Agosto mes de la Solidaridad

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jueves, 18 de octubre de 2012

La nueva evangelización depende, pues, en gran medida de la capacidad para hacer de la liturgia la fuente de la vida espiritual. Intervenciones al día 17 de octubre 2012




La nueva evangelizació para la transmisión de la fe cristiana

Rev.do P. Heinrich WALTER, Superior General de los Padres de Schönstatt (ALEMANIA)

Si pensamos a largo plazo, entonces la iglesia en el mundo occidental no tiene futuro sin una renovación de la familia. Quienes tienen hijos tienen futuro. Los padres con muchos hijos resultan en las estadísticas como las personas más felices de la sociedad. El matrimonio y la familia deben ser reconocidos hoy como una vocación. Es aquí donde se produce la evangelización. Los creyentes siguen el camino del seguimiento de Cristo, yendo contracorriente respecto a la sociedad. Por este motivo necesitan recibir todo el apoyo posible en la preparación al matrimonio. El Sacramento del Matrimonio es muy valioso. El fracaso del matrimonio muchas veces tiene unas consecuencias trágicas. Debemos preguntarnos de manera más clara cuáles son las condiciones en las que se realiza el Sacramento del Matrimonio. Aquí es necesario hacer una correcta distinción por el bien de la familia. La familia sigue siendo la base para el aprendizaje de la fe. La familia entiende su casa como casa de Dios. Los hijos recorren con los padres un largo camino en el aprendizaje de la fe. La vitalidad de una comunidad está unida a estos hogares cristianos. Las familias no son sólo un lugar privilegiado de evangelización, sino que, en cuanto laicas, también son agentes de la evangelización. En Sudamérica he conocido el proyecto de las misiones familiares. Algunas familias se reúnen y, durante las vacaciones, se van una semana a una comunidad. Aquí viven en unas condiciones muy sencillas y, como familia, van de casa en casa para dar testimonio de su fe. Así se evangelizan pueblos y barrios de ciudades. Es un signo de esperanza ver a estas familias que testimonian en público su vocación.

S. E. R. Mons. Santiago Jaime SILVA RETAMALES, Obispo titular de Bela, Obispo auxiliar de Valparaíso, Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) (COLOMBIA)

Una Nueva Evangelización puede llevarse a cabo, por lo menos, desde dos presupuestos. El primero es desde una eclesiología que responda al Concilio Vaticano II, releído, para América Latina, por el acontecimiento de Aparecida, que caracteriza a la Iglesia como signo e instrumento de la salvación, que sale de sí y se entiende en razón del anuncio de Jesucristo y del servicio al mundo por ser icono de la Trinidad. El segundo presupuesto es la capacidad de empatía y simpatía con el mundo y, por lo mismo, una Iglesia que dialoga, que no le teme a nada de lo que es humano, pues precisamente el Hijo del hombre vino a llevar a su plenitud a todos los hombres y a todo el hombre.

Desde esta perspectiva, la Iglesia “de siempre” llamada a abrirse a los nuevos escenarios para evangelizar, no puede ser una comunidad “tradicional”, sino anclada en la tradición viva. No puede ser una comunidad de hermenéuticas cerradas e interesadas, sino una comunidad que se deja interpelar por la Palabra de Dios, la que escucha con un silencio fecundo. No puede ser una comunidad poderosa que “im-pone”, sino la que se “ex-pone”, porque tiene plena conciencia de que es depositaria de la Verdad y la Vida. No puede ser la comunidad ritualista, sino la que resignifica la vida y la pone en horizonte de trascendencia por su mediación sacramental.

Jamás podemos olvidar que nuestro origen es Jesús de Nazaret, el Mesías que fue despreciado y crucificado y que, por lo mismo, somos discípulos de quien fue un marginado y estigmatizado por su sociedad. Desde esta convicción, tenemos que empeñarnos en la Nueva Evangelización.

- S. E. R. Mons. Ricardo Antonio TOBÓN RESTREPO, Arzobispo de Medellín (COLOMBIA)

La Nueva Evangelización para transmitir la fe debe ser mucho más que multiplicar lo que ya hemos hecho; debe ser un acto integral que, dentro de las circunstancias del mundo de hoy, ilumine la inteligencia, oriente la libertad, mueva los sentimientos, comprometa toda la vida. La evangelización es un acontecimiento, a la vez, complejo y sencillo. Complejo, porque podemos situario en el orden de la creación; sencillo, porque la gracia lo produce como de modo natural en quien está dispuesto. A mi modesto modo de ver, los distintos procesos en los que se desarrolla la evangelización deben propiciar tres experiencias concretas y fundamentales.

En primer lugar, la experiencia de la paternidad de Dios. Un encuentro con Cristo y un proceso de discipulado con él, deben permitir la experiencia fundamental y originaria de Jesús: la filiación. Por tanto, convendría que volviéramos al kerigma inicial de Jesús: Dios está cerca, su paternidad está en acción, su reino está en medio de nosotros (Mc 1,15; Lc 17,20). Quien con la gracia del Espíritu Santo llega a esta experiencia, encuentra para siempre el sentido de la vida y tiene fuerza para realizar el proyecto que es dentro del plan de Dios.

En segundo lugar, es preciso llegar a tener de un modo concreto la experiencia de la comunidad cristiana. Porque la nueva evangelización es un acto eclesial tiene que potenciar la comunidad a todos los niveles: la familia como primera Iglesia doméstica, las pequeñas comunidades eclesiales como espacio fundamental de vida, la parroquia como centro vivo de espiritualidad y pastoral a la que se integran y en la que encuentran sentido otras realidades, la Iglesia particular que, siguiendo la doctrina del Vaticano II, hace concreto y auténtico el misterio de la Iglesia.

En tercer lugar, hay que llegar a la experiencia de la alegría de dar a Dios. Transmitir la fe no es una carga, es una necesidad, es una ganancia, es la vida misma de quien vive las experiencias anteriores. “Ay de mí si no evangelizo”, decía Pablo (cf 1 Cor 9,16). La evangelización verdadera brota del contacto con Dios y con los hombres en el poder del Espíritu Santo. Es el testimonio humilde y audaz de lo que se vive y no se puede callar.

- S. E. R. Mons. Vincenzo PAGLIA, Arzobispo-Obispo emérito de Terni-Narni-Amelia, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia (CIUDAD DEL VATICANO)

El Santo Padre en la homilía de apertura del Sínodo ha subrayado: “El matrimonio constituye en sí mismo un Evangelio, una Buena Nueva para el mundo actual” porque “se funda en la gracia que viene de Dios Uno y Trino”.La unión entre el hombre y la mujer habla con fuerza de Dios. Es una buena nueva porque responde a la necesidad radical de familia, inscrita, desde el origen, en lo profundo del hombre y de la mujer. Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada” (Gn 2, 18). El hombre solo no es nada: todo se juega en la interdependencia. Sin embargo, tanta historia occidental se ha concebido como liberación de todo vínculo, incluso de los familiares. La deflagración de la familia se presenta como el problema número uno de la sociedad contemporánea, aunque pocos se den cuenta de ello. Pero no es así para la Iglesia, de verdad “experta en humanidad”, como afirmó Pablo VI. Nosotros no podemos callar. Y no por conservadores o defensores de una institución obsoleta. Se cuestiona la misma estabilidad de la sociedad. Ciertamente, es urgente, muy urgente, efectuar una reflexión cultural más atenta para que la Familia conquiste el centro de la política, de la economía, de la cultura, y una estrategia más solícita para defender los derechos en las sedes nacionales e internacionales. Se ha de subrayar otro aspecto. Aunque sean una minoría, son innumerables las familias cristianas que viven, a veces heroicamente, la fidelidad y el compromiso matrimonial y familiar. Esta extraordinaria luz de amor se ha de poner en el candelero para que ilumine y caliente nuestro mundo tan entristecido y ofuscado. La Iglesia ha de ser cada vez más la familia de las familias, también de las que están heridas, viviendo un recíproco movimiento de dar y tener. Aquí se abre el amplio espacio de la familia como sujeto de evangelización. Juan Pablo II sostenía: “la futura evangelización depende en gran parte de la iglesia doméstica”. La experiencia nos dice que la Iglesia atrae, si vive verdaderamente de manera familiar. Y si en tantos rincones del mundo constatamos una infecundidad pastoral, ¿no es porque somos más institución que familia? Viviendo la Iglesia de manera familiar y la familia como pequeña iglesia - es el desafío a una Iglesia de comunión, como deseaba el Vaticano II - saborearemos también hoy la alegría de la primera comunidad cristiana cuando “el Señor agregaba al grupo a los que cada día se iban salvando” (Hch 2, 47).

