algunos hermanos mayores míos les fue muy complicado distinguir entre el texto y el pretexto a la hora de poner en práctica las directrices conciliares”.

Para el Director del Instituto Superior de Liturgia de Barcelona: “Tampoco se descubre nada nuevo si afirmamos que en el ansia de formación que se desprende en la Sacrosanctum Concilium se ha visto en buena parte frustrada. De lo contrario no se habrían dado tantas disonancias . En el N. 14 esta Constitución dice que lo deseado por el Concilio no se podrá alcanzar: “si antes los mismos pastores de almas no se impregnan totalmente del espíritu y de la fuerza de la Liturgia y llegan a ser maestros de la misma, es indispensable que se provea antes que nada a la educación litúrgica del clero”. La Liturgia no es una de las “Marías”.

El Concilio dice que todos los grandes tratados teológicos estén en sintonía con el tratado de la Liturgia, y que este venga a ser como el quicio de todos los grandes tratados teológicos. ¿Dónde se hace esto? ¿en qué Facultad de Teología se hace esto?…
Guardini, el gran Romano Guardini, en el año 65 escribía: “este es el trabajo de hoy –la educación litúrgica- si no se realiza, la reforma de los ritos y de los textos no representará mucho”. La afirmación de Guardini torna en nuestro hoy, una especial significación. Porque sí, hablemos de nuestro hoy. De cómo estamos hoy.

En pocos años hemos visto aparecer numerosos grupos filosófico-religiosos, muchos de ellos con marca asiática, que captan a no pocos de nuestros conciudadanos aparentemente ateos o agnósticos y claramente desmotivados, quizás desengañados, por lo que al Cristianismo se refiere y en concreto al Cristianismo que representa la Iglesia Católica.

Pasan delante de nuestros templos con indiferencia y con la misma actitud asisten –que no participan- a nuestras celebraciones litúrgicas, acompañando a amigos o parientes, en bodas, funerales, bautizos”.

El Profesor Gonzalez Padrós está “de acuerdo con las palabras de Admiro Ritcci en el libro: ”Retos del pensamiento débil” cuando dice: “La muerte de Dios anunciada por Nietche, no deja al ser humano en el vacío ontológico, donde afirmar incondicionalmente su libertad como pretende Sartre, o contemplar desesperadamente su disolución como quieren otros sino que hace posible la apertura de un espacio donde florecen las divinidades”. Porque este es el resultado de la afirmada proliferación de los nuevos movimientos religiosos. La multiplicación de dioses, de verdades, y de ritos. No es la aparición, no es la aparición, la multiplicación. De esta forma el fenómeno religioso post-moderno acaba por obtener el efecto contrario al motivo por el que se pensaba había nacido, su pretensión nos decían, era destilar la verdad sobre Dios, sobre el hombre, dado que las las impurezas de las iglesias institucionales históricas impedían el acceso a ella. Y sin embargo, lo que hacen es fecundar divinidades e infinitos sin parar, creando un mercado de lo religioso, donde todo huele a relativismo. En consecuencia, la cualidad fundamental de lo divino, es decir su ser absoluto y último, queda hipotecada radicalmente.

En este marco la liturgia de la Iglesia debe presentarse con toda nitidez, como respuesta serena y arraigada tanto en la razón humana como en el don del único Dios para que el símbolo vehiculado por el rito pueda comprenderse, sentirse, vivirse como la verdadera respuesta a la visión espiritual de la existencia que en el fondo, reclama toda sociedad humana.

A la pretensión de dominar el natural y el sobrenatural, de suprimir la tensión entre finito e infinito, el rito cristiano pone al diálogo estas dos realidades en la lógica de la encarnación del Verbo, sin pretender anular la distancia desde la racionalidad, sino anclando su comunicación en la Fe. Una auténtica celebración simbólica respeta el conflicto entre los elementos citados y así lo abre a la trascendencia.

Por ello, corresponde a la Liturgia cristiana el deber de no eliminar el misterio. Ha de alejarse de una ritualidad que tenga la pretensión de mostrar como algo diáfano lo que sólo en la Fe, puede ser contemplado y aceptado. Porque por una parte está el silencio de Dios, sobre el que se balancean tantos grupos sectarios en nuestros días y que a menudo también para un cristiano representa el compendio de lo trágico, tanto de la humanidad como del mismo cristianismo. Este silencio de Dios…
Pero por otra parte el símbolo cristiano es presencia, acontecimiento con mayúscula, de una presencia, si bien en la lógica del símbolo, en esta lógica, el acontecimiento aparece siempre incompleto: sí, pero todavía no. Dimensión escatológica.

