martes, 3 de abril de 2012

Santuario Cenáculo de Bellavista. Domingo de Ramos en la Pasion del Señor. Celebra Padre Ricardo Bravo











Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, dígnate bendecir + estos ramos y concede a cuantos acompañamos ahora jubilosos a Cristo, nuestro rey y Señor, reunirnos con él en la Jerusalén del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Orémus.
Omnípotens sempitérne Deus, hos pálmites tua benedictióne + sanctífica, ut nos, qui Christum Regem exsultándo proséquimur, per ipsum valeámus ad ætérnam Ierúsalem perveníre. Qui vivit et regnat in sæcula sæculórum. R. Amen.








Lectura del santo Evangelio según san Marcos 11, 1-10
Cuando Jesús y los suyos iban de camino a Jerusalén, al llegar a Betfagé y Betania, cerca del monte de los Olivos, les dijo a dos de sus discípulos: "Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrado un burro que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganmelo. Si alguien les pregunta por qué lo hacen, contéstenle: 'El Señor lo necesita y lo devolverá pronto' ".
Fueron y encontraron al burro en la calle, atado junto a una puerta, y lo desamarraron. Algunos de los que allí estaban les preguntaron: "¿Por qué sueltan al burro?" Ellos les contestaron lo que había dicho Jesús y ya nadie los molestó.
Llevaron el burro, le echaron encima los mantos y Jesús montó en él.
Muchos extendían su manto en el camino, y otros lo tapizaban con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante de Jesús y los que lo seguían, iban gritando vivas. ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David! ¡ Hosanna en el cielo!"
Palabra del Señor.

Procesión

ORACION COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, que has querido entregarnos como ejemplo de humildad a Cristo, nuestro salvador, hecho hombre y clavado en una cruz, concédenos vivir según las enseñanzas de su pasión, para participar con él, un día, de su gloriosa resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.

Collecta Omnípotens sempitérne Deus, qui humáno géneri, ad imitándum humilitátis exémplum, Salvatórem nostrum carnem súmere, et crucem subíre fecísti, concéde propítius, ut et patiéntiae ipsíus habére documénta et resurrectiónis consórtia mereámur. Qui tecum.

LITURGIA DE LA PALABRA


Evangelio de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Que la pasión de tu Hijo, actualizada en este santo sacrificio que vamos a ofrecerte, nos alcance, Señor, de tu misericordia, el perdón que no podemos merecer por nuestras obras.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Super oblata
Per Unigéniti tui passiónem placátio tua nobis, Dómine, sit propínqua, quam, etsi nostris opéribus non merémur, interveniénte sacrifício singulári, tua percipiámus miseratióne praevénti. Per Christum.







Angelus Domini




domingo, 1 de abril de 2012

Él va a Jerusalén para cumplir las Escrituras y para ser colgado en la cruz, el trono desde el cual reinará por los siglos





En español, la homilía del Papa Benedicto XVI en la Misa del Domingo de Ramos, en Roma
Queridos hermanos y hermanas:
El Domingo de Ramos es el gran pórtico que nos lleva a la Semana Santa, la semana en la que el Señor Jesús se dirige hacia la culminación de su vida terrena. Él va a Jerusalén para cumplir las Escrituras y para ser colgado en la cruz, el trono desde el cual reinará por los siglos, atrayendo a sí a la humanidad de todos los tiempos y ofrecer a todos el don de la redención. Sabemos por los evangelios que Jesús se había encaminado hacia Jerusalén con los doce, y que poco a poco se había ido sumado a ellos una multitud creciente de peregrinos. San Marcos nos dice que ya al salir de Jericó había una «gran muchedumbre» que seguía a Jesús (cf. 10,46).