- S. Em. R. Card. Angelo SCOLA, Arzobispo de Milán (ITALIA)

¿Cuáles son las dimensiones constitutivas que no pueden faltar nunca en la evangelización? A través del sumario de los Hechos de los Apóstoles (Hch 2, 42.46-47), podemos identificar cuatro: 1. “Se mantenían constantes... en la fracción del pan y en las oraciones...”:
la Eucaristía es la fuente inagotable de la vida de la comunidad. 2. “Se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles”, heraldos de la Palabra de Dios en todos los ámbitos de la existencia humana. San Pablo habla de educación al “pensamiento de Cristo” (cf. 1 Co 2, 16). San Máximo el Confesor lo describe de este modo: “También yo, de hecho, digo que tengo el pensamiento de Cristo, es decir, el pensamiento que piensa según Él y piensa Él a través de todas las cosas”. 3. “Se mantenían constantes... en la comunión”: si tienen en común a Jesucristo, los cristianos tienden libremente a compartir con todos los hermanos su propia existencia. La comunión para el cristiano precede cada cosa, es el “a priori” necesario. 4. “... el Señor agregaba al grupo a los que cada día se iban salvando”: la misión de la Iglesia es el testimonio grato que deja ver la alegría del encuentro con Jesús, que se convierte en ansia por que todos los hombres sean salvados. El método, no un método, de la nueva evangelización consiste en proponer una vida de comunidad en la cual los fieles concientemente practiquen, de forma regular, estas cuatro dimensiones constitutivas, indicadas en el texto de los Hechos de los Apóstoles.

- S. Em. R. Card. Antonio María ROUCO VARELA, Arzobispo de Madrid, Presidente de la Conferencia Episcopal (ESPAÑA)

Es imprescindible conocer “el sitio en la vida” de “
la Nueva Evangelización” si se quiere acertar con su planteamiento y con su puesta en práctica. El secularismo es quizá su nota más característica. La historia de la secularización, iniciada en el siglo XVII, culmina en el siglo XX con el postulado de “la muerte de Dios” y con la exaltación del “Superhombre”. Los dos más formidables totalitarismo s de la época -comunismo y nacionalsocialismo-, así como las dos grandes guerras mundiales, son inexplicables sin esas dos tesis, que hacen crisis después de 1945. El Concilio Vaticano II, convocado en esa encrucijada histórica para “un aggiornamiento” de la doctrina y de la pastoral de la Iglesia, le ofreció el camino para su superación “ad intra” y “ad extra” de sí misma. Sin embargo, “la revolución del 68" lo relanzó y lo radicalizó hasta el extremo de la negación de la dignidad de toda persona humana: una cría sana de chimpancé vale más que. un niño discapacitado, sostenía un famoso antropólogo anglosajón. ¿Estuvo la Iglesia -Obispos, sacerdotes, religiosos y laicos- a la altura de este reto? ¿No se dejaron en ocasiones influir por la ideología secularista? ¿No nos ha costado a veces mostrar lo que somos y quienes somos interna y externamente en “la plaza pública de la historia” (Benedicto XVI)? El Santo Padre nos ha llamado a “la desmundanización”. ¡Urge responder con el examen de conciencia de nuestros pecados y con la conversión del corazón! Sin esta premisa, hondamente espiritual, el empeño de evangelizar de nuevo sería vano. Iglesia evangelizada -Iglesia evangelizadora: ¡es “la ecuación” de Juan Pablo II!

- S. Em. R. Card. Angelo AMATO, S.D.B., Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos (CIUDAD DEL VATICANO)

Los Lineamenta hacen referencia unas cuarenta veces, ya a la santidad como conversión a Cristo y como acogida plena de su gracia, ya a los Santos como indispensables protagonistas de la nueva evangelización: “El secreto último de la nueva evangelización es la respuesta a la llamada a la santidad de todo cristiano” (n. 158) El tema de la santidad de
la Iglesia, en su ser y en el actuar de sus hijos, constituye una trama fundamental del documento.

¿Por qué esta insistencia? Porque con los Santos la Iglesia ofrece a las personas el espectáculo edificante del Evangelio vivido, testimoniado y proclamado sine glossa. En efecto, los Santos evangelizan con su vida virtuosa, alimentada de fe, esperanza y caridad. Encarnan las Bienaventuranzas evangélicas, que son el espejo fiel de Cristo: bienaventurados los pobres, los mansos, los limpios de corazón, los misericordiosos, los que trabajan por la paz, los perseguidos. Responden con extraordinaria creatividad al mandamiento del amor de Dios y del prójimo: tuve hambre y sed y me disteis de comer y de beber, era forastero y me acogisteis, estaba enfermo y en la cárcel y me visitasteis. Los santos abrazan a la humanidad con su caridad, haciendo la convivencia mejor, más pacífica y más fraterna. Por esto los días de nuestro calendario están señalados con los nombres de los santos. La historia de la Iglesia, tanto en Oriente como en Occidente, en el Norte como en el Sur, cuenta con santos de todas las edades, de todos los países, de todas las razas, lenguas o culturas, porque la gracia de Dios Trinidad es como el rocío de la mañana. Ésta se posa en todas las plantas del jardín, pero en la rosa es rojo, en las hojas es verde, en los lirios es blanco. Así es la santidad, que, siendo única como don divino, penetra ligera y transformadora en los corazones de los hijos de la Iglesia en todas las partes del mundo, en Asia como en África, en América como en Oceanía o en Europa. Hay santos mártires, santos confesores, santos doctores de la Iglesia. Todos son testigos de Cristo y evangelizadores.

- S. Em. R. Card. Telesphore Placidus TOPPO, Arzobispo de Ranchi, Presidente de la Conferencia Episcopal (INDIA)
Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?»(Lc 18:8). El Santo Padre Benedicto XVI, al realizar un análisis del año 2011 para
la Curia Romana, en diciembre del año pasado, dijo francamente que, de acuerdo a numerosos informes, hay una “fatiga de la fe” en Europa. Según sus palabras, “El núcleo de la crisis de la Iglesia en Europa es la crisis de fe. Si no encontramos una respuesta para ella, si la fe no adquiere nueva vitalidad, con una convicción profunda y una fuerza real gracias al encuentro con Jesucristo, todas las demás reformas serán ineficaces”.

Mientras buscamos respuestas a la crisis de fe, un remedio sería emprender de nuevo una campaña masiva de predicación del Kerygma con mayor fuerza. En mi país, la India, he visto en numerosas ocasiones el poder del Evangelio obrar tanto entre los Cristianos como entre los no Cristianos.