Y en esta situación debe mostrarse ritualmente, porque en la Liturgia que tome posesión del acontecimiento desde el rubricismo, sea del tenor que sea, caería en la idolatría. Precisamente por lo que estamos diciendo, urge una serena fidelidad a los ritos y preces con los que la Iglesia pone ante sus ojos y los de todo el mundo, la presencia del Dios vivo, porque precisamente en la liturgia Dios no es-como diría Heidelberg- una presencia muda, sino que en ella, en la liturgia, él mismo pronuncia la única palabra que puede sacar de la perplejidad esta sociedad actual, suspendida entre el impulso hacia el último Dios y la muchedumbre de dioses”.

Y concluyó Jaume González Padrós expresando: “Es por ello que con Guardini clamamos por una educación litúrgica vital para que el mundo crea y muy oportuno en este éste año de la Fe”.

23a domenica del tempo ordinario - anno B -

Liturgia de la Natividad de María 08 de septiembre 2012





La fiesta de la plenitud y el alivio
Joseph Ratzinger,Hoy Benedicto XVI

Una fiesta como la de la Natividad de la santísima virgen María, por la época en que se celebra —es decir, cuando el tiempo, después de los calores estivales, se hace más suave, y cuando la uva y tantos otros frutos llegan a madurar— expresa muy bien dos conceptos: el de la "plenitud de los tiempos" (cf Gál 4,4; Ef 1,10; Heb 9,26) y el del alivio beneficioso  aportado por el nacimiento de María.
Todo en el AT converge hacia el tiempo de la encarnación, y en este punto comienza el NT. En ese momento de plenitud se inserta María, La natividad de María —comenta san Andrés de Creta en la homilía sobre la segunda lectura del oficio de la fiesta (cf Sermón 1: PG 97, 810)— "representa el tránsito de un régimen al otro, en cuanto que convierte en realidad lo que no era más que símbolo y figura, sustituyendo lo antiguo por lo nuevo". La  liturgia de la fiesta de la Natividad de la santísima virgen María reafirma en diversos tonos la idea de la plenitud de los tiempos: en la primera lectura del oficio se preanuncia el gran momento de la aparición de la íntima colaboradora de aquel que conseguiría la victoria definitiva sobre la serpiente infernal, aparición, por ello, destinada a iluminar a toda la   iglesia. 

El tema de la luz recurre constantemente en la fiesta de la Natividad de la santísima virgen María: "Por su vida gloriosa todo el orbe quedó iluminado" (segundo responsorio de las lecturas del oficio). "Cuando nació la santísima Virgen, el mundo se iluminó" (segunda  antífona de laudes). "De ti nació el sol de la justicia" (ant. del Benedictus). Y junto al tema de la luz, obviamente, el tema de la alegría. "Que toda la creación... rebose de contento y contribuya a su modo a la alegría propia de este día" (segunda lectura del oficio). 

"Celebremos con gozo el nacimiento de María" (tercera ant. de laudes). "Tu nacimiento... anunció la alegría a todo el mundo" (ant. del Benedictus).
Plenitud de los tiempos, luz y alegría. Quizá se logre entender mejor lo que representa el nacimiento de la Virgen para la humanidad si se tiene en cuenta la condición de un encarcelado. Los días del encarcelado son largos, interminables... Cuenta los minutos de la última noche que transcurre en la cárcel. Después, finalmente, las puertas se abren: ¡ha llegado la hora tan esperada de la libertad! Esos minutos interminables, contados uno a uno, nos recuerdan las páginas evangélicas de la genealogía de Jesús. Unos nombres se suceden a otros con monotonía: "Abrahán engendró a lsaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá... Jesé engendró a David, el rey. David engendró a Salomón..." (Mt 1,2.6ab). Hasta que suena, finalmente, la hora querida por Dios: es la plenitud de los
tiempos, el inicio de la luz, la aurora de la salvación: "Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, el llamado Cristo" (Mt 1 .16).