En la última parte del trayecto se produce un acontecimiento particular, que aumenta la expectativa sobre lo que está por suceder y hace que la atención se centre todavía más en Jesús. A lo largo del camino, al salir de Jericó, está sentado un mendigo ciego, llamado Bartimeo. Apenas oye decir que Jesús de Nazaret está llegando, comienza a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí» (Mc 10,47). Tratan de acallarlo, pero en vano, hasta que Jesús lo manda llamar y le invita a acercarse. «¿Qué quieres que te haga?», le pregunta. Y él contesta: «Rabbuní, que vea» (v. 51). Jesús le dice: «Anda, tu fe te ha salvado». Bartimeo recobró la vista y se puso a seguir a Jesús en el camino (cf. v. 52). Y he aquí que, tras este signo prodigioso, acompañado por aquella invocación: «Hijo de David», un estremecimiento de esperanza atraviesa la multitud, suscitando en muchos una pregunta: ¿Este Jesús que marchaba delante de ellos a Jerusalén, no sería quizás el Mesías, el nuevo David? Y, con su ya inminente entrada en la ciudad santa, ¿no habría llegado tal vez el momento en el que Dios restauraría finalmente el reino de David?
También la preparación del ingreso de Jesús con sus discípulos contribuye a aumentar esta esperanza. Como hemos escuchado en el Evangelio de hoy (cf. Mc 11,1-10), Jesús llegó a Jerusalén desde Betfagé y el monte de los Olivos, es decir, la vía por la que había de venir el Mesías. Desde allí, envía por delante a dos discípulos, mandándoles que le trajeran un pollino de asna que encontrarían a lo largo del camino. Encuentran efectivamente el pollino, lo desatan y lo llevan a Jesús. A este punto, el ánimo de los discípulos y los otros peregrinos se deja ganar por el entusiasmo: toman sus mantos y los echan encima del pollino; otros alfombran con ellos el camino de Jesús a medida que avanza a grupas del asno. Después cortan ramas de los árboles y comienzan a gritar las palabras del Salmo 118, las antiguas palabras de bendición de los peregrinos que, en este contexto, se convierten en una proclamación mesiánica: «¡Hosanna!, bendito el que viene en el nombre del Señor. ¡Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!» (vv. 9-10). Esta alegría festiva, transmitida por los cuatro evangelistas, es un grito de bendición, un himno de júbilo: expresa la convicción unánime de que, en Jesús, Dios ha visitado su pueblo y ha llegado por fin el Mesías deseado. Y todo el mundo está allí, con creciente expectación por lo que Cristo hará una vez que entre en su ciudad.