Desearía realizar un humilde llamado a las órdenes religiosas para que sean nuevamente misioneras. En la historia de la evangelización, todas las órdenes religiosas, guiadas por el Espíritu Santo, han realizado una obra extraordinaria y maravillosa. ¿Podemos decir lo mismo de las Congregaciones Religiosas de hoy? ¿Es posible que hayan comenzado a trabajar como multinacionales, realizando un trabajo muy bueno y necesario para responder a las necesidades materiales de la humanidad, pero que hayan olvidado que el objetivo principal de su fundación era traer el Kerygma, el Evangelio a un mundo perdido? Debemos apreciar muchos grupos juveniles y nuevos movimientos eclesiales que están afrontando este desafío. ¡Pero en mi opinión, este Sínodo debe dirigirse a los hombre y mujeres religiosos para que se ocupen de forma explícita y directa del trabajo de evangelización y transmisión de la fe en colaboración con los obispos locales! También desearía exhortar a la sagrada Congregación para los Institutos de Vida consagrada para que tome la iniciativa de promover el sensus ecclesiae entre los religiosos.

Por último, una digna celebración de la Eucaristía es el fundamento de la Nueva Evangelización. La Eucaristía es la “fuente y la cima de la vida Cristiana” y no puede ser celebrada de manera casual y superficial como lo hacen algunos sacerdotes en algunos lugares. Debemos recuperar la dignidad y la centralidad de la Sagrada Eucaristía de manera que podamos sentir de nuevo más intensamente su poder para transformar y aumentar la vida de fe de nuestro pueblo. Así podremos promover con éxito una fe sólida, que dure hasta que Cristo venga nuevamente
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- S. E. R. Mons. Geraldo LYRIO ROCHA, Arzobispo de Mariana (BRASIL)
La Nueva Evangelización
debe llevar a las personas a la experiencia profunda del encuentro con Jesucristo vivo. La Sagrada Liturgia es uno de los lugares privilegiados de este encuentro (cfr. Ecclesia in America, n. 12). El encuentro personal con el Señor se produce especialmente en la celebración de la Eucaristía (cfr. Instrumentum laboris, nn. 18-19). Por consiguiente, las celebraciones litúrgicas tienen el deber sagrado de hacer posible que se sienta, experimente y viva intensamente a Jesús, Palabra del Padre, que por su Espíritu está entre nosotros (cfr. Sacramentum Caritatis 14). La Iglesia cree de la misma manera que reza: Lex orandi lex credendi. La liturgia, por medio de los ritos y las oraciones, nos da y nos transmite el contenido de la fe (S C 48). La Liturgia es fuente y lugar de evangelización, pues en ella Dios habla a su pueblo y Cristo anuncia su Evangelio (cfr. SC 33). Puesto que la Liturgia es el lugar especial de la presencia del Evangelio vivo y, por tanto, el lugar privilegiado de la educación de la fe, o también “la santa mistagogía permanente de la Iglesia”, ello debe aparecer en la forma en la que es celebrada. La belleza cautivadora y contagiosa del misterio escondido en los ritos y los símbolos se deben poder expresar con toda su fuerza para que la Liturgia sea realmente evangelizadora. La nueva evangelización depende, pues, en gran medida de la capacidad para hacer de la liturgia la fuente de la vida espiritual.
 Probablemente nuestra tarea más exigente y el reto mayor sea conseguir que nuestras celebraciones litúrgicas sean cada vez más bellas y transparentes de la divina belleza, un momento importante de experiencia de Dios, de un Dios vivo y verdadero, fuente de una nueva y renovadora fuerza que dé al cristiano alegría y esperanza, para vivir de Cristo y en el amor del Señor.
La conciencia del carácter sacramental de la Liturgia es, por tanto, sumamente importante en la Nueva Evangelización. Ella nos educa en la fe precisamente “mediante signos sensibles”. De aquí la necesidad de tomar conciencia de la importancia del ars celebrandi como la mejor evangelización, como nos enseña el Papa Benedicto XVI en la Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis (nn. 38-65). La Liturgia debe contribuir, a su manera, a la tarea de la nueva evangelización: “La Liturgia anuncia la Buena Nueva celebrándola” (cfr. SC 33).

- S. E. R. Mons. Ignatius SUHARYO HARDJOATMODJO, Arzobispo de Jakarta, Ordinario Militar para Indonesia (INDONESIA)
Me gustaría contarles una sencilla experiencia que tuve durante mi visita a una parroquia donde me reuní con un catequista local. Le pregunté: “¿Cuántos catecúmenos tiene?”. Me sorprendí al oír que tenía más de noventa. Eran muchos. Le pregunté entonces: “¿A sus catecúmenos, les ha preguntado alguna vez porque desean ser bautizados en
la Iglesia Católica?”. Me respondió: “Muchos dicen que se conmueven por el modo cómo los católicos rezan durante los eventos público como bodas o funerales”. Las oraciones conmueven tanto sus corazones porque en esas ocasiones las invocaciones y bendiciones se dicen en su lengua madre, por lo que entienden su significado, mientras antes oían las oraciones en una lengua extranjera, porque los musulmanes rezan en árabe.

La actividad evangelizadora de la Iglesia es, como sabemos todos, un acto de comunicación que incluye dos componentes básicos, a saber: la comunicación del contenido o del mensaje - la revelación de Dios y la fe en Jesucristo - y el medio de comunicarlo - los medios y la lengua - en el contexto de una comunidad de fe. En lo que se refiere a la lengua, traducir un texto litúrgico de un idioma a otro, y esto vale para cualquier otro tipo de texto, nos lleva a enfrentarnos a veces a retos delicados o incluso a problemas. Por un lado tenemos la exigencia de una traducción literal. Por otro, todos entendemos que una traducción literal no siempre es posible, debido a la diversidad y complejidad de las lenguas. Por ejemplo, cuando un sacerdote se dirige a la gente: “Dominus vobiscum”, y la gente debe responder “Et cum spiritu tuo”, la palabra “spiritus” se traduce “roh” en nuestro idioma, lo que podría evocar la idea de un “espíritu maligo”, por lo que “et cum spiritus tuo” significaría para algunas comunidades “con tu espíritu maligno”.
Mi deseo, espero no ser el único, es que la traducción de los textos litúrgicos no deba ser siempre literal, pues hay que tomar seriamente en cuenta la diversidad del origen cultural. ¿Podría aplicarse el principio de subsidariedad a la tarea de traducción, incluso en otras áreas de la vida de la Iglesia local, siendo la subsidariedad el espíritu del Vaticano II?. De este modo mantenemos nuestra “fidelidad a un mensaje del que somos servidores, y a las personas a las que hemos de transmitirlo” (EN, 4). En especial con respecto a los jóvenes, que viven inmersos en una cultura dominada por los medios de comunicación, la Iglesia debe esforzarse por transmitir su mensaje en un idioma que conmueva sus a corazones.
De este modo, la Iglesia local será cada vez más comunicativa y expresiva y, en consecuencia, la fe de la gente recibirá más energía y tendrá una mayor importancia en sus vidas y en su compromiso católico con la Iglesia y en el mundo.

- S. Em. R. Card. Kazimierz NYCZ, Arzobispo de Varsovia, Ordinario para los fieles de rito oriental desprovistos de ordinario de su proprio rito (POLONIA)