Significado litúrgico y comentario homilético actualizado 
 
1. LA LITURGIA ESTABLECE UN PARALELISMO ENTRE CRISTO Y MARÍA. La liturgia no acostumbra celebrar el nacimiento terreno de los santos (la única excepción la constituye san Juan Bautista). Celebra, en cambio, el día de la muerte, al que llama dies natalis, día del nacimiento para el cielo. Por el contrario, cuando se trata de la Virgen santísima madre del Salvador, de aquella que más se asemeja a él, aparece claramente el paralelismo perfecto existente entre Cristo y su madre. Y así como de Cristo celebra la concepción el 25 de marzo y el nacimiento el 25 de diciembre, así de la Virgen celebra la concepción el 8 de diciembre y su nacimiento el 8 de septiembre, y como celebra la resurrección y la ascensión de Jesús, también celebra la asunción y la realeza de la Virgen.
San Andrés de Creta exclama: "Hoy (se refiere al día del nacimiento de la Virgen), en efecto, ha sido construido el santuario creado del Creador de todas las cosas, y la creación, de un modo nuevo y más digno, queda dispuesta para hospedar en sí al supremo Hacedor" (Sermón 1: PG 97,810). 


Historia y orígenes de la fiesta

 
Con este nombre se celebra una fiesta el 8 de septiembre. No se trata, como en las fiestas de la Asunción y de la Inmaculada, de un dogma, sino de una conmemoración. 

La celebración de la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María, es conocida en Oriente desde el siglo VI. Fue fijada el 8 de septiembre, día con el que se abre el año litúrgico bizantino, el cual se cierra con la Dormición, en agosto. En Occidente fue introducida hacia el siglo VII y es una de aquellas cuatro principales fiestas de María en honor de las cuales el Papa Sergio I organizó una solemne procesión que salía de la iglesia de San Adriano en el foro romano y terminaba en Santa María Mayor, donde se celebraba la Misa. 

El Evangelio no nos da datos del nacimiento de María, pero hay varias tradiciones. Algunas, considerando a María descendiente de David, señalan su nacimiento en Belén. Otra corriente griega y armenia, señala Nazareth como cuna de María. 

  Los orígenes de esta fiesta hay que buscarlos en Oriente y probablemente en Jerusalén. Ya en el siglo V existía en Jerusalén el santuario mariano situado junto a los restos de la piscina Probática, o sea, de las ovejas. Debajo de la hermosa iglesia románica, levantada por los cruzados, que aún existe -la Basílica de Santa Ana- se hallan los restos de una basílica bizantina y unas criptas excavadas en la roca que parecen haber formado parte de una vivienda que se ha considerado como la casa natal de la Virgen.

Esta tradición, fundada en apócrifos muy antiguos como el llamado Protoevangelio de Santiago (siglo II), se vincula con la convicción expresada por muchos autores acerca de que Joaquín, el padre de María, fuera propietario de rebaños de ovejas. Estos animales eran lavados en dicha piscina antes de ser ofrecidos en el templo. 

El primer testimonio de la fiesta es un himno de Román el Melodo (año 560). Para San Andrés de Creta (740) esta fiesta es ya una antigua tradición. En Occidente se introdujo en el siglo VII. Además de la noticia del Liber Pontificalis referente a la procesión ordenada por Sergio I, tenemos el testimonio de los sacramentarios romanos a partir del Gelasiano antiguo. No obstante, la fiesta se propagó muy lenta y desigualmente en Occidente: en Milán en tiempo de Beroldo (1124) era desconocida, no obstante hallarse consignada en los Martirologios. 

Amalario ni siquiera hace mención de la misma. En cambio, en el Concilio de Reims (630) se prescribe como día festivo. A partir del siglo XI-XII se halla generalmente establecida. La octava fue debida a un voto de los cardenales en el difícil cónclave de 1241. Gregorio XI (1378) la dotó de una vigilia.
Es la fiesta patronal de muchísimos santuarios y es así un bella manera de simbolizar el nacimiento espiritual de la Virgen en muchos pueblos. En los nuevos libros litúrgicos promulgados por Pablo VI, esta fiesta ha sido muy revalorizada, principalmente, por sus dos himnos nuevos: uno de autor anónimo del s. X y otro de S. Pedro Damián.