Pero, ¿cuál es el contenido, la resonancia más profunda de este grito de júbilo? La respuesta está en toda la Escritura, que nos recuerda cómo el Mesías lleva a cumplimiento la promesa de la bendición de Dios, la promesa originaria que Dios había hecho a Abraham, el padre de todos los creyentes: «Haré de ti una gran nación, te bendeciré… y en ti serán benditas todas las familias de la tierra» (Gn 12,2-3). Es la promesa que Israel siempre había tenido presente en la oración, especialmente en la oración de los Salmos. Por eso, el que es aclamado por la muchedumbre como bendito es al mismo tiempo aquel en el cual será bendecida toda la humanidad. Así, a la luz de Cristo, la humanidad se reconoce profundamente unida y cubierta por el manto de la bendición divina, una bendición que todo lo penetra, todo lo sostiene, lo redime, lo santifica.
Podemos descubrir aquí un primer gran mensaje que nos trae la festividad de hoy: la invitación a mirar de manera justa a la humanidad entera, a cuantos conforman el mundo, a sus diversas culturas y civilizaciones. La mirada que el creyente recibe de Cristo es una mirada de bendición: una mirada sabia y amorosa, capaz de acoger la belleza del mundo y de compartir su fragilidad. En esta mirada se transparenta la mirada misma de Dios sobre los hombres que él ama y sobre la creación, obra de sus manos. En el Libro de la Sabiduría, leemos: «Te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste;… Tú eres indulgente con todas las cosas, porque son tuyas, Señor, amigo de la vida» (Sb 11,23-24.26).
Volvamos al texto del Evangelio de hoy y preguntémonos: ¿Qué late realmente en el corazón de los que aclaman a Cristo como Rey de Israel? Ciertamente tenían su idea del Mesías, una idea de cómo debía actuar el Rey prometido por los profetas y esperado por tanto tiempo. No es de extrañar que, pocos días después, la muchedumbre de Jerusalén, en vez de aclamar a Jesús, gritaran a Pilato: «¡Crucifícalo!». Y que los mismos discípulos, como también otros que le habían visto y oído, permanecieran mudos y desconcertados. En efecto, la mayor parte estaban desilusionados por el modo en que Jesús había decidido presentarse como Mesías y Rey de Israel. Este es precisamente el núcleo de la fiesta de hoy también para nosotros. ¿Quién es para nosotros Jesús de Nazaret? ¿Qué idea tenemos del Mesías, qué idea tenemos de Dios? Esta es una cuestión crucial que no podemos eludir, sobre todo en esta semana en la que estamos llamados a seguir a nuestro Rey, que elige como trono la cruz; estamos llamados a seguir a un Mesías que no nos asegura una felicidad terrena fácil, sino la felicidad del cielo, la eterna bienaventuranza de Dios. Ahora, hemos de preguntarnos: ¿Cuáles son nuestras verdaderas expectativas? ¿Cuáles son los deseos más profundos que nos han traído hoy aquí para celebrar el Domingo de Ramos e iniciar la Semana Santa?
Queridos jóvenes que os habéis reunido aquí. Esta es de modo particular vuestra Jornada en todo lugar del mundo donde la Iglesia está presente. Por eso os saludo con gran afecto. Que el Domingo de Ramos sea para vosotros el día de la decisión, la decisión de acoger al Señor y de seguirlo hasta el final, la decisión de hacer de su Pascua de muerte y resurrección el sentido mismo de vuestra vida de cristianos. Como he querido recordar en el mensaje a los jóvenes para esta Jornada – «alegraos siempre en el Señor» (Flp 4,4) –, esta es la decisión que conduce a la verdadera alegría, como sucedió con santa Clara de Asís que, hace ochocientos años, fascinada por el ejemplo de san Francisco y de sus primeros compañeros, dejó la casa paterna precisamente el Domingo de Ramos para consagrarse totalmente al Señor: tenía 18 años, y tuvo el valor de la fe y del amor de optar por Cristo, encontrando en él la alegría y la paz.
Queridos hermanos y hermanas, que reinen particularmente en este día dos sentimientos: la alabanza, como hicieron aquellos que acogieron a Jesús en Jerusalén con su «hosanna»; y el agradecimiento, porque en esta Semana Santa el Señor Jesús renovará el don más grande que se puede imaginar, nos entregará su vida, su cuerpo y su sangre, su amor. Pero a un don tan grande debemos corresponder de modo adecuado, o sea, con el don de nosotros mismos, de nuestro tiempo, de nuestra oración, de nuestro estar en comunión profunda de amor con Cristo que sufre, muere y resucita por nosotros. Los antiguos Padres de la Iglesia han visto un símbolo de todo esto en el gesto de la gente que seguía a Jesús en su ingreso a Jerusalén, el gesto de tender los mantos delante del Señor. Ante Cristo – decían los Padres –, debemos deponer nuestra vida, nuestra persona, en actitud de gratitud y adoración. En conclusión, escuchemos de nuevo la voz de uno de estos antiguos Padres, la de san Andrés, obispo de Creta: «Así es como nosotros deberíamos prosternarnos a los pies de Cristo, no poniendo bajo sus pies nuestras túnicas o unas ramas inertes, que muy pronto perderían su verdor, su fruto y su aspecto agradable, sino revistiéndonos de su gracia, es decir, de él mismo... Así debemos ponernos a sus pies como si fuéramos unas túnicas... Ofrezcamos ahora al vencedor de la muerte no ya ramas de palma, sino trofeos de victoria. Repitamos cada día aquella sagrada exclamación que los niños cantaban, mientras agitamos los ramos espirituales del alma: "Bendito el que viene, como rey, en nombre del Señor"» (PG 97, 994). Amén.