La primera semana de debates sinodales ha demostrado cuán importante y urgente es el tema de
la Nueva Evangelización. En este ámbito, las intervenciones han planteado los problemas comunes de la Iglesia en las distintas partes del mundo. Sin duda alguna, problemas comunes en el mundo globalizado siguen siendo el secularismo, el relativismo, el subjetivismo, como también la privatización de la religión. Además de todo esto que es común, se puede hablar de una geografía de la Nueva Evangelización. Lo que efectivamente diferencia a las distintas regiones del mundo son los destinatarios de la Nueva Evangelización. En los países europeos tratamos con personas bautizadas que posteriormente, por distintos motivos, abandonan a Cristo y a la Iglesia. En Polonia, donde en la gran mayoría de los casos se recibe el bautismo cuando se es niño, el motivo del abandono de Cristo y de la Iglesia está en el hecho que la decisión de los padres de bautizar a su hijo no está motivada por una fe ardiente. Es decir, falta precisamente por parte de los padres y de las personas queridas esa mínima actitud de fe. Nace por tanto la pregunta, en estos casos, sobre la oportunidad de dicho bautismo. La Iglesia en Polonia se encuentra, entonces, teniendo que enfrentarse al problema de la iniciación a la fe, a la oración, a los sacramentos, a la comunidad. Somos conscientes que el primer lugar de iniciación debe seguir siendo la familia, a pesar de todas las dificultades y debilidades que vive en el mundo de hoy. Es normal que en este contexto ésta necesite la ayuda de la parroquia, de los movimientos y de las comunidades que obran en la parroquia misma. La parroquia debería ser el lugar privilegiado para la Nueva Evangelización. Desearía ahora detenerme un momento sobre la catequesis en la parroquia y en la escuela. En Polonia ésta es un importante instrumento de Nueva Evangelización. A diferencia de muchos países europeos, como ha recordado el Cardenal Erdő, en las escuelas de Polonia no sólo se enseña religión, sino que intentamos además introducir la catequesis. 
En la mayor parte de las regiones polacas, en la hora de religión participa el noventa por ciento de los alumnos. La desproporción entre los participantes en la hora de religión y los participantes a la vida sacramental de la Iglesia es, para la Nueva Evangelización en Polonia, un gran reto, y para la catequesis en la escuela una gran oportunidad y responsabilidad. Esto vale tanto para los jóvenes como para sus padres. La catequesis en la escuela sigue siendo, de todas formas, un instrumento, no del todo utilizado, de evangelización y de encuentro con aquellos que, a pesar de haber recibido el bautismo, han abandonado a Cristo y a la Iglesia. ¿Qué hay que hacer para no desperdiciar esta oportunidad? Parece que es necesario un nuevo planteamiento en la formación de los catequistas y de los animadores de los grupos parroquiales. No es suficiente prepararlos a la pastoral y la catequesis. Es necesaria una formación a la evangelización. En Polonia, en el marco de la Nueva Evangelización y de la preparación al Año de la Fe, en las diócesis y en las academias eclesiales y católicas han aparecido numerosas escuelas de Nueva Evangelización. Esto parece ser una esperanza para la Nueva Evangelización.

- S. E. R. Mons. Adriano LANGA, O.F.M., Obispo de Inhambane (MOZAMBIQUE)

Deseo decir que
la Evangelización en África ha realizado y está realizando un obra grandiosa digna de elogio. En esta Iglesia, sin embargo, no han faltado problema de todo tipo que han obstaculizado el avance del anuncio del Evangelio.

En los países de antigua tradición cristiana se habla de la exigencia de nuevos “métodos” y de nuevas “expresiones” para el anuncio del Evangelio, pues los que ya existen no tienen significado para el hombre de hoy. En África el problema central ha sido el diálogo entre la culturas locales. Ahora, cuando se habla de nueva evangelización, es necesario que la Iglesia se pregunte sobre lo que obstaculiza la evangelización de África, del hombre africano. Es necesario que la Iglesia se pregunte sobre qué cosa es esta África y quién es el nuevo africano. En realidad se puede decir que, en África, un “desconocido” ha enseñado el evangelio a otro “desconocido”.
 La cuestión antropológica-cultural es crucial y ha constituido el aspecto decisivo de la evangelización en África. Durante siglos se ha pedido que el Magisterio interviniera de maneras distintas para atraer la atención de los evangelizadores. Aún hoy es necesario insistir porque para muchos misioneros, las orientaciones del Magisterio y la voz de las ciencias humanas y sociales siguen siendo letra muerta.

Una de las consecuencias es que la evangelización del “desconocido” por parte del “desconocido” ha dado como resultado un cristiano dividido y atormentado interiormente, vulnerable frente a las sectas a causa de la duplicidad a la cual está sujeto en la vida práctica, porque está obligado a abandonar unas convicciones, creencias y prácticas ancestrales sin una catequesis adecuada.

Es necesario que en la persona del evangelizador, el Evangelio sepa quién es el africano; es necesario que sepa lo que alegra o aflige a este hombre desde un punto de vista cultural, social y político. Es necesario que el evangelizador hable al africano en modo tal que éste, como la samaritana, pueda decir: “Me ha dicho todo lo que he hecho” (Jn 4, 39); es necesario que los africanos digan a los evangelizadores lo que los samaritanos había dicho a la misma samaritana: “Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo” (Jn 4, 42). Este encuentro con Jesús y la samaritana ha tenido lugar seguramente porque Jesús había penetrado en profundidad en la vida de ella; para hacerlo, Jesús habló la lengua y el lenguaje de ella, no habló como hablaba a los judíos, los escribas o los fariseos.

Por ello es indispensable y urgente que la inculturación deje de ser letra muerta. Un misionero, o cualquier otro evangelizador, por mucha voluntad que tenga, no inventará “nuevos métodos”, “lenguajes” o “nuevas expresiones” en África, y tampoco para los africanos, sin sumergirse en su cultura. Si la nueva evangelización es una cuestión de “métodos” y de “expresiones”, para ser “nueva” deberá pasar a través de la Inculturación.


S. Em. R. Card. Angelo BAGNASCO, Arzobispo de Génova, Presidente de la Conferencia Episcopal (ITALIA)

La invitación de Cristo - “No temáis” - ha resonado fuerte en el aula del Sínodo, ágora de los pueblos.

Por esto, el episodio evangélico de Pedro que camina sobre las aguas expresa muy bien el primer mensaje para nosotros, Pastores, y para nuestros sacerdotes y comunidades cristianas: debemos tener firmemente fija la mirada en el rostro del Señor, si no nos hundimos en los temores. He aquí el primado de la gracia y la necesidad del sacramento de la reconciliación en la vida espiritual. La luz se enciende con la luz - escribía Romano Guardini - ¡la alegría con una fe gozosa! Es preciso, pues, ser hombres de fe para ser maestros de fe. La mirada con la que debemos mirar al mundo debe reflejar la simpatía de Dios, que en Cristo se ha revelado como salvación, y esta mirada nos conduce a reconocer, en primer lugar, los signos de su obra. Existe, de hecho, en el pueblo cristiano un difuso tesoro de heroísmo, humilde y cotidiano, que no llama la atención, pero que construye la historia. En este sentido, la presencia de 25.000 Parroquias en Italia constituye una red de proximidad y un patrimonio que no se han de desperdiciar.
Otra tarea consiste en hacer con ánimo nuevo las cosas de siempre, es decir, conscientes de que las personas que encontramos en nuestras comunidades con frecuencia deben redescubrir o descubrir la fe. Esta conciencia exige ardor, generosidad y confianza, sin olvidar que la presencia de tantos emigrados cristianos es una gracia que con frecuencia edifica a los cristianos de nuestro país. El nuevo impulso de la pastoral territorial se debe conjugar con la pastoral de los ambientes, realidad muy amplia del vivir humano, a la que, quizás, debemos prestar mayor atención (escuela, universidad, hospitales, deporte, medios de comunicación, mundo de la fábrica...). Finalmente, la pastoral ordinaria y ocasional, territorial y de los ambientes, debe convertirse con paciencia en una pastoral integrada con los múltiples Grupos laicos, asociaciones, movimientos, grupos eclesiales, como recuerda el Instrumentum Laboris.
La evangelización tiene un carácter profético; ésta se realiza - como toda “la economía de la Revelación” - con hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí (cfr. DV 2). El profeta es aquel que lee las circunstancias y los acontecimientos con la mirada de Dios: capta en ello la verdad sobre Él y, por tanto, ve su orientación interna, podríamos decir, el resultado. Pero el profeta es también aquel que anticipa de forma simbólica el camino de la historia. Bajo este horizonte, la vida de la comunidad cristiana, el servicio ramificado y el testimonio de la caridad, la divina liturgia, el anuncio del Evangelio,... tienen un carácter profético, porque hacen encontrar realmente la humanidad nueva que Jesús inició con su sacrificio, o porque anuncian explícitamente las palabras de la revelación que salva, o porque desenmascaran el espíritu de mentira que inspira ideas y comportamientos que conducen no a la felicidad, si no a desiertos tristes e inhumanos. Por esta razón, el juicio que a veces se lee, según el cual en la Iglesia faltaría la profecía, es injustificado. Cristo ha de ser anunciado completamente, en su Persona y en sus implicaciones antropológicas, éticas y sociales. Sin esto, la fe permanecería emotiva e irrelevante para la vida concreta.
Si es evidente que algunas tendencias culturales son contrarias al Evangelio, es también verdad que del lado del Evangelio está el hombre. La cultura contemporánea, por ejemplo, demoniza la categoría del “límite”, porque se entiende como negación de la libertad individual y del impulso vital. Este prejuicio falsea la ética, las relaciones, la familia, la experiencia de la enfermedad. Pero la experiencia del límite - ontológico, moral, afectivo, psíquico - es un gran aliado del Evangelio, ya que afirma que el hombre tiene necesidad de los demás y, en primer lugar, del Otro que es Dios. Este tener necesidad no es una debilidad sino un valor, porque impulsa a abrirse en la reciprocidad del Amor, que no sólo corresponde, sino que también salva.