La fiesta tiene la alegría de un anuncio premesiánico.  Es por eso, que esta celebración, como enseña San Andrés de Creta es, "el principio de las festividades y sirve como puerta hacia la gracia y la verdad." San Juan Damasceno dijo: "el día de la natividad de la Madre de Dios es festividad de alegría universal, pues a través de Ella se renovó todo el género humano, y la aflicción de la madre Eva se convirtió en alegría" (homilía que pronunció un 8 de septiembre en la Basílica de Santa Ana). 




SÁBADO 8 DE SEPTIEMBRE 2012
La Natividad de la Santísima Virgen María (F).
Blanco.

Antífona de entrada
Celebremos con alegría el nacimiento de la Santísima Virgen María, de quien nació el sol de justicia, Cristo nuestro Señor.

Oración colecta
Concédenos, Dios nuestro, las riquezas de tu gracia, y ya que la maternidad de la Virgen María fue para nosotros el comienzo de la salvación, que la fiesta de su Natividad acreciente la paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos
de los siglos.


ALELUYA
Aleluya. ¡Eres feliz, santa Virgen María, y digna de toda alabanza; de ti nació el sol de justicia, Cristo, nuestro Dios! Aleluya.

EVANGELIO Mt 1, 1-16. 18-23
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo.

Genealogía de Jesucristo, hijo de David,
hijo de Abraham: Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob,padre de Judá y de sus hermanos. Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de éstos fue Tamar. Fares fue padre de Esrón; Esrón padre de Arám; Arám,padre de Aminadab; Aminadab, padre de  Naasón; Naasón, padre de Salmón.
Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de éste fue Rut. Obed fue padre de Jesé; Jesé, padre del rey David. David fue padre de Salomón, y la madre de éste fue la que había sido mujer de Urías. Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías; Abías, padre de Asá; Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Jorám; Jorám, padre de Ozías. Ozías fue padre de
Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías; Ezequías, padre de
Manasés. Manasés fue padre de Amón; Amón, padre de Josías; Josías, padre de
Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia. Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel; Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacím; Eliacím, padre de Azor. Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquím; Aquím, padre de Eliud; Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob. Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo. Jesucristo fue engendrado así: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su Pueblo de todos sus pecados”. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: “La Virgen
concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel”, que traducido significa: “Dios con nosotros”.
Palabra del Señor.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Que tu Hijo unigénito venga en nuestra ayuda, Señor, y el que al nacer de la Virgen no menoscabó sino que consagró la integridad de su Madre, nos purifique de nuestros pecados y haga aceptable ante ti nuestra ofrenda. Por
Jesucristo, nuestro Señor

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Cfr. Is 7, 14; Mt 1, 21
La Virgen dará a luz un hijo que salvará
al pueblo de sus pecados.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Padre, que se alegre tu Iglesia fortalecida con estos sagrados misterios, y se goce por el nacimiento de la santísima Virgen María, esperanza y aurora de salvación para el mundo entero. Por Jesucristo, nuestro Señor.





ENLACES:


jueves, 6 de septiembre de 2012

Jesús tiene en sus manos la Iglesia de todos los tiempos, reitera el Papa




Jesús tiene en sus manos la Iglesia de todos los tiempos, reitera el Papa

RV).- Reanudando las audiencias generales en el Vaticano, Benedicto XVI prosiguió su «escuela de oración», «que estamos viviendo juntos» en su catequesis, dedicada hoy al Libro del Apocalipsis. El último libro del Nuevo Testamento, que aún siendo difícil - dijo el Papa- , contiene una gran riqueza, pues nos pone en contacto con la oración viva y palpitante de la asamblea cristiana, reunida en el ‘día del Señor’, telón de fondo en el que se desarrolla todo el texto.

El Santo Padre reflexionó sobre las tres partes que componen el libro conocido también como de la Revelación de Juan. Sinfonía de oración, que se hace diálogo de amor, de bendición y de salvación para toda la humanidad. Benedicto XVI hizo hincapié en la importancia del silencio interior y exterior para escuchar a Dios que nos habla y percibir y testimoniar la presencia de Jesucristo en nuestra vida y en la historia, llevando en su mano también a la Iglesia y que nos sostiene en particular en los momentos difíciles .