Antiphona - Pueri Hebræorum  20/04/2011



La Iglesia saluda al Señor en la Sagrada Eucaristía como el que ahora viene, el que ha hecho su entrada en ella


Para la Iglesia naciente el  «Domingo de Ramos» no era una cosa del pasado. Así  como entonces el Señor entró en la   Ciudad Santa a lomos del asno, así también la Iglesia lo veía llegar siempre nuevamente bajo la humilde apariencia del pan y el vino. 
La Iglesia saluda al Señor en la Sagrada Eucaristía como el que ahora viene, el que ha hecho su entrada en ella. Y lo saluda al mismo tiempo como Aquel que sigue siendo el que ha de venir y 
nos prepara para su venida. Como peregrinos, vamos  hacia Él; como peregrino, Él sale a nuestro encuentro y nos incorpora a su «subida» hacia la cruz y la resurrección, hacia la Jerusalén definitiva que, en la comunión con su Cuerpo, ya se está desarrollando en medio de este mundo.
Del libro Jesús de Nazareth Benedicto XVI

“La última palabra es palabra de Vida”

“La última palabra es palabra de Vida”, dijo monseñor Ezzati al bendecir muestra pictórica sobre las exclamaciones de Jesucristo en la cruz     

El Arzobispo de Santiago agradeció a los destacados artistas nacionales que pintaron las cruces, instaladas en el Parque de las Esculturas, y deseó que “en esta Semana Santa muchas personas puedan acercarse a Dios también a través del arte”.


Al mediodía de este viernes 30 de marzo, el Arzobispo de Santiago, monseñor Ricardo Ezzati, inauguró la muestra “Las siete palabras de Jesucristo en la cruz”, instalada en el Parque de las Esculturas de Providencia. Lo hizo junto a monseñor Cristián Contreras Villarroel, Obispo Auxiliar, y al Presbítero Rodrigo Tupper, Vicario General de Santiago. Entre los presentes se encontraban parte de los artistas que pintaron las monumentales cruces y el alcalde de Providencia, Cristián Labbé.

La muestra consiste en siete cruces pintadas por siete destacados artistas plásticos nacionales: Maya De Rodt, Claudio Di Girolamo, Concepción Balmes, Roberto Di Girolamo, Ernesto Barreda, Gerardo Zenteno y Manuel Antonio Aguirre.

A nombre de los artistas fue este último quien agradeció la oportunidad de plasmar parte de su fe en una cruz. Frente a sus colegas recordó el decálogo del artista escrito por Gabriela Mistral, quien afirmara: “No hay arte ateo. Aunque no ames al Creador, lo afirmarás creando a su semejanza”. 

Palabra de Vida 



“Mirando las cruces veo que en ellas está reflejado lo que de verdad es el misterio de la redención de Cristo, que entra en la historia humana para transformar el dolor”, dijo monseñor Ezzati en su intervención. La muerte no tiene la última palabra, sino solamente la penúltima, aseguró el Arzobispo de Santiago, “porque la última palabra es palabra de vida, de resurrección, que impregna toda la existencia humana”. 

Fijando su mirada en la obra de Concepción Balmes reflexionó que todo el trayecto pictórico culmina en “la cruz cósmica que recuerda lo que Pablo también nos invita a contemplar: ‘Cuando Cristo sea todo en todos’”. 

Monseñor Ezzati agradeció a cada uno de los artistas porque “desde su corazón han sabido plasmar en el arte lo que es el misterio hermoso de la vida”; al alcalde de Providencia, Cristián Labbé, por su colaboración en esta muestra y deseó a los presentes que puedan experimentar en Semana Santa que la última palabra es de Cristo y es de vida y de esperanza. 

La cruz es señal de salvación

Por su parte, el Padre Rodrigo Tupper reconoció “la convicción y el entusiasmo de estos siete artistas que creyeron en el proyecto y que se involucraron con su tiempo, su arte y su generosidad para que hoy pudiéramos inaugurar estas 'Siete Palabras' que finalmente van a quedar en el Santuario del Cerro San Cristóbal”. Añadió que “para los cristianos la cruz no es señal de tortura, sino de salvación. Es donde Cristo, el Maestro, el Hijo de Dios, vino para redimirnos y salvarnos”. El Vicario General de la Arquidiócesis hizo una mención especial al trabajo humilde y perseverante del cineasta José Ortiz, gestor de tan bello proyecto.