- S. Em. R. Card. Agostino VALLINI, Vicario General de Su Santidad para la Diócesis de Roma (ITALIA)

Con referencia al Instrumentum laboris, nº 80-84, querría presentar algunas reflexiones rápidas sobre ese tema —ya mencionado en algunas intervenciones— que constituye el lugar eclesial más capilar, más cercano, más accesible al pueblo, que es la parroquia, que —como sabemos— es “como la célula” de la Iglesia particular (AA, 10) y, “en cierto modo, representa la Iglesia visible establecida en toda la tierra” (SC, 42).
Me refiero, en particular, a las parroquias de las Iglesias de antigua tradición, en contextos sociales de creciente urbanización y secularización, especialmente las de las grandes metrópolis multiétnicas y multireligiosas, ciudades a menudo anónimas y dispersivas, donde al lado de las minorías de fieles participativos y comprometidos, encontramos a mayorías de bautizados de fe débil y anémica, indiferentes o alejados de la Iglesia, actualmente junto a numerosos hombres y mujeres pertenecientes a otras religiones o a ninguna religión, que se acercan a la comunidad parroquial por diferentes razones, y a muchas personas anónimas que buscan a Dios.
La parroquia, a pesar de que después del Concilio haya dado muchos pasos hacia adelante, salvo encomiables excepciones, todavía está trabajando predominantemente en la cura gregis, ofrece servicios religiosos a quien se los pide, pero le cuesta abrirse a una pastoral de evangelización. Una conversión pastoral de este tipo es más necesaria que nunca, pero no es fácil de realizar y debería tener en cuenta varios aspectos. Trato de citar algunos:
l. La Iglesia comenzó con el testimonio gozoso y creíble del anuncio del Señor resucitado. San Lucas escribe en los Hechos de los Apóstoles que en la predicación del apóstol Pedro después de Pentecostés quienes le escuchaban tenían “el corazón compungido” (Hch 2, 37). La parroquia ante todo debería acrecer el gozo de la fe en los fieles -en primer lugar en los operadores pastorales-, acompañándoles a descubrir en ellos mismo la iniciativa de Dios, que nos precede, sale a nuestro encuentro y, insertándonos en su obra, nos llama a cooperar con él, confesando la fe con el corazón y con la vida.. Así los fieles, que se han convertido en testigos creíbles y atrayentes mostrando la fe como algo deseable y la verdad del cristianismo como algo razonable. Al respecto consideraría necesario elaborar un paradigma de “primer anuncio” que presente de modo adecuado el kerigma cristiano a través del instrumento propio de la evangelización.
2. Para superar el analfabetismo religioso hay tan generalizado, la parroquia debería ofrecer itinerarios de catequesis, utilizando el Catecismo de la Iglesia Católica y también el Compendio, itinerarios dirigidos a los adultos, especialmente a las familias jóvenes.
3. La Eucaristía dominical, que hay que cuidar mucho en cada uno de sus aspectos, debería convertirse en la experiencia más sentida y deseada de la fe creída, profesada y anunciada, verdadera alabanza a Dios y escuela de santidad, de donde irradie un testimonio gozoso de caridad.
4. Deseo que el Sínodo haga sentir un fuerte apoyo a los sacerdotes, especialmente a los párrocos, para que trabajen con convicción y pasión en la promoción de un nuevo impulso misionero de su ministerio, revisando con valentía el modelo organizativo de la pastoral parroquial. Al término del Sínodo de Roma el Beato Juan Pablo II, dirigiéndose a los sacerdotes, dijo: “¡Parroquia, encuéntrate a ti misma, fuera de ti misma!”

RELATIO POST DISCEPTATIONEM

Intervino el Relator General, S. Em. R. Card. Donald William WUERL, Arzobispo de Washington (EEUU), para la lectura de la Relatio post disceptationem (Relación después de la Discusión).
En su segunda relación, como conclusión de la discusión general sobre el tema sinodal en el Aula, el Relator General sintetizó las varias intervenciones que se sucedieron en estas jornadas en las Congregaciones Generales y ha ofrecido algunas líneas de orientación para facilitar la labor de los Círculos menores.


Publicamos a continuación el texto integral.

Santo Padre,Padres Sinodales,
Hermanos y Hermanas en el Señor,

"Seréis mis testigos" (Hch 1, 68).

El Sínodo sobre la Nueva Evangelización para la Transmisión de la Fe Cristiana empezó con la celebración de la Liturgia Eucarística en la Plaza de San Pedro. Nuestro Santo Padre nos ofreció su guía recordándonos que una de las ideas que aportó el Concilio Vaticano II, de gran importancia para la Nueva Evangelización, es el concepto de la llamada universal a la santidad y la manera en que todo cristiano es, por definición, protagonista en la tarea de evangelización. "Una de las ideas clave del renovado impulso que el Concilio Vaticano II ha dado a la evangelización es la de la llamada universal a la santidad, que como tal concierne a todos los cristianos (cf. Lumen gentium, 39-42)".
Los santos son evangelizadores que llevan la Palabra de Dios al mundo a través del testimonio de sus vidas. Dos ejemplos de este eficaz trabajo de inculturación del Evangelio son San Juan de Ávila y Santa Hildegarda de Bingen, ambos declarados Doctores de la Iglesia por el Papa Benedicto XVI al principio de este Sínodo.
Al inicio de nuestras deliberaciones en esta Aula, el Santo Padre nos ofreció otras palabras que fueron de inspiración para nosotros. En su meditación durante la oración de apertura, el Papa Benedicto nos recordó que la confessio es el primero de los dos grandes pilares de la evangelización. Debemos saber y proclamar la verdad de Jesucristo. Pero el segundo de estos pilares es caritas, el amor. Sólo cuando vivimos la palabra inseparablemente del amor alcanzamos la evangelización tan deseada por este Sínodo. "La fe tiene un contenido: Dios se comunica, pero este Yo de Dios se muestra realmente en la figura de Jesús y está interpretado en la "confesión" que nos habla de su concepción virginal del Nacimiento, de la Pasión, de la Cruz, de la Resurrección" (Meditación, 8 de octubre de 2012).
También el 11 de octubre, en la celebración que proclamaba el inicio del Año de la Fe y recordaba el quincuagenario aniversario del comienzo del Concilio, el Santo Padre indicó otra importante dirección para nuestra labor: "Durante el Concilio había una emocionante tensión con relación a la tarea común de hacer resplandecer la verdad y la belleza de la fe en nuestro tiempo, sin sacrificarla a las exigencias del presente ni encadenarla al pasado: en la fe resuena el presente eterno de Dios que trasciende el tiempo y que, sin embargo, solamente puede ser acogido por nosotros en el hoy irrepetible" (Homilía, 11 de octubre de 2012).
Durante las últimas semanas hemos escuchado con atención las reflexiones sobre el significado de la Nueva Evangelización y cómo la Iglesia debe afrontar las preocupaciones que han llevado al Santo Padre a realizar esta llamada para una Nueva Evangelización. Las ponderadas intervenciones de los Padres Sinodales, como también de los Oyentes, los Delegados Fraternos y los Invitados Especiales, han enriquecido nuestras sesiones. El Ordo Synodi Episcoporum establece que es tarea del Relator General redactar una Relatio post disceptationem que resuma de la mejor manera posible los debates, para que la siguiente etapa del proceso pueda seguir adelante.
Las siguientes reflexiones quieren ser de ayuda al debate en los grupos lingüísticos (circoli minori) mientras preparan las propuestas que se presentarán al Santo Padre como conclusión de nuestro trabajo. Con estas observaciones incluyo también un número de puntos para su desarrollo.
En esta relatio resumiré algunas de las observaciones presentadas en los siguientes puntos:
1. La naturaleza de la Nueva Evangelización; 2. El contexto actual del ministerio de la Iglesia;
3. Las respuestas pastorales a las circunstancias actuales y
4. Agentes y participantes a la Nueva Evangelización.