El Santo Padre llegó al Vaticano en helicóptero, desde Castel Gandolfo, donde regresó al terminar la Audiencia general, que tuvo lugar en el Aula Pablo VI.

Éstas fueron las palabras del Papa en nuestra lengua, recibidas por numerosos peregrinos con grandes aplausos: RealAudioMP3
Traducción completa de la catequesis del Papa en italiano
 


Queridos hermanos y hermanas:


hoy, después de la pausa de las vacaciones, reanudamos la Audiencias, aquí en el Vaticano, y quisiera continuar con esa "escuela de oración", que estoy viviendo junto con ustedes en estas Catequesis de los miércoles.

Hoy quisiera hablar de la oración en el libro del Apocalipsis, que, como saben, es el último del Nuevo Testamento. Es un libro difícil, que sin embargo contiene una gran riqueza. Nos pone en contacto con la oración viva y palpitante de la asamblea cristiana, reunida "el día del Señor" (Apocalipsis 1:10), éste, en efecto, es el telón de fondo en el que se desarrolla el texto.

Un lector presenta a la asamblea un mensaje encomendado por el Señor a Juan el Evangelista. El lector y la asamblea son, por así decirlo, los dos protagonistas del desarrollo del libro, a ellos, desde el principio, se les dirige un saludo festivo: " Feliz el que lea, y felices los que escuchen las palabras de esta profecía " (1,3). Del diálogo constante entre ellos, brota una sinfonía de oración, que se desarrolla con una gran variedad de formas hasta el final. Escuchando al lector que presenta el mensaje y escuchando y observando a la asamblea que reacciona, su oración tiende a ser nuestra.

La primera parte del Apocalipsis (1,4 a 3,22) presenta, en la actitud de la asamblea que reza, tres etapas sucesivas. La primera (1,4 a 8) consiste en un diálogo - único caso en el Nuevo Testamento - que se lleva a cabo entre la asamblea recién reunida y el lector, que le dirige un saludo de bendición: "Gracia y paz a ustedes" (1,4). El lector prosigue subrayando la proveniencia de este deseo: proviene de la Trinidad: del Padre, del Espíritu Santo, de Jesucristo, que juntos llevan adelante el proyecto creativo y de salvación para la humanidad. La asamblea escucha y, cuando oye nombrar a Jesucristo, tiene como un estremecimiento de alegría y responde con entusiasmo, elevando una oración de alabanza: " Él nos amó y nos purificó de nuestros pecados, por medio de su sangre, e hizo de nosotros un Reino sacerdotal para Dios, su Padre ¡A él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Amén "(1,5 b-6). La asamblea, envuelta por el amor de Cristo, se siente liberada de los lazos del pecado y se proclama "reino" de Jesucristo, que pertenece por completo a Él. Reconoce la gran misión, que por el bautismo se le ha confiado, de llevar al mundo la presencia de Dios.

Esta celebración de alabanza culmina volviendo de nuevo la mirada directamente a Jesús y, con creciente entusiasmo, reconociendo "la gloria y el poder" para salvar a la humanidad. El '"amén", final concluye el himno de alabanza a Cristo.

Ya estos primeros cuatro versículos contienen una gran riqueza de indicaciones para nosotros, nos dicen que nuestra oración debe ser, sobre todo, escuchar a Dios que nos habla. Sumergidos en tantas palabras, no estamos acostumbrados a escuchar, sobre todo a ponernos en la disposición interior y exterior del silencio, para estar atentos a lo que Dios nos quiere decir. Estos versículos nos enseñan que nuestra oración, a menudo sólo de pedidos, debe ser, ante todo de alabanza de Dios por su amor, por el don de Jesucristo, que nos ha traído la fuerza, la esperanza y la salvación.

Una nueva intervención del lector recuerda a la asamblea, arrebatada por el amor de Cristo, el compromiso de percibir su presencia en sus vidas, " El vendrá entre las nubes y todos lo verán, aún aquellos que lo habían traspasado. Por él se golpearán el pecho todas las razas de la tierra "(1,7 a). Después de ascender al cielo en una "nube", símbolo de su trascendencia (cfr. Hechos 1:9), Jesucristo regresará, como había subido al Cielo (cfr. Hechos 1:11 b). Entonces todos los pueblos lo reconocerán y, como exhorta San Juan en el cuarto Evangelio, " Verán al que ellos mismos traspasaron" (19:37). Pensarán en sus pecados, causa de su crucifixión, y, como los que lo habían visto directamente en el Calvario, "se golearán el pecho" (cfr. Lc 23,48) pidiendo perdón, para seguirlo en la vida y así preparar la plena comunión con Él, después de su regreso final.