En forma paralela sesenta niños del jardín infantil “Regacito” de Macul pintaron su propia visión de la cruz de Jesucristo.






Destacados artistas recrean las últimas palabras de Jesús en la cruz

“De cierto te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso”
Ernesto Barreda





El destacado arquitecto y pintor Ernesto Barreda siempre ha estado interesado en la figura de Cristo. En algunos momentos de su vida ha hecho imágenes religiosas como santos y Cristos, pero sintió que esta era una oportunidad de retratar al Dios que lo cautiva: el que expulsa a los mercaderes del templo y el que responde a Pilatos con un “Tú lo has dicho”.
“Me encantó el Jesús valiente, el Salvador, el Mesías”, declara con jovialidad a sus 84 años. Es también el Jesús que enseña a mar a los demás como me gustaría que me amaran, el que “empieza a minar el poder del fuerte sobre el vencido”, indica.
El dibujo que hizo directamente sobre la cruz “no es el Jesús adolorido, fregado, sino que es un hombre joven que está sacando a un prójimo de su miseria”. Añade convencido: “No sabemos lo que ha hecho el buen ladrón. Sólo sabemos que hizo una comprensión interna de su pecado y se acerca a Jesús. Allí empieza su camino para perdonarse a sí mismo. A su juicio, lo maravilloso es que Dios escucha y ayuda. “Caramba que era un desafío”, dice al referirse a este episodio de la vida de Jesús. Lo ayuda no porque esté arrodillado”, desentraña, “yo veo que lo toma, lo agarra de los brazos y lo sube, lo dignifica”. Es como si le dijera: “Sube a nacer conmigo hermano”, sostiene. Y cuando Cristo lo ayuda “deja de ser un gallo perverso para ser su hermano”, añade.
“Dibujé al hombre joven, valiente, que se atreve con el mundo y le dice al ladrón: ‘Yo te voy a ayudar y hoy estarás conmigo en la Gloria’. Y se lo dice perentoriamente”, afirma. “Me gustaría que eso se extendiera en nuestra sociedad. Que empezáramos a sentir que no siempre las cosas van a resultar, pero cuando uno tiene dolores importantes Jesús ayuda mucho”, dice y se emociona.


“Me ha emocionado profundamente y me siento muy feliz de hacer a Jesús un dibujo que exprese lo que veo en El, que El ayuda, porque nos quiere a todos”, manifiesta. “Es un homenaje”, concluye.













“Mujer, ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu Madre”
Gerardo Zenteno



Gerardo Zenteno pertenece a la Iglesia Católica ortodoxa. Allí se dedica a lo que llama “arte teológico”, esto porque el centro no está en la imagen, sino en el mensaje de salvación que transmite. “El icono es lo mismo que una foto de un familiar que uno anda con ella y la cuida”, expresa. “Para nosotros el icono se venera, no se adora”. Explica que no la imagen misma, sino su sentido. Por eso en ciertas fiestas litúrgicas el icono se instala en un atril en la entrada del templo y la gente se persigna, lo saluda y lo besa.
Algunas de sus obras están en templos en El Vaticano, en el patriarcado de Antioquía, en Siria, Nueva York y en Argentina. Se interesó en participar de esta muestra “porque implicaba desarrollar una cruz que luego iba a peregrinar por todos lados llevando el mensaje de Jesucristo”. Cree que esto es positivo, porque a su juicio en Chile existe “un desaliento espiritual”. Para contrarrestarlo hay que “aferrarse a María y al mensaje de Cristo que es bello”. Agrega que hay que “abrazar a Cristo que entrega su vida por nosotros”.


Su cruz tiene al centro el crucificado que a la vez tiene rasgos de resurrección, pues está pintado en el tiempo del Kairós, el tiempo de Dios, explica. María se sitúa al costado izquierdo y haciendo un gesto aceptación, y Juan al lado derecho está representado joven y triste. “En el contexto María pasa a ser la madre espiritual de la humanidad”, sostiene Gerardo.
En el arte teológico se trata que las imágenes transmitan su luz de dentro hacia fuera. “No pintamos a Cristo lleno de sangre ni de heridas ni de sufrimientos, porque es el Cristo, el que muere y resucita”, dice. Que el proyecto gire por todo el país y que quede instalado en el santuario del Cerro San Cristóbal es lo más relevante para este artista. “Espero que remueva conciencias y espíritus”, sostiene.

“Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado”
Manuel Antonio Aguirre
“Es una frase que siempre me ha perseguido porque es la dimensión humana de Jesucristo”, relata este pintor y publicista que creó el via crucis del Santuario Nacional de Maipú entre otras obras religiosas y laicas. Para él cuando una persona llega a la pregunta por el abandono y el abandono de Dios es porque está desvalido, en esa circunstancia “lo único que te queda es la oración”. Por eso la cruz que pintó “representa un rosario completo”, con sus misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos.
“No sabía mucho del rosario y me puse a investigar”, explica. Se contactó con una comunidad religiosa que le contó que los inicios del rosario en la Iglesia Católica datan de la Edad Media y que la repetición de Ave Marías produce un estado espiritual. Al final del documento que le enviaron salía un pelícano que se pica el pecho para dar de comer a sus hijos. Esta imagen conmovió a Manuel Antonio y preguntó de qué se trataba.  Las mismas religiosas le explicaron que es la primera representación de Jesucristo, porque entrega su vida en pos de sus hijos. “Por eso es el centro de la cruz, porque es la imagen primitiva de Cristo”, sostiene.
Para hacer un tributo a la época gótica, Manuel Antonio pensó esta cruz como si fuese un vitral. Por eso la pintó negra con figuras de colores. “El concepto de los ventanales es el más bonito del cristiano que es la transparencia, por eso la iglesia gótica es transparente, porque deja entrar a Dios y porque alguien transparente es cuando no hay incongruencia entre lo que dice y hace”, manifiesta.
Me demoré cuatro meses en pintarlo. Lo pinté en mi taller y como trabajo como publicista tenía que pintar en momentos que no estuviera trabajando, en las noches, los fines de semana.
Se demoró cuatro meses en hacer esta cruz que estará expuesta a miles de personas para comunicarlas con Cristo. A diferencia de lo que le pasa con otras de sus obras, siente que no le pertenece, sino que es de la gente que va a rezar con ella. “Me emociona que alguien pueda arrodillarse ante esta cruz”, dice. “Me produciría satisfacción porque significaría que fui un instrumento que sirvió para algo”, concluye humilde. 

“Tengo sed”
Maya De Rodt

Es la artista emergente entre el grupo de connotados. Como diseñadora y productora conoció el proyecto y no dudó en participar cuando supo que necesitaban una artista que se hiciera cargo de esta frase. “Era la frase que más me gustaba”, confiesa, y comprometerse con pintar una cruz era un regalo, pero al mismo tiempo un tremendo desafío. Mientras pensaba en cómo plasmar lo que sentía con la frase tuvo un sueño en el que vio la imagen tal como hoy se puede apreciar. Cuando despertó pensó que eso era “una señal”.
Esta frase “simboliza el momento en que Cristo nos representa a todos con esa sed que tenemos de Dios”, dice. “Nos representa en esa búsqueda que nosotros la llenamos yendo al mal a comprar, teniendo el auto último modelo, etc. Pero esa búsqueda nunca se llena porque es una sed de Dios, de nuestra fuente”, relata. “No quise hacer a Jesús crucificado, están sus brazos donde fue crucificado”, explica. “Su sangre se transforma en el mar que es la humanidad. Nosotros somos gotitas de este mar y Jesús es el puente entre Dios Padre y nosotros. Jesús es un canal de vida, de agua que nos riega”, continúa.
“Me gustaría que se pudiera transmitir cómo siento a Jesús en mi vida, la paz que siento al saber que Jesús está conmigo, que no estamos solos”, finaliza. 


Fuente:http://www.iglesiadesantiago.cl/
               http://www.periodicoencuentro.cl/abril2012/

Lectio: Domingo de Ramos (B) | EL SITIO WEB OFICIAL DE LOS CARMELITAS

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