1. La naturaleza de la Nueva Evangelización

De los debates sinodales ha emergido de manera muy clara que el fundamento de la Nueva Evangelización para la Transmisión de la Fe es, sobre todo, la acción de la Santísima Trinidad en la historia. Dios Padre envía a Su Hijo, el cual trae consigo la auténtica Buena Nueva de quién somos en la potencia del Espíritu Santo. La Iglesia participa en este movimiento de Divina Autorevelación que empieza con la Beata Virgen María cuando ésta, por la acción del Espíritu Santo, recibe en su vientre la Palabra de Dios que se encarna en ella para poder así donarse al mundo entero. Es la Palabra encarnada la que ofrece sus palabras de vida eterna a aquellos que tienen fe en él. Tras su muerte y Resurrección, Jesús envió a la Iglesia, su Esposa y nuevo Cuerpo, al mundo para que continuara su misión evangelizadora.
"Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes... enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado" (Mt 28, 19-20).
Jesús nos ha liberado del poder del pecado y nos ha salvado de la muerte. La Iglesia recibe de su Señor no solo la extraordinaria gracia que él ganó para ella, sino también el mandamiento de compartir y dar a conocer su victoria. Estamos llamados a transmitir fielmente el Evangelio de Jesucristo al mundo. La misión principal de la Iglesia es la evangelización.
En su reflexión de apertura, nuestro Santo Padre nos recordó que la Iglesia ha tomado la palabra "evangelium" y la ha interpretado de una manera nueva y vivificante para que al proclamarla participemos en el ministerio profético de los apóstoles, de la Iglesia.
En la misma reflexión, nuestro Santo Padre subrayó la primacía de Dios en la evangelización. Dios es quien habla y actúa en la historia. Nosotros, gracias al fuego del Espíritu Santo, estamos llamados a trabajar humildemente con Dios a través de nuestra profesión de fe y amor, por medio de la cual la Palabra de Dios nos atraviesa para llegar a los otros.
La Iglesia no se cansa nunca de anunciar el don que ha recibido del Señor. El Concilio Vaticano II nos recuerda que la evangelización es el verdadero corazón de la Iglesia. En Lumen Gentium, texto fundamental y núcleo de la reflexiones conciliares sobre la vida de la Iglesia, los Padres Conciliares pusieron el énfasis en que "este solemne mandato de Cristo de anunciar la verdad salvadora, la Iglesia lo recibió de los Apóstoles con orden de realizarlo hasta los confines de la tierra" (17).
El deber de anunciar la verdad salvífica no es solo responsabilidad del clero y los religiosos. Al contrario, este sínodo ha resaltado el importante papel de cada discípulo de Cristo en la misión de transmitir la fe. El debate ha acentuado esta participación crucial y vital de todo católico a la misión evangelizadora, sobre todo mediante la participación solícita y los dones de los fieles laicos.
Pregunta 1. A través del bautismo, todos los cristianos reciben una llamada personal que les otorga la dignidad de ser evangelizadores. ¿Cómo puede la Iglesia fomentar en los bautizados una mayor conciencia acerca de su responsabilidad misionera y evangelizadora?
"Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por los siglos" (Heb 13, 8) y como tal, él hace "nuevas todas las cosas" (Ap 21, 5). Esta Buena Nueva incluye muchos momentos de evangelización. Uno de ellos es la misión ad gentes, es decir, el anuncio del Evangelio a aquellos que nunca han oído hablar de Jesucristo. Otro momento de la evangelización es la catequesis continua y el crecimiento de la fe, que normalmente forman parte del desarrollo cristiano. Y también está la Nueva Evangelización, que implica salir al encuentro de aquellos que, habiendo oído hablar de Cristo habían empezado a practicar la fe, pero por alguna u otra razón la abandonaron.
Pregunta 2. Una actividad urgente, que normalmente forma parte de la vida parroquial, incluye el primer anuncio de la fe y su desarrollo gradual. ¿Cómo puede la comunidad cristiana ser cada vez más consciente de la importancia de esta actividad catequística y educativa?

2. El contexto actual del ministerio de la Iglesia

Cuando empezaron nuestros debates, nos ayudaron mucho las reflexiones de los obispos que representaban a los cinco continentes quienes nos hablaron tanto de los desafíos como de la comunión de la Iglesia. Todas las intervenciones expresaron aspectos de la situación actual, haciendo referencia a los documentos sinodales de cada continente y a las exhortaciones apostólicas ofrecidas por ambos, el Beato Juan Pablo II y nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto XVI.
Aun siendo diferentes en los detalles, todos los continentes han manifestado la necesidad de una Nueva Evangelización en la medida en que sus propias culturas están siendo afectadas por el proceso de secularización, aunque de manera distinta según las áreas geográficas.
Entre los signos de la Nueva Evangelización en África, América, Asia, Oceanía y Europa se incluyen las pequeñas comunidades cristianas en una gran variedad de formas, pues se han convertido en centros vivos de evangelización. La revitalización de las parroquias sigue siendo el centro de la renovación de la Iglesia. La acción del laicado es un desarrollo esencial y fecundo. Algunos han destacado también la fuerte tendencia a la globalización y sus efectos, especialmente sobre los jóvenes. Al mismo tiempo, todos han insistido en que el corazón de la Nueva Evangelización es Jesús.
Una situación particularmente delicada surgió en las intervenciones sobre Oriente Medio. Se recordó la importancia de la presencia de los cristianos en esa zona y que los católicos han agradecido mucho la reciente exhortación Ecclesia in Medio Oriente y, sobre todo, la visita de nuestro Santo Padre a Líbano, que fue un testimonio muy apreciado por la Iglesia en esa parte del mundo dominada por la influencia musulmana. Se hizo también un esfuerzo evidente para promover el diálogo interreligioso como instrumento de paz. Se reconocieron también las dificultades a las que se tienen que enfrentar las comunidades cristianas.
La presencia del Patriarca Ecuménico, Bartolomé I; del Arzobispo de Canterbury, Dr. Rowan Williams y de los Delegados Fraternos, demostró el fuerte compromiso ecuménico de la Iglesia Católica. Esto fue también destacado por numerosos Padres Sinodales.
Pregunta 3. Muchas intervenciones dejaron claro que hay un consenso sobre el hecho de que éste es un momento de revaluación del ministerio de la Iglesia para que reconozca la nueva situación en la que ejerce su ministerio perenne de llevar el Evangelio de Cristo al mundo. ¿Cuáles han sido algunas de las experiencias fecundas de esta actividad?
Muchos Padres hablaron del secularismo y de la indiferencia hacia la religión como parte de la cultura en muchos lugares del mundo. Por esta razón, la Iglesia debe enfrentarse al reto de un mundo que busca en otros lugares su fuente de inspiración.
Muchas intervenciones señalaron la gran ignorancia que existe acerca de la fe - incluso de sus elementos más básicos -, prevalente incluso en países con una larga historia cristiana.
Pregunta 4. Frente a la disminución del conocimiento sobre el contenido de la fe y la falta de apreciación del mensaje evangélico, ¿qué nuevas iniciativas se han tomado para promover una formación clara, atractiva y completa, especialmente para los jóvenes?
La globalización presenta algunos desafíos únicos. La emigración e inmigración de un gran número de personas ha causado su separación del contexto cultural, social y religioso de su fe. Muchos valores religiosos y humanos han sido eclipsados por el secularismo.
Una gran parte de la cultura hodierna presenta una visión que debilita el tejido social de la sociedad. Algunos Padres han ofrecido ejemplos de violencia local, y otros han hablado de una disminución de la libertad religiosa. Todo esto constituye un desafío al que la Iglesia debe enfrentarse en muchas partes del mundo.
Muchos Padres han hablado de la importancia de los medios de comunicación, especialmente de los nuevos medios electrónicos, mientras la Iglesia intenta llevar adelante su ministerio de anunciar la Buena Nueva. Algunos indicaron que no es suficiente presentar el cristianismo y los valores cristianos por internet o en películas religiosas. Es necesario entrar en el lenguaje de los nuevos medios de comunicación. La Iglesia necesita aprender el arte de la comunicación partiendo de la práctica real de la comunicación social moderna.
Pregunta 5. El Sínodo ha destacado la seriedad de los desafíos a los que se enfrenta la Iglesia hoy y que entorpecen la transmisión de la fe, entre ellos la ausencia de lo transcendente en una cultura secularizada. ¿Cuáles son algunos de los retos de la secularización y cuáles son algunos de los potenciales remedios existentes?