La asamblea reflexiona sobre el mensaje y dice: "Sí ¡Amén!" (Ap 1:7 b). Expresa con su "sí" la aceptación plena de lo que se le ha comunicado y pide que pueda convertirse en realidad. Es "la oración de la asamblea, que medita sobre el amor de Dios manifestado de modo supremo en la Cruz, y pide vivir con coherencia como discípulos de Cristo. Y llega la respuesta de Dios: " Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que vendrá, el Todopoderoso " (1,8). Dios, que se revela como el principio y el final de la historia, acepta y toma en su corazón la petición de la asamblea. Él ha estado, está y estará presente y activo con su amor en las vivencias humanas, en el presente, en el futuro, y en el pasado, hasta llegar a la meta final. Ésta es la promesa de Dios. Aquí encontramos otro elemento importante: la oración constante despierta en nosotros el sentido de la presencia del Señor en nuestras vidas y en la historia, y la suya es una presencia que nos sostiene, nos guía y nos da una gran esperanza en medio de la oscuridad de ciertos acontecimientos humanos, además, cada oración, incluso en la soledad más radical, nunca es quedar aislados y nunca es estéril, sino que es el elemento vital para alimentar una vida cristiana, cada vez más comprometida y coherente.

La segunda fase de la oración de la asamblea (1,9-22) profundiza aún más la relación con Jesucristo: el Señor aparece, habla, actúa; y la comunidad, siempre más cercana a Él, escucha, reacciona y acoge. En el mensaje presentado por el lector, San Juan relata su experiencia personal del encuentro con Cristo: se encuentra en la isla de Patmos, a causa de la “palabra de Dios y del testimonio de Jesús” (1,9) y “es el Día del Señor" (1,10ª), el domingo, en el que se celebra la Resurrección. Y San Juan viene "arrebatado por el Espíritu" (1,10a). El Espíritu Santo lo impregna y lo renueva, ampliando su capacidad de aceptar a Jesús, Quien lo invita a escribir. La oración de la Asamblea que escucha, poco a poco asume una actitud contemplativa marcada por los verbos "ver", "mirar": contempla lo que el lector le propone, interiorizándolo y haciéndolo suyo.

Juan oye “una voz fuerte, como una trompeta” (1,10b): la voz le impone enviar un mensaje “a las siete Iglesias” (1,11) que se encuentran en Asia Menor, y a través de ellas a todas las Iglesias, de todos los tiempos, unidas a sus Pastores. La expresión “voz… de trompeta”, tomada del Libro del Éxodo (20,18), alude a la manifestación divina ante Moisés en el monte Sinaí e indica la voz de Dios, que habla desde su Cielo, desde su trascendencia.
Aquí es atribuida a Jesucristo Resucitado, que desde la gloria del Padre habla, a la voz de Dios, a la Asamblea en oración. Dándose la vuelta “para ver de quién era esa voz” (1,12), Juan ve “siete candelabros de oro siete candelabros de oro y, en medio de ellos, a alguien semejante a un Hijo de hombre” (1,12-13) término particularmente familiar a Juan, que indica al mismo Jesús. Los candelabros de oro, con sus velas encendidas, indican la Iglesia de todos los tiempos en oración, en la Liturgia: Jesús Resucitado, el "Hijo del Hombre", está en medio de ella y, revestido con las vestiduras del sumo sacerdote del Antiguo Testamento, actúa como mediador sacerdotal ante el Padre.