3. Las respuestas pastorales a las circunstancias actuales

Es necesario reforzar la idea de comunión eclesial, un vínculo con Dios y, por tanto, entre nosotros como Iglesia. Se ha corroborado la necesidad de recurrir los sacramentos, en especial a los Sacramentos de Iniciación, al Sacramento de la Penitencia y, sobre todo, de poner en el centro la Eucaristía.
La necesidad primordial de nuestro tiempo es la renovación espiritual, que la Iglesia debe proclamar y efectuar. La renovación espiritual es el elemento más importante de la Nueva Evangelización en la medida en que implica la renovación del encuentro personal con Jesucristo y una catequesis que fomente nuestro crecimiento espiritual.
Pregunta 6. La proclamación del Evangelio es, ante todo, una cuestión espiritual radicada en una relación personal con Jesucristo a través de la Iglesia. ¿Cómo puede la Iglesia crear espacios y momentos de encuentro con Cristo y mejorar la renovación espiritual, la conversión y la formación a la fe de los bautizados?
Nuestra participación personal no se basa solo en nuestra determinación personal.
La Primera Epístola de San Pedro nos lo recuerda: "Pues habéis sido reengendrados de un germen no corruptible, sino incorruptible, por medio de la palabra de Dios viva y permanente" (1 P 1, 23).
El Espíritu Santo vivifica nuestro compromiso mientras intentamos descubrir de nuevo las verdades expresadas en el credo. El Espíritu nos fortalece mientras nos encomendamos a la vida de gracia y virtud prometida en los sacramentos. El Espíritu fortalece nuestra confianza mientras abrimos la profundidad de nuestro corazón para que sus dones reafirmen nuestra fe. La Nueva Evangelización debe inundar la sociedad en la que vivimos. La cultura es el ámbito de la Nueva Evangelización. La cultura hace referencia al etos diario, a las distintas redes de comprensión y significado que dan lugar a muchas conexiones diarias entre la persona, la comunidad y la sociedad. La cultura es el vínculo vital que relaciona a la persona con la comunidad y a la comunidad con la sociedad.
En este sentido, se destacó la oportunidad de promocionar el "Atrio de los Gentiles" como una gran contribución a la evangelización de la cultura.
Otros han vuelto a recordar al Sínodo que el cuidado de los enfermos y de los que sufren es parte de la verdadera esencia de la evangelización. Los enfermos, las personas con minusvalías o necesitadas de cuidados especiales pueden ser también agentes de evangelización.
Se volvió a insistir sobre la necesidad de destacar el papel de la Iglesia como verdadera presencia de Cristo en el mundo hodierno. La Iglesia no es ajena al plan salvífico de Cristo. Un número de obispos habló de la necesidad de reforzar el papel del Magisterio de la Iglesia en relación con los que están comprometidos con la enseñanza de la fe, ya sea a nivel de especulación teológica o enseñando a nivel de estudios primarios, secundarios o superiores, y en todas las expresiones de la catequesis.
Pregunta 7. La vida cristiana se caracteriza por la transformación de toda la persona en respuesta a la llamada a la santidad. ¿Cómo puede ayudar la Iglesia a todos los bautizados para que vivan la fe cristiana y sean testigos del poder transformador de Dios en nuestra historia?
Entre las respuestas pastorales que recibieron más atención podemos mencionar el trabajo por la justicia social y la caridad como identificación de la vida y el ministerio de la Iglesia. La capacidad de la Iglesia para llevar adelante sus numerosas obras de amor, ya sea en el área de la justicia social, el servicio, la sanidad o la educación, fue vista como parte de su identidad y un signo para los otros, para que reconozcan la presencia activa de Dios en nuestro mundo.
Pregunta 8. Ser testimonio de la caridad de Cristo, a través de las obras de justicia, paz y desarrollo, es parte de la Nueva Evangelización. ¿Cómo puede la rica doctrina social de la Iglesia anunciar y testimoniar mejor la fe?
Muchos Padres Sinodales han hecho un llamamiento para un nuevo Pentecostés. Ven la acción de la Iglesia hoy, vivificada por el Espíritu Santo, como un reflejo de la energía de la Iglesia primitiva, cuando los apóstoles empezaron a traer los primeros discípulos al Señor. Muchos de los Padres hablaron de la similitud entre esos primeros días de la Iglesia y nuestro momento actual. En este contexto, se sugirió que debería haber una consagración formal del mundo al Espíritu Santo.
Las parroquias en el conjunto de toda la Iglesia son el lugar reconocido donde se desarrolla la mayor parte de la vida de la Iglesia. Se ha destacado varias veces la importancia de las parroquias en el desarrollo de la Nueva Evangelización, pues ellas son el "locus" donde tiene lugar una buena parte de la experiencia de la gente con la Iglesia.
Al mismo tiempo, se afirmó la importancia de las pequeñas comunidades de fe como lugares fundamentales para el trabajo de la Iglesia hoy, para hacer efectivo un nuevo Pentecostés.
Varios Padres Sinodales insistieron en que estas pequeñas comunidades no deberían estar separadas de la más amplia familia parroquial. Cada pastor tiene que ser capaz de trabajar con toda la gente confiada a su cuidado, sin limitarse sólo a una parte de ella.
Pregunta 9. Las parroquias y las pequeñas comunidades cristianas ocupan un puesto clave en la Nueva Evangelización. ¿Cómo pueden la parroquia y estas pequeñas comunidades de fe fomentar aún más y coordinar las iniciativas pastorales para la Nueva Evangelización? En la vida diaria, ¿cómo pueden convertirse en momentos de Nueva Evangelización las prácticas pastorales habituales de estas pequeñas comunidades cristianas?
Hemos oído hablar de educación a la fe como punto de partida para la renovación o el refuerzo de la Nueva Evangelización, la reintroducción del mundo a Jesucristo. Algunos padres destacaron el elemento educativo, especialmente para los jóvenes, como constitutivo de la Nueva Evangelización, y nuestra manera de proyectarnos hacia el futuro para devolver a la gente a la experiencia de Cristo. Los Padres Sinodales subrayaron la necesidad de encontrar modelos prácticos y concretos para ofrecer a la gente joven una adecuada educación a la fe. Es particularmente evidente que estos momentos deben incluir la instrucción de los niños y adolescentes. Pregunta 10. Desde la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, se han hecho muchos progresos en la renovación catequística. ¿Cómo puede la Iglesia diseñar un programa de catequesis que sea a la vez básico, completo e inspirador en la búsqueda de la verdad, la bondad y la belleza?
Los jóvenes son el futuro de la Iglesia. ¿Cómo puede la Iglesia educarlos y catequizarlos mejor a la grandeza de una relación con Jesucristo a través de la Iglesia, desafiándolos a consagrar su vida plenamente a Él?
En esta perspectiva, algunos insistieron acerca de la necesidad de poner un mayor énfasis en el ministerio de la catequesis. Los catequistas pueden ser de gran ayuda para la Nueva Evangelización, especialmente en el contexto de las familias, pues son ellos quienes transmiten su fe a los niños.
Pregunta 11. Los catequistas tienen un papel crucial en la transmisión de la fe. ¿Ha llegado la hora de dar a los catequistas un ministerio institucional y estable dentro de la Iglesia? ¿Cómo puede la Iglesia mejorar su ayuda a los catequistas en su importante ministerio?
Los Padres Sinodales hablaron sobre la necesidad de reclamar la tradición kerigmática católica para transmitir la Palabra de Dios con audacia, a tiempo y fuera de tiempo, para reclamar la voz profética de la Iglesia, para discernir el signo de los tiempos que llama a la Nueva Evangelización y para participar en la proclamación y la experiencia de una respuesta católica a estos signos de los tiempos.
En la misma perspectiva, algunos Padres Sinodales destacaron la importancia de la piedad popular como expresión de fe del pueblo de Dios.
Hubo un considerable consenso sobre el valor de las peregrinaciones, especialmente a santuarios Marianos. Este fenómeno ofrece una gran posibilidad de evangelización.
Por ultimo, se ha reconocido que la Nueva Evangelización no es un programa del momento, sino un modo de mirar al futuro de la Iglesia, para comprometernos todos en la invitación, dirigida primero a nosotros mismos, de renovación de la fe, y después a todos aquellos que nos rodean, en la aceptación gozosa de la vida en Cristo Resucitado.

4. Agentes y participantes en la Nueva Evangelización

Se prestó atención al papel de la familia, pues ésta representa el instrumento a través del cual la fe se transmite, incluso en las situaciones más difíciles. Se debe promover la vida familiar, sobre todo hoy, cuando sufre tanto bajo la presión de la nueva visión secularizada de la realidad.
Pregunta 12. Como Iglesia doméstica, la familia es indispensable no solo para la transmisión de la fe, sino también para la formación de la persona humana. ¿Cómo puede la Iglesia mejorar su apoyo y guía a la familia en su crucial ministerio de proclamación del Evangelio, para que tenga además un papel más activo en la transmisión de la fe y los valores humanos?
El Sínodo habló también sobre el papel fundamental de las mujeres en la vida de la Iglesia y, en especial, el lugar de la madre en la familia para la transmisión de la fe.
Un impulso pastoral sistemático y coherente requiere una formación continua y permanente de los sacerdotes, en la comprensión de la proclamación gozosa del Evangelio en una época en que hay poca formación sobre el misterio de Cristo.
Quienes se están preparando para el sacerdocio tienen que ser formados para entender la singularidad de su ministerio y su relación con la evangelización. También deben ser formados en el reconocimiento que consagrarán sus vidas al servicio de la Iglesia como sacerdotes célibes.
Pregunta 13. El sacerdote ocupa un lugar único en la evangelización y la transmisión de la fe. ¿Cómo puede la Iglesia promover un mandato imperativo misionero en el ministerio del sacerdocio?
Muchos han destacado el papel del laicado en la labor de la Nueva Evangelización. A todos los niveles, ya sean en las áreas profesionales de la educación, la política, las empresas o en todas las áreas de compromiso de los laicos, es tarea de todo católico invitar a la gente a volver a la práctica de la fe. Esto se hace de palabra, pero también y principalmente con hechos, acciones y con nuestro modo de vida.
Pregunta 14. El laicado es indispensable para la Nueva Evangelización. ¿Cómo puede la Iglesia integrar de manera más completa al laicado en la organización de la Iglesia local, para que los laicos, hombres y mujeres, participen con el sacerdote en la evangelización de la comunidad?
Algunas intervenciones destacaron también el fenómeno migratorio, tan extendido actualmente. A menudo, cuando los católicos llegan a nuevos ambientes dejan de practicar su fe. Darles la bienvenida y acogerles en la comunidad puede ser una forma de Nueva Evangelización.
La importancia de María, Madre de la Iglesia y de la Nueva Evangelización como modelo y patrona de nuestros esfuerzos surgió en varias intervenciones. Su fe nos empuja a responder del mismo modo. Fue por razón de su fe que la Palabra de Dios entró en nuestro mundo. Imitando a María, por medio de nuestra fe y testimonio en la vida del Espíritu, podemos provocar un cambio en el mundo en que vivimos.
Nuestro trabajo ahora consistirá en determinar las propuestas que guiarán los esfuerzos de este Sínodo y que serán presentadas al Santo Padre como marco de referencia para su reflexión. Por esta razón, parece lo más adecuado enumerar una serie de puntos:
1. La intervención gratuita en nuestra vida del amor de Dios se expresa de distintas maneras, pero en última instancia y de forma plena en su Palabra encarnada, Jesucristo;
2. El don del Espíritu Santo ilumina nuestras mentes y fortalece nuestros corazones para aceptar la Palabra de Dios y vivir según ella;
3. Cristo es el sujeto de nuestra fe y el encuentro personal con él nos invita a ser sus discípulos;
4. Encontramos a Cristo en y a través de su Iglesia, su nuevo Cuerpo;
5. Cristo y su Evangelio están en el corazón de la proclamación de la Iglesia;
6. Todos los fieles, laicos, religiosos y clero están llamados a abrirse a un nuevo Pentecostés en sus vidas;
7. Transmitir el contenido de la fe, el credo, es tarea de todos, pero especialmente de las familias, las parroquias y las pequeñas comunidades;
8. La parroquia es el lugar donde la mayoría experimenta la vida de la Iglesia;
9. Algunos temas de la Nueva Evangelización incluyen la familia, el matrimonio, la formación de la fe, la libertad religiosa, la atención a los pobres y el papel del laicado y
10. Deben mencionarse algunas expresiones prácticas de la labor evangelizadora de la Iglesia que parecen haber tenido éxito.

Conclusión

El crecimiento de la semilla necesita tiempo. La acción intencional y deliberada de un impulso diligente y sólido hacia los católicos inactivos a nivel personal plantará nuevas semillas, mientras renovamos nuestros esfuerzos para proclamar la Palabra de Dios y la transmitimos de nuevo a cuantos se han alejado de la Iglesia.
El Sembrador nos confió las semillas. Ya conocemos nuestras dificultades, las tensiones, nuestra angustia, nuestros pecados y debilidades humanas. Sin embargo, él nos llama y coloca las semillas en nuestras manos y las confía a nuestro gobierno. La semilla es el principio de la fecundidad. Plantar la semilla nos llama a vivir la Palabra de Dios y a compartirla con alegría.
Que María, Estrella de la Nueva Evangelización y ejemplo para cada discípulo, misionero y evangelizador, interceda por nosotros para que el trabajo de este Sínodo dé frutos abundantes para la gloria de Dios y la salvación de todos los hombres y mujeres.
Gracias.


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