En el mensaje simbólico de Juan sigue después una manifestación luminosa de Cristo Resucitado, con las características propias de Dios, que recurren al Antiguo Testamento. Se habla de los “cabellos…que tenían la blancura de la lana y de la nieve” (1,14), símbolo de la eternidad de Dios y de la Resurrección. Un segundo símbolo es el del fuego, que, en el Antiguo Testamento viene a menudo referido a Dios para indicar dos propiedades. La primera es la intensidad celosa de su amor, que anima su alianza con el hombre (Dt 4,24). Y es esta misma intensidad cegadora de amor la que se lee en la mirada de Jesús Resucitado: “sus ojos eran como una llama de fuego” (Ap 1,14a). La segunda es la capacidad imparable de vencer el mal como si fuera un "fuego devorador” (Dt 9,3). Así que incluso los "pies" de Jesús, en camino para afrontar y destruir el mal, tienen la incandescencia del "bronce bruñido" (Apoc. 1:15). La voz de Jesucristo, después, "como el sonido de muchas aguas" (1,15 c), tiene el rugido impresionante "de la gloria del Dios de Israel", que se traslada a Jerusalén, de quien habla el profeta Ezequiel (cf. 43,2 ).

Siguen aún otros tres elementos simbólicos que muestran cuánto está haciendo Jesús resucitado por su Iglesia: La mantiene firmemente en su mano derecha (una imagen muy importante que muestra que Jesús tiene la Iglesia en su mano); le habla con la fuerza de penetración de una espada afilada; y le muestra el esplendor de su divinidad: "Su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza "(Apocalipsis 1:16). Juan queda tan impresionado por esta maravillosa experiencia del Resucitado, que se desmaya, cayendo como muerto.

Después de esta experiencia de revelación, el Apóstol tiene delante el Señor Jesús que habla con él, lo tranquiliza, le coloca la mano sobre su cabeza, le revela su identidad de Crucificado Resucitado, y le confía que transmita su mensaje a las iglesias (Apocalipsis 1:17-18). Es una cosa hermosa este Dios grande, que ante su grandeza Juan cae como un muerto, y el amigo de la vida le pone su mano derecha. Así será también para nosotros. Somos amigos de Jesús. La revelación de Dios resucitado, de Cristo resucitado no es una cosa terrible, sino el encuentro con el amigo. Incluso la Asamblea vive con Juan el momento particular de la luz delante del Señor, unido, sin embargo, a la experiencia del encuentro diario con Jesús, experimentando la riqueza de contacto con el Señor, que llena todos los espacios de la existencia.

En la tercera y última fase de la primera parte de la Revelación (Apocalipsis 2-3), el lector propone a la asamblea un mensaje de siete caras, en el que Jesús habla en primera persona. Dirigido a las siete iglesias situadas en Asía Menor alrededor de Éfeso, el mensaje de Jesús parte de la situación particular de cada una de las Iglesias, para extenderse después a las Iglesias de todos los tiempos. Jesús entra rápidamente en el vivo de la situación de cada una de las Iglesias, poniendo de relieve las luces y las sombras y dirigiéndoles una apremiante invitación: “Conviértete” (2,5.16; 3,19c); “conserva firmemente lo que ya posees” (3,11); “observa tu conducta anterior” (2,5); “¡Reanima tu fervor y arrepiéntete!” (3,19b)…Esta palabra de Jesús, se escucha con fe, inicia rápidamente a ser eficaz: la Iglesia en oración, acogiendo la palabra del Señor viene transformada. Todas las Iglesias deben disponerse en atenta escucha al Señor, abriéndose al Espíritu como Jesús pide con insistencia repitiendo este mandamiento siete veces: “El que pueda entender, que entienda lo que el Espíritu dice a las Iglesias” (2,7.11.17.29; 3,6.13.22). La asamblea escucha el mensaje recibiendo un estímulo para el arrepentimiento, la conversión, la perseverancia, el crecimiento del amor, la orientación para el camino.

Queridos amigos, el libro del Apocalipsis nos presenta una comunidad reunida en oración, porque es en la oración donde experimentamos cómo aumenta la presencia de Jesús en nosotros. Cuanto más y mejor oramos, con constancia e la intensidad, más nos asimilamos a El, y Jesús realmente entra en nuestra vida y la guía, dándole alegría y paz. Y cuánto más conocemos, amamos y seguimos a Jesús, más sentimos la necesidad de quedarnos en oración con él, recibiendo serenidad, esperanza y fuerza en nuestra vida. Gracias por la atención.

(Traducción de Cecilia de Malak y Eduardo Rubió)

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Procesión de la Virgen del Carmen da inicio al Año de la Fe 30 de septiembre 2012 Santiago de Chile



Procesión de la Virgen del Carmen da inicio al Año de la Fe

El 30 de septiembre desde las 15.30 hrs. se efectuará la tradicional procesión de la Virgen del Carmen partiendo desde Plaza de Armas y culminando con la misa frente al Museo de Bellas Artes.
Jóvenes, familias, comunidades parroquiales, colegios católicos, movimientos apostólicos y fieles en general, están invitados a participar en la procesión en honor a la Virgen del Carmen, este 30 de septiembre desde las 15.30 hrs en la Plaza de Armas.

En el Día de Oración por Chile, nuestra patrona recorrerá las calles Bandera, Agustinas, Santa Lucía para concluir en José Miguel de
la Barra, frente al Museo de Bellas Artes, en donde se celebrará la Eucaristía.




C
on esta procesión se dará inicio oficialmente además al “Año de la Fe” en la Arquidiócesis de Santiago, para que sea nuestra madre quien nos guíe en el camino para llegar a Cristo.

La devoción del Carmen


La procesión de
la Virgen del Carmen es una de las manifestaciones religiosas más antiguas de nuestra Iglesia de Santiago. Sus orígenes se remontan al siglo XVII, época en que cada 16 de julio se efectuaba desde la Alameda hasta la Plaza de Armas. Por razones de clima, esta procesión se cambió posteriormente para el mes de octubre.

A partir del año 1971, nuestros Obispos, trasladaron su realización para el último domingo de septiembre, con la finalidad de adherir a las celebraciones del Mes de
la Patria, declarando esta fecha como el “Día de Oración por Chile”.

La devoción a
la Virgen del Carmen se relaciona con los comienzos de la Patria, luego que el general Bernardo O’Higgins la nombrara “Protectora de Chile”.

Durante el siglo pasado, la adhesión se fue arraigando aún más en el pueblo chileno, situación que motivó al Papa Pío XI a nombrarla Patrona de Chile en 1923.


Su proclamación pública como tal se realizó el 8 de diciembre de ese año y fue sellada en 1926, por Monseñor Aloisi Marsella, quien en nombre del Santo Padre coronó oficialmente la imagen de
la Virgen del Carmen que todos los años peregrina por Santiago.











PROCESIÓN  DE
NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN
EN EL AÑO DE LA FE







Santiago, Agosto de 2012


Queridos hermanos de la Iglesia de Santiago,

Con motivo de los 50 años de la apertura del Concilio Vaticano II y de los 20 años del Catecismo de la Iglesia. El Santo Padre Benedicto XVI ha convocado a vivir un año de la Fe. Como Iglesia de Santiago queremos asumir de manera intensa este llamado: “No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta” (Cf. Mt. 5, 31s).

El año de la Fe es un tiempo que nos invita a insistir en nuestro camino de conversión personal y renovación Pastoral.

Queremos que sea una ocasión para abrir la puerta de la Fe, acogiendo la Palabra del Señor, celebrando la liturgia y partiendo el Pan de la Eucaristía, viviendo en Comunión Misionera y reconociendo en el prójimo el rostro de Cristo.

Este año de la Fe lo iniciaremos el domingo 30 de septiembre, día de la Procesión de Nuestra Señora del Carmen. Recorriendo las calles de nuestra ciudad, queremos pedirle a Nuestra Madre que nos ayude a vivir, renovar, profundizar y anunciar nuestra fe.

Por ello, los invito a todos a que ese domingo nos encontremos a las 15:30 hrs en la Plaza de Armas de nuestra ciudad, y dar inicio de esta manera a este tiempo de gracia. Culminando el mes de la Patria, les recuerdo llevar banderas de Chile para la procesión.



     +Ricardo Ezzati Andrello

 Arzobispo de Santiago 








Más información en 
www.virgendelcarmen.cl
 
Año de la Fe (Italiano- Inglés)
www.annusfidei.va


Fuente: Comunicaciones www.iglesiadesantiago.cl




El Instituto Pastoral Apóstol Santiago - INPAS, lanza un nuevo portal web sobre el Concilio Vaticano II, con motivo de la celebración de los 50 años del inicio del Concilio que se conmemorará a contar del 11 de octubre. En este sitio el visitante podrá revisar en línea y descargar documentos, presentaciones y videos sobre la historia, recursos pastorales y artículos sobre el Concilio Vaticano II y el año de la fe.

Visite www.inpas.cl/concilio


Fuente: Inpas